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Microdepartamentos y coliving: el sueño de la vivienda joven

Espacios pequeños, funcionales y con áreas comunes forman el ideal de primera casa al que aspiran las nuevas generaciones

Sábado 09 de septiembre de 2017
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LA NACION
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En 37m², la arquitecta Laura Libenson desarrolló el proyecto ganador de la Beca Casa FOA 2017
En 37m², la arquitecta Laura Libenson desarrolló el proyecto ganador de la Beca Casa FOA 2017. Foto: Ignacio Sánchez

La vista desde el piso 27 es inmejorable. El moderno edificio que se encuentra en la avenida Juan de Garay, entre Piedras y Chacabuco, ofrece a esa altura una panorámica 360° de San Telmo, La Boca y el microcentro que en ciertas horas del día (y de la noche) corta el aliento. Ese horizonte es una las razones que atrajeron a Ana Borrego, protesista dental de 29 años, que vive varios pisos más abajo, pero que cotidianamente disfruta de los espacios comunes del piso 27: el gimnasio, la pileta climatizada, el sauna seco y el húmedo, y las salas de estar con mesas y televisión. "La vista es increíble. Basta subir a pasar un rato y ves desde ahí toda la ciudad", dice Ana, quien alquila junto con su novio un departamento en este edificio que hace especial hincapié en los amenities de las áreas compartidas.

No es el único: hoy, a través de diversas propuestas habitacionales, la maximización de los espacios comunes y la minimización de los espacios privados se combinan para dar respuesta a la actual demanda de vivienda de los jóvenes.

Se trata de un modelo que alcanza su máxima expresión en el coliving, edificios en los cuales se forma una especie de vecindad contemporánea con áreas comunes como cocinas, comedores y otros ambientes, y en los microdepartamentos. ¿Hasta dónde llega este fenómeno? Aún está en pleno desarrollo, pero básicamente podríamos hablar del auge de un modo de vida en el que resulta más importante la conexión personal y la pertenencia a un style que la habitabilidad confortable pero aislada. "La barrera entre trabajar, descansar y vivir es cada vez más borrosa entre los jóvenes, por lo que desde la arquitectura y el diseño interior apuntamos al desarrollo de espacios flexibles y multifuncionales que se ajusten a sus necesidades", afirma Ana Astudillo, gerente de arquitectura y diseño de Casa FOA. En la edición 2017, que abre sus puertas el sábado próximo, podrá visitarse el "espacio multifunción para un millennial", el proyecto ganador de la Beca de Arquitectura y Diseño de Interior de la muestra. "Tiramos las paredes que separaban el baño y la cocina del living para armar un espacio único de 37 m2 y colocamos estructuras móviles que, por ejemplo, separan a la cama del resto del espacio a la hora de dormir, o cierran el baño que cuando no está en uso se encuentra integrado", explica la arquitecta de 30 años Laura Libenson, del estudio Platz, que desarrolló el proyecto ganador de la Beca.

Así como los departamentos se vuelven cada vez más dinámicos (y más pequeños), el espacio común asume cada vez más importancia, como lugar de disfrute individual, pero principalmente como espacio comunitario. "Nuestros principales clientes son personas solas, que buscan ser parte de una comunidad", cuenta Fahad Siddiqui, desarrollador detrás de Alto Grande Casa Campus, una torre de 26 pisos que se inaugurará en noviembre en Alsina 730 y que se basa en el concepto de coliving.

Emparentado con el modelo de espacios de trabajo de coworking -oficinas compartidas por varias empresas en las que se fomentan la colaboración y el networking-, el coliving ha alumbrado unas cuantas experiencias fructíferas en ciudades como Londres, Nueva York, San Francisco, San Diego, Madrid, Miami, Ámsterdam, Barcelona y París. Siddiqui, cofundador del coliving The Collective, de Londres, explica que, al igual que el coworking, "el coliving está basado en el valor de las experiencias colaborativas y propicia el acceso a una comunidad a través de espacios comunes diseñados para fomentar la interacción entre todos los miembros".

Edificios como Alto Grande Casa Campus -el más avanzado de varios edificios de coliving que Siddiqui, junto con la desarrolladora M&M Propiedades, está construyendo en la Argentina- se proponen como espacio de cruce para varias tribus urbanas: estudiantes, turistas locales y extranjeros, y jóvenes solteros. Así, con un modelo de hospedaje similar al de plataformas como AirBnB, el coliving ofrece una flexibilidad que aparece como alternativa a la rigidez de los alquileres: las personas pueden alojarse -sin garantía ni gastos inmobiliarios- por una noche, una semana, un mes o incluso períodos más extensos. Es más: quienes alquilan por períodos prolongados pueden subalquilar sus unidades.

Espacio para la amistad

En Pilar funciona una suerte de experiencia piloto que precede a este desarrollo inmobiliario. Construido frente a la Universidad Austral, Casa Campus es un edificio híbrido: una parte es un hotel que brinda alojamiento a familiares de las personas que se encuentran internadas en el Hospital Austral, y la otra es un coliving pensado para estudiantes universitarios. Mateo Estévez, de 20 años, oriundo de La Paz, Bolivia, vive desde hace dos años y medio en la residencia universitaria.

"Cuando llegué a la Argentina para estudiar Ciencias Políticas, tuve mi primera residencia en la Capital -cuenta-. Era un cuarto compartido con otros tres estudiantes, pero que me quedaba realmente lejos de la Universidad Austral. Empecé a buscar opciones para acercarme y llegué finalmente aquí".

Dice Mateo que el sector de residencia universitaria de Casa Campus está dividido en dos sectores, uno para mujeres y otro para varones. Dentro de este último, él ocupa una habitación compartida con otro estudiante: "Fuera de la habitación, tenemos un área compartida con cocina y sala de estar. Además, la residencia cuenta con pileta, un quincho y un patio bastante grande. Es realmente cómoda", asegura Mateo, que destaca que uno de los aspectos más importantes de esta experiencia es poder compartir actividades con otras personas.

"En la residencia nos ofrecen muchas actividades comunitarias, desde actividades de beneficencia hasta clases de yoga -relata-. Pero más allá de lo que la casa propone, nos juntamos para hacer todo tipo de cosas, desde ver una película o cocinar hasta salir juntos. Lo primero que uno encuentra al llegar aquí, que uno viene solo, lejos de su casa o incluso de su país, es que eso es algo que se tiene en común con el resto, y se encuentra entonces con un grupo que a uno lo acepta y en el que incluso se generan amistades firmes".

Y si el modelo funciona en un contexto como éste, ofreciendo una versión moderna de las tradicionales residencias universitarias, ¿por qué no habría de ser igualmente exitoso en otros contextos, como los que propone la vida actual de los jóvenes? Recordemos que un gran porcentaje de la población joven no se encuentra en pareja (se trata de una franja etaria que crece al ritmo de la tendencia de demorar la formación de relaciones estables) y que los millennials suelen estar dispuestos, por su filosofía, pero también por su escaso presupuesto, a compartir la vivienda.

"Está la flexibilidad de alquilar por una noche o por mes al estilo AirBnB, pero también la posibilidad de saber que la persona que llega cuenta con espacios comunes en los que trabajar, si lo necesita, y en los que tener acceso a una comunidad", comenta Siddiqui, que cuenta que los colivings que está desarrollando en la Argentina poseen un curador de eventos/community manager detrás de una app a través de la cual se organizan distintos tipos de actividades compartidas: partidos de fútbol, clases de gym, de yoga, de cocina, charlas sobre nutrición o, sobre todo, aquello que sea de interés de la comunidad.

Para eso, tienen una plazoleta interna, una palestra, salas de juegos, un microcine y hasta un enorme fogón, además de livings y lounges con cocinas comunitarias en los distintos pisos. Este modelo de vivienda en comunidad también ofrece herramientas que evitan muchas de las responsabilidades asociadas a la vivienda propia. "Ante cualquier problema, como por ejemplo ver algo del edificio que se ha roto, basta con sacarle un foto y subirla a la app para que se ocupe la gente de mantenimiento", resume Siddiqui.

Servicios compartidos

Bajo el rótulo de amenities, los múltiples servicios que ofrecen los edificios de lujo -como piletas, gimnasios y salones de usos múltiples- no son una novedad en el mercado inmobiliario local. En todo caso, lo que distingue los desarrollos más recientes enfocados a un habitante más joven es el desplazamiento de ciertos servicios, que salen del espacio privado para ubicarse en zonas comunes.

Ana Borrego cuenta que en Quartier, el imponente edificio de 27 pisos donde vive, su departamento no tiene espacio ni está pensado para albergar un lavarropas. "En el segundo subsuelo hay un sector de laundry común a todo el edificio -explica-. Por otro lado, si bien tenemos cocheras, éstas no son fijas; cuando uno llega el auto es recibido por un servicio de valet parking del edificio que se encarga de ubicarlo en la cochera que esté disponible". Cualquier adulto que ha sido educado por años de costumbre en que las cocheras fijas constituyen un valor agregado difícilmente se sienta a gusto con este modelo.

"Los amenities son un buen argumento de venta para todos los proyectos, pero son utilizados mucho más cuando el publico objetivo es joven ya que disfruta de estar en contacto con vecinos, no así quienes tienen familia y prefieren más espacios propios y menos comunes", señala Ignacio Camps, director de la empresa de real state Evoluer.

"Los amenities del edificio me atrajeron, a tal punto que hoy el uso de los espacios comunes ocupa una parte importante del tiempo que estoy en mi casa", cuenta Carlos Franco, de 45 años, que vive en el 5° piso del edificio Torre Vista Buenos Aires, que mira al Jardín Botánico. Carlos es el gerente de una cervecería, trabajo que lo ocupa algunas horas por la mañana y otras por la noche; el edificio con sus espacios de esparcimiento sin horarios le ofrece posibilidades de disfrute: "Entre otros servicios, tenemos una sala de cine, dos gimnasios, una sala de pilates, saunas, un pileta casi olímpica y bicicletas comunes, que uno puede usar cuando quiera", enumera, al tiempo que explica que el uso de los servicios se gestiona a través de una página de Internet a la que accede a través de su celular.

"Mi novio es fanático del gimnasio, la pileta y el sauna del edificio; yo lo que más uso es la pileta descubierta en verano y las salas de estar del piso 27 -cuenta por su parte Ana-, pero estos últimos meses que tuve que hacer la rehabilitación de una operación pude hacerla íntegramente en la pileta cubierta del edificio".

Pequeño, más accesible

Las viviendas que minimizan los espacios privados y maximizan los espacios compartidos constituyen sobre todo una opción cuando el modelo tradicional de departamento se encuentra completamente fuera de alcance. Eso queda expuesto en las causas que llevan a la aparición de los llamados microdepartamentos, unidades que oscilan entre los 18 y los 30 metros cuadrados.

"Veíamos que a la gente le estaba costando acceder a un departamento, que había una demanda de compra de un departamento propio, pero que no le alcanzaba. Al mismo tiempo, veíamos que la gente joven no se encontraba satisfecha con la oferta inmobiliaria que había en el mercado: veía que cambiaba su celular, su tele, pero que los departamentos son los mismos que están desde hace 20 años", cuenta Pablo Brodsky, desarrollador que a través de Predial Propiedades está construyendo unos 20 edificios de microdepartamentos en Buenos Aires y en Neuquén.

El valor de los microdepartamentos arranca en los 50.000 dólares, en barrios donde un monoambiente no baja de los 75.000, siendo además que los microdepartamentos vienen completamente amueblados y equipados. "Todo el mobiliario está incluido en el precio", confirma Pablo, al tiempo que destaca que lo que convierte estos espacios en lugares ideales para jóvenes es que, además de ser más accesibles, están diseñados con un concepto de espacio dinámico: "Cuando la cama no se usa, se levanta y se incorpora a la pared, con lo que no perdés metros. Uno rompe con el mito de que el primer departamento va a ser chico y feo: chico sí, pero muy lindo y disfrutable".

Al igual que en el modelo de coliving, el espacio disponible no se agota dentro del departamento. Los edificios cuentan con livings comunitarios con espacios y mobiliario para el esparcimiento, pero también para el trabajo, así como quincho, parrilla y bicicletas. "Todo esto no implica que las expensas sean más altas, sino que, por el contrario, rondan los 700 u 800 pesos, cuando un departamento tradicional paga hoy expensas de 1500 pesos", dice Pablo.

Los microdepartamentos y edificios de coliving serán en cuestión de meses una realidad en la Argentina. La pregunta es si esta nueva oferta sólo ampliará el panorama inmobiliario o si representa la semilla de una nueva forma de hábitat urbano.

Producción de Lila Bendersky

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