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Richard Coleman, al rescate del sonido del soul blanco

En su nuevo disco, que presenta el próximo fin de semana, el guitarrista buscó transitar por nuevos rumbos

Domingo 10 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Es una tarde compleja en la vida de Richard Coleman. Desde hace unos días duerme en su estudio, donde mudó el colchón para poder solucionar de cuajo unas filtraciones en el techo de su habitación. Por si fuera poco, viene de una ronda de entrevistas, ejercicio que para una persona que suele definirse, cuando menos, como "poco sociable", resulta un tanto abrumador. Pero lo que realmente hoy rebasó el vaso de su paciencia es que acaba de recibir el CD de su nuevo álbum, recién salido de la fábrica, con la portada mal impresa, con otros colores. "Trato de no resignarme, pero no puede ser. Es nuestra idiosincrasia, la manera de hacer las cosas a la que la mayoría lamentablemente está acostumbrado. Yo peleo todo el tiempo contra eso y trato de que las cosas salgan lo mejor posible. Y para eso hay que estar encima de cada detalle".

Ek ex Fricción y Certai, por nuevos rumbos
Ek ex Fricción y Certai, por nuevos rumbos.

"Pertenecer tiene su precio, pero ser independiente es más caro", canta Coleman como una suerte de profecía autocumplida, casi al cierre de su cuarto álbum de estudio como solista, F-Á-C-I-L. Un disco "groovero" que revisita su costado más funky bailable, pero blanco, cortante, "mal hecho" hasta se podría decir. El mismo groove con el que hace más de treinta años irrumpió en la escena al frente de Fricción, pero actualizado a estos tiempos digitales e hiperglobalizados.

"Cuando empecé a componer el disco estaba buscando un groove, una pulsión, algo que provocara movimientos involuntarios, digamos. Algo similar a lo que me provocaba escuchar discos viejos de los Talking Heads, mientras viajaba en el subte, colgado. Puntualmente, cada vez que ponía More Songs about Buildings and Food, movía la pata y sentía que me hacía bien. Me dieron ganas de meterme en eso, de provocar eso, algo que ya había visitado, pero que ahora quería continuar desarrollando: ese groove, que tiene que ver con cierta influencia o música que escuchaba de más pendejo, a principios de los 80, Gang of Four, Bow Wow Wow, los mismos Talking Heads, bastante de Chic, que era música de fiesta pero estaba buenísima. O incluso el Bowie de "Let's Dance", de "Young Americans", la música que tiene un pulso entre funk y soul, pero blanco, medio mal hecho, a la que le falta la sangre afro. Más fría"

La idea de Coleman era cambiar, refrescar su sonido y que la canción trascendiera al artista ("que cuando la escuchen digan «qué buena canción» y después pregunten de quién es, que no sea reconocible"). Con una voz y un toque de guitarra inconfundibles a esta altura de su carrera, la tarea de esconderse detrás de sus propios temas, de antemano, no parecía sencilla.

Suena el teléfono en el estudio/habitación de Coleman. Es uno de los responsables de que la tapa del disco haya salido mal impresa. "Perdoname, tengo que atender este llamado", dice y se refugia en la cocina para poder desahogarse a su antojo, sin testigos.

El estudio/habitación de su casa de toda la vida, en Villa Urquiza, luce como el de un eterno adolescente. Un póster gigante de la sensual Betty Page cuelga de una de las paredes junto a un bajo y una guitarra; casetes de Bowie, Fricción y Los Siete Delfines se apoyan sobre un cuadro de estética maya, justo al lado de una calcomanía de la disquería Amoeba de Los Ángeles y a la derecha del póster de The Head on the Door de The Cure, apoyado en el suelo. Hay pilas de libros por todas partes (de la Divina comedia, de Dante Allighieri, a Vida, de Keith Richards), fotos de un Coleman flaco y maquillado, una computadora y muchos parlantes. Aquí, allá y más allá también.

No es extraño entonces que su primer programa de radio (que conduce y musicaliza los lunes, por Nacional Rock) se llame Un lugar con parlantes, que a la vez linkea directo con aquella frase "llévame a un lugar con parlantes y que nos vuele la sonoridad", del tema "La excepción", de Gustavo Cerati, incluido en el disco que volvió a reunir a la dupla de amigos Coleman-Cerati en 2006: Ahí vamos.

"Me gusta que el sonido sea como un instrumento, eso siempre fue muy importante para mí", retoma una vez hecho su descargo por la portada fallida. "Y en este disco quería que el sonido tuviera carácter, que te lleve a un lugar". Con parlantes, muchos parlantes, por supuesto.

Coleman dice que con F-Á-C-I-L abrió otra zona, otro desvío dentro de su carrera y que esa sensación en el plano musical también intentó recrearla para las letras de las canciones. "Me propuse escribir las letras con otra estructura y cuando pensé que estos temas eran más rítmicos, se me apareció una estrategia nueva: si no son canciones, son temas bailables, ponele, éstos tienen que ser temas de frases, no que tuviesen un cuentito o un desarrollo lineal. Funcionó y les encontré una nueva musicalidad a las palabras, una sencillez que desde hace tiempo vengo buscando: tratar de decir ideas complejas con palabras sencillas. Como que lo poético está un poco velado, pero está".

Como en aquella serie de Batman de los años 60 que el pequeño Ricardo miraba en su infancia, el álbum que Coleman presentará el próximo viernes y sábado, en La Trastienda, tiene una "estrella invitada": Andrés Calamaro, el músico que en los años 80 le hizo escuchar por primera vez a Prince y a través de quien conoció personalmente a Charly García.

"A Juan Blas Caballero, productor del disco, le pareció que el tema «Días futuros» le encajaba perfecto a la voz de Andrés. Yo me reí, pero me encantó la idea, porque desde Vida cruel, en 1985, que no habíamos vuelto a grabar juntos. Ahí había un tema, «Fotos de ídolos», en el que yo cantaba con él y hasta hoy era la única grabación en la que aparecían nuestras dos voces. Además, me gustaba eso de ser los dos viejos lobos, más allá de las diferencias estéticas y de estilo de cada uno, de género si se quiere".

Richard Coleman

Presenta su nuevo álbum, F-Á-C-I-L

La Trastienda,Balcarce 460

Viernes 15 y sábado 16, a las 23.30

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