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Beber el mundo en la vinoteca

Domingo 10 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Una de las claves del año para el consumidor es que la oferta de vinos de importados crece. Las vinotecas que se precian tienen una docena -sino más- de etiquetas traídas de Francia, España e Italia principalmente, pero también de Chile, Alemania y perlitas de Austria, Nueva Zelanda y Australia.

Lo interesante del caso, al menos desde el punto de vista del bebedor, es que el paladar se abre a nuevos horizontes de sabor y permite calibrar bien el gusto de los vinos locales. Y a diferencia de lo que sucede en otros ámbitos, en donde los importados pueden verse con cierto temor, en el del vino el ejercicio de vender por el mundo que realizan las bodegas obliga ahora a pensar el mercado local como cualquier otro del mundo. Con nuestras particularidades, que no son pocas.

Se abre así una época renovadora para el consumidor y la industria del vino. Ahora, por ejemplo, es posible comparar las virtudes de un chardonnay de altura con los de Chablis, Francia, y reparar en que los locales también son únicos, precisamente porque no se parecen en sabor pero sí en la frescura. O bien, entender que el cabernet franc que elaboramos aquí, además de gustarnos mucho, no tiene equivalente en el valle del Loire, Francia, ni tampoco en otras zonas. O, como vimos en una cata de vinos chilenos y argentinos, se puede pensar que los sauvignon blanc de Salta o Jujuy son parientes cercanos de los que se producen en Leyda, Chile, a escasos 1,8 kilómetros del mar. Con el malbec hay poca comparación, como si uno buscara equivalentes de Barolo, Italia, por los vinos mundo.

Y el consumidor picó rápidamente en este universo, con lógica impecable: puede descubrir vinos incluso más baratos en la alta gama local. Un dato alcanza para certificar este desplazamiento: vinoteca Terroir, que atiende clientes de paladar sofisticado, ya factura un 30% de sus ventas en importados. Si para muestra basta un botón, el dato muestra que hay un consumidor ávido de nuevos sabores a precios lógicos. Lo que obliga a pensar también qué vinos le ofrece el mercado local como propios, cuáles no y a qué precios.

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