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All Blacks-Los Pumas, Rugby Championship: a pesar de la lluvia, una fiesta de color en Nueva Plymouth

El clima no acompañó, pero de todos modos el Yarrow Stadium vivió una jornada especial con el estreno de ese escenario en el Championship

Sábado 09 de septiembre de 2017 • 11:02
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PARA LA NACION
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Ellas también: la hinchada argentina se hizo sentir en el Yarrow Stadium
Ellas también: la hinchada argentina se hizo sentir en el Yarrow Stadium. Foto: Reuters

NUEVA PLYMOUTH, Nueva Zelanda.- Uno se dejó llevar por la ilusión. El otro, a su lado, fue más cauteloso. El marcador en el enorme cartel electrónico detrás de uno de los ingoales reflejaba el tanteador: Nueva Zelanda 15-Argentina 22, a los 10 minutos del segundo tiempo. Provocaba el deseo de tomarle una foto. "Hoy se nos da", aseguraba el primero bajo la lluvia de Nueva Plymouth y con un frío que comenzaba a hacer mella. "Tranquilo, contra estos monstruos no podés dar nada por sentado hasta que el árbitro pite el final", contestaba el amigo argentino. Apenas diez minutos después volverían a mirarse con un gesto cómplice: los hombres de negro presionaron, los Pumas no pudieron sostener el ritmo neozelandés y terminaron cayendo como visitante de los actuales campeones del mundo por 39-22.

Nueva Plymouth vivió una auténtica fiesta a lo largo de toda la jornada perteneciente a la tercera fecha del rugby Championship. Y el clima en el Yarrow comenzó a sentirse desde temprano. En el estadio se vendían todo tipo de menús, en los food trucks colocados justo detrás de las tribunas: al estar ubicado el terreno de juego en una especie de "pozo", los espectadores apenas debían levantarse de sus asientos y caminar unos pasos hacia los puestos de comida. Desde papas fritas (6 dólares), hamburguesas (8 dólares), panchos (4 dólares) hasta un shawarma de pollo o lomo (11,50 dólares), todo tipo de alimentos podían conseguirse en las tiendas. Además, claro, de una gran variedad en bebidas: cervezas en latas o en botellas (entre 8 y 9 dólares), vino (11 dólares), gaseosas, jugos y agua por 4,50 dólares.

Siempre es tradicional el haka para los All Blacks, pero este tuvo un condimento especial porque se presentaba ante un público que nunca había recibido a estos verdaderos héroes del deporte neozelandés para un encuentro del Rugby Championship.

Con el correr de los minutos desde las tribunas empezó a bajar el clásico ritmo de "Soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar" que tomó mayor forma a medida que el equipo emparejaba las acciones dentro de la cancha. Del otro lado la respuesta llegaba con un simple: "¡All Blacks, All Blacks!". Se vieron banderas de Neuquén, Rawson, Puerto Madryn, Mar del Plata y Rosario. Inclusive, algunos uruguayos con las camisetas de Peñarol y Nacional.

A los 39 minutos del primer tiempo Steve Hansen comenzó a bajar lentamente de su cabina en la platea (presumiblemente con un discurso armado para el descanso), con su equipo arriba en el tanteador. Lo que no llegó a ver el entrenador de los neozelandeses fue el try de Nicolás Sánchez que colocó en ventaja a los argentinos y probablemente a Hansen le haya cambiado la charla técnica en el entretiempo. Con la algarabía por el marcador teñido de celeste y blanco sonó fuerte otro clásico: "¡Vamos Pumas vamos, ponga huevos que ganamos!". Los 22.118 espectadores quedaron azorados en esa primera parte, aún cuando en sus cabezas permaneciera la idea de que el milagro argentino difícilmente pudiera concretarse.

Antes, durante y después del partido los más afortunados lograron disfrutar del evento desde las lujosas -y recién estrenadas- suites de lujo, a los costados de las dos plateas. Allí hubo catering de todo tipo. Cada una de las habitaciones tiene espacio para 80 personas e incluso se pueden cerrar para acomodar a un grupo más pequeño en un ambiente íntimo. Desde el municipio las ofrecen para conferencias, convenciones e inclusive casamientos.

El Yarrow Stadium goza de varias particularidades. En 2009 fue considerado por la revista NZ Rugby World como el tercer mejor lugar en el mundo para ver un partido de rugby. Quedó por detrás del mítico Millennium Stadium en Cardiff y el Suncorp Stadium de Brisbane. Vale resaltarlo, el partido se puede ver en óptimas condiciones desde cualquier rincón. Además, la cancha posee tribunas de césped detrás de los ingoales. Un detalle que es común en este país. "Son muy bonitas y requieren de un cuidado especial", explicaron a LA NACION los encargados de la organización. Es cierto, con la lluvia que cayó durante todo el fin de semana en New Plymouth pudo observarse a varios espectadores con pequeñas lonas en el piso porque debajo del pasto había barro.

Ya en el cierre de la noche, con el triunfo neozelandés consumado, fue el tiempo de las selfies y la firma de autógrafos por parte de los protagonistas. En el camino que da acceso a los vestuarios desfilaron grandes estrellas del rugby como Kieran Red, Beauden Barrett y Sonny Bill Williams que respondieron a cada una de las inquietudes, principalmente de los niños.

En definitiva, esta pequeña ciudad tuvo su momento de gloria. En las pantallas de los televisores de los bares y restaurantes sólo figuraba un deporte: el rugby. En Nueva Plymouth no hubo espacio para Nadal, Del Potro, mucho menos para el fútbol. La ovalada es la preferida y como en cualquier rincón de este país el rugby cumple un papel fundamental en la vida de miles de sus habitantes con el valor añadido de producir un fuerte impacto económico. "Cada año este deporte le deja más de 7,5 millones de dólares neozelandeses a la economía de la región. Más del 5 por ciento de la población -unas 5.500 personas- está involucrada en el rugby, ya sea jugando, entrenando o arbitrando. Y unas 90 organizaciones están ligadas directamente al rugby. Todo esto muy importante en el movimiento de nuestra economía", explicó a LA NACION Stuart Trundles, de la secretaría de Turismo de Taranaki.

En 2009, la revista neozelandesa North & South nombró a Nueva Plymouth como la mejor ciudad del país. La describieron como "el lugar indicado para vivir, amar, trabajar y criar una familia". Un año antes, fue elegida en un congreso en China como la mejor localidad del mundo en el rango de 20.000 a 75.000 habitantes. Su progreso, resaltan, es diario. En algunos aspectos, asombró la puntillosidad de los encargados del partido entre los All Blacks y Los Pumas en cuanto a la organización. Siempre tuvieron todo bajo control y no quedó nada librado al azar. Entendieron mejor que nadie que al menos por un día, todos los ojos del mundo del rugby estuvieron depositados en su ciudad.

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