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Las milenarias historias de Kazán

Iván de Pineda

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LA NACION
Domingo 10 de septiembre de 2017
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A esta ciudad la llaman la tercera capital de Rusia. Es capital de la república de Tartaristán, en el distrito del Volga de la Federación Rusa. En el mundo se la conoce como Kazán. Esta ciudad tiene una riquísima historia milenaria. Perteneció a la poderosa y orgullosa Horda de Oro, creada por un nieto de Gengis Kan, que dejó una importante herencia que puede ser encontrada en algunas de las costumbres locales.

Pasó a manos rusas con la llegada de Iván IV, llamado El Terrible, quien conquistó este territorio en el siglo XVI. Como toda ciudad importante, tiene un kremlin (fortaleza o ciudadela amurallada) rodeado de resplandecientes muros blancos y con una arquitectura tan interesante que hoy forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Conociendo estos edificios uno puede enterarse también de las leyendas o mitos del pasado. Constituye una perfecta forma de conocer las diferentes historias que hacen de Kazán una de las ciudades que vale la pena conocer en este país.

Una de estas tiene que ver con el famoso Icono de Kazán, imagen de la Madre de Cristo a quien se considera patrona de la ciudad, paladina y protectora de toda Rusia. Llevada por generales a guerras y, según los creyentes, principal causa de la victoria sobre Napoleón en 1812. En el interior de la Catedral de la Anunciación uno se encuentra con una imponente belleza en sus increíbles y coloridos frescos que ocupan la totalidad de paredes y techos. Sentado en algunos de sus bancos, se puede pasar una buena cantidad de minutos descifrando lo descripto en las impresionantes pinturas.

Otra de las historias habla tal vez del símbolo más importante de la ciudad: la famosa torre inclinada de Suyumbike, que se encuentra justo al lado de la Catedral. El mito urbano cuenta que Iván El Terrible, una vez conquistado el Kanato, se enamoró de su reina viuda, llamada como la torre, y obsesionado por su belleza le propuso matrimonio. Conociendo la fama que precedía a su pretendiente, Suyumbike le contestó positivamente, pero poniéndole una condición: el zar debía construir la torre más alta del lugar en tan sólo una semana. Éste, con su acostumbrada tozudez, puso miles de personas a la obra y en el término pactado finalizó lo convenido. La reina, horrorizada, al ver su futuro drásticamente cambiado, subió al último nivel de la torre y, de una manera dramática, se lanzó al vacío. Mientras Katya –mi anfitriona– me contaba esto, no podía parar de imaginarme al ciclotímico e irascible zar con una cínica mueca y ojos fríos y penetrantes puestos en los obreros como diciendo: “Ay de ustedes si no terminan la torre a tiempo…”

Kazán también cuenta con una de las universidades más prestigiosas de este país, y hacia allí nos dirigimos con Katya, atravesando la Kremleskaya Ulitsa, flanqueada de elegantes edificios de color pastel, para encontrarnos con nuestra última historia del día. Fundada en 1804, la segunda universidad entre las más antiguas de Rusia cuenta en su alumnado con dos de los personajes más importantes de la historia vernácula: Lenin y Tolstoi.

El inmenso y amado literato ruso fue famoso en sus días de estudiante por sus correrías y fechorías, preocupándose más por sus conquistas y sus deudas de juego que por su rendimiento académico.

La última y curiosa historia tiene que ver con la estatua que se encuentra frente a la gran fachada neoclásica de esta institución, que representa a un joven Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin. Los estudiantes se divierten con ella porque es el único monumento en toda la universidad y rinde homenaje a una persona que, antes de transformarse en uno de los personajes más influyentes del siglo XX, pasó por aquí y, paradójicamente, fue expulsada.

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