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Irma sigue su paso arrasador por el Caribe y desata un masivo éxodo en Miami

Decenas de miles de personas realizaron una de las mayores evacuaciones en la historia del país; el ciclón causó 23 muertos en las islas caribeñas

Sábado 09 de septiembre de 2017
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LA NACION
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"Bienvenida Irma. Ven a agarrarnos", el mensaje al huracán en el frente tapiado de un restaurante
"Bienvenida Irma. Ven a agarrarnos", el mensaje al huracán en el frente tapiado de un restaurante. Foto: AP

WASHINGTON.- Irma, uno de los huracanes más poderosos jamás registrados, provocó un éxodo histórico de cientos de miles de personas, que ayer huían del sur de Florida, mientras la supertormenta avanzaba hacia la costa sudeste de Estados Unidos tras devastar varias islas del Caribe.

Luego de arrasar Turcos y Caicos, y dejar por lo menos 23 muertos y múltiples destrozos en la región -sobre todo en Barbuda y Saint-Martin-, Irma se movía ayer en dirección a Bahamas y Cuba.

Ante la persistente fuerza del huracán, las autoridades en Estados Unidos extremaron precauciones y urgieron a 5,6 millones de personas que viven más cerca de la costa a dejar sus casas lo antes posible para alejarse del sendero de la tormenta.

El gobernador de Florida, Rick Scott, amplió las órdenes de evacuación iniciales, que incluían a 750.000 personas en Miami, y advirtió a todos los residentes del estado (más de 20 millones) que estuvieran preparados para salir de la zona de riesgo.

El gobernador advirtió que la tormenta es más grande que el huracán Andrew, que dejó a Florida de rodillas en 1992. Irma puede llegar a cubrir todo el estado, de costa a costa, y provocar un alza en la marea de cuatro metros.

"Ésta es una tormenta catastrófica como jamás hemos visto", advirtió Scott. "Ahora es el momento para evacuar", afirmó.

Irma había sido rebajado ayer a la categoría cuatro en la escala de cinco en la que se mide la intensidad de los huracanes, pero todavía era una tormenta potencialmente catastrófica y "extremadamente peligrosa", con vientos de más de 200 kilómetros por hora, según el Servicio Meteorológico Nacional.

Las imágenes satelitales mostraban que el tamaño de Irma era casi el mismo que el de Texas. Su ojo tenía un ancho de más de 30 kilómetros. El pronóstico, además, indicaba que cobraría fuerza al tocar la costa y podía llegar a trepar de nuevo a categoría cinco.

Ayer no hubo un sólo político o funcionario en Estados Unidos que ahorrara advertencias. El presidente Donald Trump urgió a la gente a obedecer las órdenes de evacuación, al advertir en un video difundido en las redes sociales que Irma era una tormenta de "proporciones épicas". "Apártense de su camino", imploró.

El huracán continuaba con su paso arrasador por el Caribe hacia Florida. El ojo de Irma recorría la costa de Cuba tras dejar en su estela mortal una cadena devastada de islas caribeñas cubiertas de madera astillada, metal arrugado, botes y lanchas sacudidos lejos del agua y coches maltratados.

La familia García se prepara para evacuar de Miami
La familia García se prepara para evacuar de Miami. Foto: AP

Por si todo eso no fuera suficiente, detrás de Irma venía otro huracán, José. Ante el peligro de una devastación jamás vista, unas 750.000 personas huían desde el sur del estado, en el mayor éxodo visto en Florida, y una de las evacuaciones más grandes en la historia de Estados Unidos.

En 2005, el huracán Rita, que golpeó al país unas semanas después de Katrina, llevó a tres millones de personas a desplazarse en los estados de Texas y Luisiana.

Las imágenes de las autopistas, colapsadas, mostraban el éxodo: una larga procesión de automóviles en ruta hacia el Norte o el Noroeste desde Miami, y carriles vacíos en la mano hacia el Sur. Por la escasez de combustible, se veían largas colas en las estaciones de servicio que aún tenían nafta para vender.

Detrás de la procesión, en Palm Beach, la policía iba casa por casa en un día soleado para asegurarse de que todos los residentes que debían evacuar ya se hubieran ido.

"Llevo 60 años aquí y nunca había visto nada parecido", dijo, consternado, el alcalde de Miami, Carlos Giménez.

Andrea Persson, de 37 años, y su marido, Martín Pombo, de 42, decidieron dejar Miami ayer con su hija, Ema, de 5, y su perro salchicha y otra familia. No sabían bien hacia dónde ir: primero pensaron en ir a Nueva Orleans, pero al final se decidieron por Carolina del Sur.

Les costaba conseguir dónde quedarse: los precios saltaban de 120 a 400 dólares cuando marcaban en el calendario de los sitios web de los hoteles que necesitaban un cuarto para la noche.

"Vamos en caravana con otra familia y esperamos conseguir algo, sino dormiremos en el auto como última opción", afirmó Andrea. Unos minutos después, ya había podido reservar un hotel en Charleston, Carolina del Sur.

A sus espaldas, Miami se convertía en un pueblo fantasma. Scott ordenó cerrar escuelas públicas, universidades estatales y oficinas para liberar a funcionarios y a las fuerzas de seguridad y darles "la flexibilidad necesaria para apoyar los esfuerzos de refugio y respuesta a emergencias".

En el Caribe, Irma ya había dejado un sendero de desolación. La isla de Barbuda había quedado "reducida a escombros", según el primer ministro Gaston Browne. Olivier Toussaint, residente de la isla francesa de Saint-Barth, describía escenas de desolación.

"Las casas están destrozadas, el aeropuerto está fuera de uso, los postes telefónicos y de electricidad están en el suelo. Hay coches dados vuelta en los cementerios, barcos hundidos en el puerto deportivo, tiendas destruidas", relató Toussaint, según la agencia AFP.

Tras ser sacudidos por Irma, un huracán inusualmente intenso y uno de los más poderosos registrados en los libros, los sobrevivientes de las islas del Caribe se preparaban para resistir el paso de José, que prometía ofrecer una secuela de terror.

30 km

Es la extensión del ojo del huracán Irma, que se extendería de costa a costa en Florida una vez que toque tierra

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