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Todos los caminos conducen a Laura Palmer

David Lynch construyó para Twin Peaks un final que será analizado durante muchos años

Viernes 08 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Kyle MacLachlan y Sherly Lee
Kyle MacLachlan y Sherly Lee.

Tras 18 episodios, concluyó la tercera (y probablemente última) temporada de Twin Peaks, que esta vez agrega "El regreso" a su título. El apócope se refiere, claro, al regreso de Lynch y del coautor Mark Frost (y de los espectadores) al mundo que abandonaron hace 25 años. Y también al regreso del agente del FBI Dale Cooper (Kyle MacLachlan quien, con su triple intepretación del personaje, es el centro de la serie), que pasó esos 25 años en la dimensión oscura llamada Black Lodge y aquí encuentra un modo de volver a casa.

Si la narrativa onírica de Twin Peaks tiene un tema es justamente ése, que da el sentido más completo a su subtítulo: la pregunta por si es realmente posible regresar, si se puede volver al hogar, recuperar el tiempo, deshacer lo vivido y vivir de nuevo. A la vez, este relato separado de los predecesores por el océano de dos décadas y media, habla sobre la temporalidad a la que estamos encadenados: con sus recurrentes flashbacks la serie confronta impiadosamente a casi todos sus protagonistas con sus avatares jóvenes, tal como lucían en las primeras temporadas, con la mitad de su edad. A los 71 años, Lynch construyó una elíptica reflexión sobre el paso del tiempo y la mortalidad, una en la que su obsesión con ese misterioso "otro lado" de casi todos sus relatos toma un sentido mucho más concreto y trágico.

En este policial, la muerte no sólo está presente como parte de la ficción sino como una realidad insoslayable: muchos de los intérpretes de las primeras temporadas fallecieron, e incluso algunos de ellos, como Miguel Ferrer o Catherine Coulston (Maggie, la mujer del tronco), murieron durante el rodaje. "Recuerda que la muerte no es un final sino un cambio" dice Maggie en su última escena, a modo de despedida. Nadie experimenta esto más cruda e irónicamente que el agente Jeffries (interpretado por David Bowie en Fire Walk With Me) que, muerto en la vida y la ficción, aquí reencarna en una enorme tetera parlante.

A pesar de que gracias a las demenciales reglas de este mundo para muchos personajes la muerte no es un final, y que el episodio 17 cierra gran cantidad de líneas narrativas de modo satisfactorio y feliz, Lynch no nos permite quedarnos con el consuelo de que, al menos en la ficción, se puede reparar plenamente la vida. La idea de, literalmente, desandar la muerte es el leit motiv del último episodio (para quien aún no lo vio: ¡spoilers!): en una escena tomada del mito de Orfeo y Eurídice, el agente Cooper intenta salvar a Laura Palmer (la joven cuyo asesinato da inicio a la historia, nuevamente intepretada por Sheryl Lee) caminando con ella de la mano por un bosque negro; fiel al mito, Cooper la pierde cuando vuelve la mirada hacia ella. Acto seguido, cruza el océano del tiempo para reencontrarla 25 años después, pero vuelve a perderla en un final estremecedor que es, a la vez, una confirmación de su destino trágico. Cooper y Laura parecen haber entrado en un tiempo circular: "¿Que año es este?" se pregunta el agente y la casa de Laura Palmer, el lugar donde habita el mal, se oscurece repentinamente, indicando que todo empieza de nuevo. Lo que ya fue hecho, concluye la serie, no puede deshacerse.

Esta idea del tiempo circular, que implica la imposibilidad de corregir las acciones y un destino trágico también es recurrente: "¿Es esto pasado o futuro?" se pregunta más de un vez uno de los personajes. En Twin Peaks se puede viajar entre dimensiones paralelas, se puede navegar por el tiempo, pero el mal nunca puede ser plenamente erradicado. Como otros relatos de Lynch, especialmente Carretera perdida, la serie nos dice que sólo existe un escape, en el mundo de la fantasía, del sueño, del arte o la ficción, pero que esta fuga es temporaria porque los males de nuestro mundo también encuentran su camino hacia ese otro mundo al que escapamos. Twin Peaks no sólo es la serie más anómala y osada de la televisión. También resultó ser la más oscura.

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