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Iñaki Urlezaga: "Estuvimos parados por la burocracia"

En el traspaso de un ministerio a otro, la compañía oficial de danza pasó 8 meses sin trabajar ni cobrar

Viernes 08 de septiembre de 2017
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LA NACION
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El bailarín y director retoma su actividad
El bailarín y director retoma su actividad. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

El traspaso del Ministerio de Desarrollo Social al de Cultura hizo que la compañía federal de danza, aquella que ya tuvo varios nombres y un único director, el reconocido bailarían y coreógrafo Iñaki Urlezaga, no tuviera actividad alguna durante todo el año. Sus integrantes recién firmaron contrato este lunes. "Es la burocracia argentina -explica el bailarín-. Un técnico lo podría explicar mejor, pero la transferencia comenzó muy tarde. Recién por marzo se empezó a decidir sobre expedientes, informes y todo lo que daba cuenta de nuestro trabajo en estos años. De Desarrollo Social pasó a Modernización, a Casa Rosada, a Cultura. Entre la sede de un ministerio y otro, que no debe haber más de 40 cuadras, pasaron estos 8 meses. Ya había pasado en la primera etapa de esta compañía, desde el momento en que se terminaron las audiciones en el interior hasta el momento de empezar a trabajar. Y con el cambio de gobierno, también perdimos cuatro meses y medio. Es la burocracia argentina."

-Pregunta casi anecdótica: la compañía se presentó en sociedad en 2014 como Danza por la Inclusión, luego se la llamó Ballet Nacional de Danza y, el año pasado apareció como compañía de danza a secas. ¿Ahora?

-No sé, lo irán definiendo. Lo que me preocupa es ver qué hará el ministerio con todos nosotros. Lo bueno es que, con las firmas de los contratos, los integrantes comenzarán a cobrar sus sueldos. La pregunta, más allá del nombre, es cómo vamos a continuar. Si lo pienso con sentido común, el traspaso a Cultura podría permitir tener un mejor marco y mejores condiciones artísticas, administrativas y económicas. El criterio se irá redefiniendo según el propósito del Gobierno y también lo que indique la sociedad, el público. En lo personal, agradezco la posibilidad de estar a cargo de este grupo federal. En la actualidad son 52 bailarines, empezamos con 40 y deberíamos llegar a los 60. La mitad deben ser de la Capital; un 40 por ciento, del interior, y el resto, del extranjero.

-Ninguno de ellos cobra su sueldo desde enero, ¿ahora cobrarán de manera retroactiva?

-Sí. El año pasado nos había pasado lo mismo.

-¿Cómo se evalúa y se fijan objetivos para una compañía que durante todos estos meses no pudo trabajar?

-Lo bueno de este grupo es que se formó de cero. Pese a las interrupciones que hemos tenido, a final del año pasado, cuando presentamos El lago de los cisnes, logramos un nivel muy alto. Igual es duro volver a comenzar, pero podemos retomar el trabajo desde un buen lugar y, por otra parte, lo bueno es que en estos ocho meses nadie se fue. Todos queremos que esto continúe para siempre.

-¿En el traspaso de un ministerio a otro también perdieron el ámbito de ensayo?

-Hubo un acuerdo entre las dos áreas del Gobierno para que sigamos trabajando en el lugar en que veníamos haciéndolo. Podremos volver a trabajar ahí después de las funciones que tenemos previstas el miércoles próximo, en Rosario, donde presentaremos La traviata. Ésa será la primera actividad, aunque hoy haremos una breve presentación en Danzar por la Paz junto a otros grupos.

-Entonces ¿dónde ensayan?

-Muy amistosamente, en la Unsam. Nuestros contratos están realizados vía esa universidad, como ya había sucedido el año pasado, y nos cedió un lugar. Ahí, lentamente, empezamos a renovar las actividades.

-¿El ministro Pablo Avelluto te pidió algo para la compañía?

-No, Cultura más que nada vio cómo era el ballet, el trabajo realizado, nuestros antecedentes.

A la luz de esta realidad administrativa que define un proyecto artístico, la compañía no tendrá estrenos esta temporada. Sólo realizará unas 20 funciones en Buenos Aires, Córdoba, Rosario y, tal vez, Mar del Plata.

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