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De Concordia a Puerto Madryn, los sitios argentinos que inspiraron El Principito

Domingo 10 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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1 Concordia. El castillo de las dos princesitas

El reciente estreno del documental Vuelo nocturno, de Nicolás Herzog, recuerda un episodio que el aviador y novelista francés Antoine de Saint-Exupéry contó en su libro Tierra de hombres. Mientras trabajaba para la Aéropostale, la empresa de correos aéreos entre Francia y la Argentina, tuvo que aterrizar de emergencia debido a una avería cerca de Concordia, en Entre Ríos. Allí se encontró de casualidad con una familia francesa residente en una mansión conocida como el Palacio San Carlos. Las dos hijas del matrimonio, Edda y Suzanne, vivían libremente por el monte entrerriano e inspiraron el personaje del Principito (su zorro amaestrado incluido). Hasta se cuenta que hubo un romance entre el joven piloto y una de ellas. El "castillo" -en realidad una imponente casona- fue construido por el heredero de magnates franceses a fines del siglo XIX. En los años 20 lo ocupó la familia Fuchs Valon y sus dos princesses d'Argentine, como las llama Exupéry en sus escritos. Sus ruinas dominan el vasto Parque San Carlos de Concordia. Es un lugar muy concurrido los fines de semana para pasar el día entre amigos, visitar lo que quedó del castillo, recorrer un bolsón de selva en galería y un jardín botánico, o bien tomar mates al pie de la estatua del Principito, parado sobre su diminuto planeta.

2 Buenos Aires. La bañera del lobo marino

Mientras en Toulouse -la ciudad donde estaba la sede de la Aéropostale en el sur de Francia- se ha conservado la habitación donde solía alojarse Antoine de Saint-Exupéry (en el hotel Le Grand Balcon), en Buenos Aires se restauró su departamento. Desde hace poco más de un año está abierto al público. Se encuentra en el sexto piso de la Galería Güemes, uno de los edificios más emblemáticos de la calle Florida. Las paredes de los distintos ambientes sirven de soporte a los paneles que recuerdan la vida y obra del personaje y la aventura de la empresa aérea postal. Hay una maqueta de su avión, así como reproducciones de fotos y documentos. Algunos recuerdan que es en este departamento donde escribió su primer gran éxito literario: Vuelo Nocturno. La estrella de la visita es, sin embargo, la bañera. El aviador mantuvo en ella durante un tiempo un cachorro de lobo marino (que fue motivo de queja de los vecinos del edificio por su fuerte olor, según recuerdan las crónicas de la época).

3 Península Valdés La isla de la boa que se tragó...

Saint-Exupéry vivió muy poco tiempo en la Argentina. Uno de sus descendientes indirectos (no tuvo hijos), que estuvo durante el acto de inauguración del departamento-museo de la calle Florida, contó que "vivió menos de dos años en el país. Pero su estadía lo marcó de forma duradera. Aquí, además, encontró a su esposa Consuelo". Fue impresionado por los paisajes del Sur, que conoció durante sus andanzas por la Patagonia. Como la Isla de los Pájaros, que se puede observar con largavistas desde el centro de visitantes en el istmo Ameghino al ingresar a la Península Valdés. Es un santuario de aves marinas, pero para los lectores de El Principito es sobre todo la "boa que se tragó el elefante". Su contorno es exactamente el mismo que el famoso dibujo del autor al ilustrar este fragmento de su obra. Algunos ven una especie de sombrero deforme. Pero los que saben que "lo esencial es invisible a los ojos" reconocen en seguida la famosa silueta.

4 Ostende. Por favor, dibujame una cama

Viejas fotos en blanco y negro muestran a Saint-Exupéry en sus escalas de Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado, Puerto Santa Cruz y Puerto Gallegos, recibido con pompa por comitivas en medio de pueblos con aspecto de parajes. Muchos lugares a lo largo de la costa atlántica guardan así algún recuerdo de su paso: una foto, un objeto o el relato de algún antepasado. En el balneario de Ostende, junto a Pinamar, es una habitación entera lo que se ha conservado. El Viejo Hotel Ostende muestra la pieza donde se alojó el aviador durante dos veranos consecutivos en 1929 y 1930, que lleva el número 51 y se mantiene exactamente en el estado original, con muebles sencillos y una pequeña cama de una plaza. La habitación se puede conocer durante las visitas guiadas, de entrada gratuita, que se organizan en las tardes de verano (hay que informarse en recepción). Además de con El Principito, el hotel tiene vínculos literarios con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, que fueron habitués pero una década después de St. Ex.

5 Morón. El avión de la Aéropostale

Todos los fanáticos de la aviación que visitan Buenos Aires se internan en el conurbano para ver el Museo Nacional de Aeronáutica de Morón. Una de las razones es que se conserva ahí el único Late 25 que ha quedado en todo el mundo. Es un monomotor fabricado por Latécoère en 1925, y esa máquina fue volada por Saint-Exupéry y los demás pilotos de la Aéropostale, los franceses Mermoz y Guillaumet y los argentinos Gross, Cervetti, Cambaceres y Palazzo. El museo está sobre un predio militar y es conveniente chequear bien los horarios y días de apertura antes de emprender la visita. Además de aquella joya, muchas otras sorpresas se guardan en inmensos galpones. A pesar de su poca difusión, es uno de los museos más completos del mundo en cuanto a los primeros tiempos de la aviación. La máquina más antigua es un monoplano de 1909 construido por el legendario Louis Blériot, enviado al país en 1910 para un meeting aéreo en Villa Lugano en el marco del Centenario.

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