Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Arte para llevar en Bienalsur

La muestra Take Me (I'm Yours) se recreará desde esta semana en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Curada por Christian Boltanski y Hans Ulrich Obrist, se presentó por primera vez en la Serpentine Gallery en 1995 y tuvo varias versiones

Jorge Macchi presentará Diáspora (2017), instalación realizada con piezas de hierro que el visitante podrá llevarse para decorar la puerta de su heladera
Jorge Macchi presentará Diáspora (2017), instalación realizada con piezas de hierro que el visitante podrá llevarse para decorar la puerta de su heladera. Foto: Gentileza Bienalsur
Domingo 10 de septiembre de 2017
SEGUIR
PARA LA NACION
0

Con una sonrisa franca (francesa), Christian Boltanski cuenta una de las pequeñas historias por detrás de Take Me (I'm Yours) ("Tomame, soy tuyo"), la muestra que ideó junto con Hans Ulrich Obrist en 1995 para la Serpentine Gallery de Londres y que luego de varias reediciones se experimentará ("ver" no es el verbo más adecuado para describirla) desde el miércoles próximo en el Museo Nacional de Arte Decorativo, en el marco de la inabarcable BienalSur.

Dice Boltanski, en un reservado del Palacio Duhau, que el nombre fue pensado por Ulrich Obrist con una clara alusión sexual. "Para promocionar la muestra se mandaron a hacer unos tarjetones con la inscripción Take Me (I'm Yours) en grandes letras, sin ninguna otra explicación. Resultó que una invitación de mi parte le llegó a una mujer muy seria de una institución relacionada con el arte. Recibí su respuesta de inmediato: "OK, Christian, encontrémonos en el hotel'. Claro que yo era más joven y buen mozo entonces".

El humor, de impronta surrealista, es la clave de esta muestra que se ha visto en Londres, París, Nueva York, Copenhague y ahora en Buenos Aires, con un elenco cambiante (de Gilbert & George a Yoko Ono, entre muchos otros). La mayor inspiración para Boltanski y Ulrich Obrist ha sido la obra de Félix González Torres (1957-1996), una de cuyas piezas participativas (similar a la montaña de lollipops que se exhibió y consumió en el Malba en 2008) también estará en la versión porteña.

"Félix, que fue un gran amigo, fue el primero en hacer esto. Un arte para dar, de intercambio. Todos los artistas que elegimos hicieron en algún momento este tipo de arte para dar. Cuando yo era joven, trabajaba con envíos postales. Los surrealistas tenían esto muy en cuenta pero el mercado fue ahogando con el tiempo estas iniciativas."

Take Me (I'm Yours) -imposible no asociar el nombre conel hit New Wave del grupo Squeeze- es algo más profundo que una suerte de chiste para connaisseurs. Boltanski dice que la idea de la muestra avanza sobre dos tabúes de los museos: el arte no se puede tocar ni tampoco es posible llevárselo (a menos que se lo robe, como sucede cuando alcanza las páginas policiales). "Estos dos tabúes fueron demolidos en la Serpentine Gallery porque se le daba a cada visitante una bolsa que podía llenar con cosas de la muestra y llevársela a su casa", recuerda Boltanski.

Un doble juego

Una de las versiones más significativas de la experiencia fue la que se realizó en 2015 en el Monnaie de París (la Casa de la Moneda, un edificio de más de 1150 años de historia) en el marco de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo. "En un momento en el que el mercado del arte es tan fuerte, quisimos mostrar ahí cómo también podía tratarse de placer y juego. Entonces sucedió que algunos artistas participaban tanto de la feria como de Take Me (I'm Yours), y esto generaba un doble juego. En la feria era necesario invertir dinero para comprar sus obras, mientras que en la muestra simplemente se las podía tomar. Creo que el arte se ha vuelto demasiado profesional y serio, y aquí era una especie de guiño. Del museo uno se lleva emociones, de Take Me (I'm Yours) se lleva cosas".

La idea de Ulrich Obrist y Boltanski también echa luz sobre la historia de la relación entre el museo y los visitantes. Hoy nos hemos acostumbrado a la omnipresente marca blanca o su variante en forma de soga que dispone la distancia suficiente entre el objeto aurático y los mirones (como decía Santantonín), pero no siempre fue así.

En la era de los gabinetes de curiosidades, ancestros del museo europeo actual, los privilegiados visitantes eran tentados a tocar los objetos. En el siglo XVII, quienes accedían a los salones de la Real Academia de París podían sostener o tocar las obras para apreciarlas mejor. Y cuando el Louvre abrió sus puertas en 1793, los copistas podían mover pinturas y esculturas para apreciar cada ángulo en particular. Hasta que la afluencia cada vez mayor de público determinó que se podrían dañar las obras y se impuso el criterio de mantener a los visitantes a distancia.

Éste es el comienzo de la sacralización del arte. Boltanski busca en sus bolsillos un pañuelo de papel arrugado y lo arroja sobre la mesa. "Como este pañuelo es mío no es nada, pero si fuera el pañuelo de Napoleón, estaría debajo de una vitrina en un museo", ejemplifica.

Boltanski apunta a discutir la idea de reliquia. "Hoy se podrían fabricar veinte mil obras de Van Gogh semejantes al original. No se hace porque la experiencia indica ir a Ámsterdam, esperar bajo la lluvia y contemplarlo como cuando se peregrina para ver a una Virgen. Ya vemos que el arte es muy cercano al problema religioso. De alguna manera, muchas de las ciudades de Europa fueron fundadas a partir de los huesos de los santos que se conservaron como reliquias. Alrededor de eso se edificaron iglesias donde la gente iba a rezar y alrededor de eso se generó un movimiento. Pensemos ahora lo que hicieron los vascos, que son muy inteligentes, con Bilbao. Montaron una gran iglesia con muchos pedazos de huesos de artistas y la ciudad que estaba empobrecida se volvió próspera: Guggenheim Bilbao".

Ironías del mercado

Dispersión es la obra emblemática de Boltanski que se ha repetido en todas las versiones de Take Me (I'm Yours). Se trata de una pila de ropa usada que los visitantes pueden llevarse a gusto y que se va reponiendo a medida que transcurre la muestra.

"Hay dos posibilidades", dice Boltanski. "O se usa esa ropa para vestirse y la bolsa original de la muestra para comprar papas, o se conserva la ropa dentro de esa bolsa y se dice que uno tiene una obra de Boltanski."

Cuando abrió la muestra en Serpentine Gallery, Boltanski ironizaba acerca de que muchos de los objetos que la gente se llevaba gratis saldrían a subasta treinta años después. La ironía lo alcanzó mucho antes: una bolsa original de Take Me (I'm Yours) con ropa usada de París ya se vendió en un remate público.

Para el público argentino esta idea de un arte participativo está directamente relacionada con el nombre de Marta Minujín: desde los colchones de Revuélquese y viva (1964) a la remake del Partenón de Libros Prohibidos (2017). Resulta raro entonces no encontrar su nombre entre los participantes. Según Boltanski, la reina del pop art latinoamericano declinó la invitación de Ulrich Obrist para participar de la experiencia.

La versión que se verá en Buenos Aires suma obras de Luis Camnitzer, Tomás Saraceno, Fabio Kacero y Jorge Macchi a los artistas que ya participaron. Como el legendario nouveau-realiste Daniel Spoerri (1930), con su esqueleto enteramente comestible de mazapán. ¿Take Me, I'm Yours?

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas