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El triunfo de Trump, entre el horror y la sátira política

Sábado 09 de septiembre de 2017
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Evan Peters, uno de los actores más emblemáticos de la antología
Evan Peters, uno de los actores más emblemáticos de la antología. Foto: FX

American Horror Story: Cult / Creadores: Ryan Murphy y Brad Falchuk / Elenco: Sarah Paulson, Evan Peters, Alison Phill, Billie Lourd, Leslie Grossman / Los miércoles, a las 22, por FX (también disponible en fox play) / Nuestra opinión: muy buena

Lo que comenzó como lo indeseado, como lo imposible, hoy se ha convertido en realidad." La frase del periodista de Fox en la noche del inesperado triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU. es el eje que atraviesa la nueva entrega de American Horror Story. La antología de terror ideada por Ryan Murphy y Brad Falchuk convirtió lo siniestro en parte de su identidad, y en esta nueva temporada de muertes y pesadillas es la realidad política la que ha devenido en el peor de los mundos imaginados.

La lectura del presente desde un género como el terror le permite a Murphy & Falchuk combinar el horror más espeluznante -con clowns asesinos y psicópatas esquizoides- con la sátira más negra que se haya visto sobre un presidente, sus detractores y los miedos más irracionales que cimentan la vida del país más poderoso del mundo.

Todo comienza esa noche de noviembre último: fatídica para algunos, orgásmica para otros. "La revolución ha comenzado", dice Kai (Evan Peters), que con su pelo azul y sus ojos desorbitados, se erige como uno de los grandes villanos de la serie, retrato del white trash humillado por una América del Norte que le ha dado la espalda y que ahora le regala el tiempo de su postergada venganza. La furia nace de sus ojos y se adhiere a su piel como una máscara de chizitos naranja que evoca el bizarro bronceado de su líder. Las consignas de Trump adquieren en su voz un eco extraño, entre la broma y la locura, como las confesiones finales de Anthony Perkins en su encierro de Psicosis.

Si Kai representa el éxtasis del triunfo, del lado de los perdedores encontramos a Ally (Sarah Paulson), prototipo del Estados Unidos de Obama: casada con una mujer, madre moderna de un hijo pequeño, bienpensante y luchadora de la diversidad. Para ella, el triunfo de Trump representa la explosión de lo atávico y lo brutal, la reaparición de las peores fobias, el miedo a los agujeros, a la oscuridad, a todo aquello que creía superado.

Ya no hay, como para la Dorothy de El mago de Oz, ningún feliz regreso a casa. Es el hogar -el país- el que se ha poblado de payasos diabólicos sedientos de sangre. Murphy y Falchuk dan una vuelta más al tono habitual de la serie, transformando la conducta ciudadana en el disparador de una interminable pesadilla. Con guiños cinéfilos (la objetivación de la fobia como en la Repulsión, de Polanski) y notables ideas de puesta en escena (el uso ambiguo de la subjetiva), nunca pierden de vista la gestación de una atmósfera de inquietud y extrañeza que resulta ser el retrato más oscuro de un presente caótico.

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