Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Corrupción: nuevo paradigma empresario

Es fundamental que los legisladores comprendan el delicado equilibrio que implica la redacción correcta de la ley de responsabilidad penal del sector

Domingo 10 de septiembre de 2017
0

La corrupción es un fenómeno que afecta a toda América latina. En los últimos tiempos, asistimos a la extradición del ex presidente Ricardo Martinelli de Panamá; a la condena a nueve años de cárcel al ex presidente Lula, de Brasil; a la prisión del ex primer mandatario Ollanta Humala, de Perú; a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff de Brasil; a la condena del parlamentario brasileño Eduardo Cunha, quien promovió la remoción de aquélla; a la investigación por corrupción al presidente Michel Temer, que la reemplazó; a la prisión del empresario más poderoso de Brasil, Marcelo Odebrecht, y al procesamiento de Cristina Fernández de Kirchner como jefa de una asociación ilícita para realizar negociaciones incompatibles con la función pública y lavado de activos.

Pero fue el estallido del caso Odebrecht en Brasil el que conmovió a toda la región por la decisión de la justicia de ese país de llegar hasta las últimas consecuencias, con el apoyo de la opinión pública, desencadenando un terremoto a nivel político y empresario como jamás había ocurrido en nuestros países. Se desató así un proceso de inestabilidad con grandes pérdidas de valor para toda la economía brasileña. No sólo para las compañías involucradas, sino también para toda la actividad privada, al impactar el riesgo país, las evaluaciones de las calificadoras y las cotizaciones bursátiles.

Como consecuencia, el problema de la corrupción y su antídoto, la transparencia, se han convertido en una prioridad en la agenda empresaria. Ya no es sólo un acápite más en el mission statement corporativo para cuidar la imagen, sino una forma de garantizar al inversor que su patrimonio es sólido, que no está sujeto a contingencias por hechos de corrupción y que sus resultados son sustentables, no dependientes de favores gubernamentales. Para ello, se adoptan manuales de mejores prácticas y fiscalización de cumplimiento, más allá de las exigencias regulatorias. Estas rutinas y protocolos pueden ser indispensables para eximir de responsabilidad penal a las empresas cuando sus funcionarios los violan.

Así como la "responsabilidad social empresaria" hace levantar la mirada por encima de la cuenta de resultados y la protección del medio ambiente condiciona los procesos productivos, ahora la demanda de transparencia en los negocios encabeza las agendas de las juntas directivas, de las asambleas de accionistas y de las diligencias de auditoría.

En una reciente reunión en Buenos Aires del Consejo Empresarial de América Latina, que comprende a más de 500 dirigentes de compañías desde México hasta Tierra del Fuego, se debatió el rol de los empresarios frente a ese desafío, con todas sus difíciles aristas, desde los dilemas cuando los funcionarios extorsionan, hasta las disyuntivas cuando los competidores corrompen.

Además de distinguidos líderes de la región, participaron como expositores desde la directora de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, hasta el ex fiscal federal Luis Moreno Ocampo.

Con un alto grado de franqueza se concluyó que la corrupción sistémica afecta negativamente la gestión empresaria. No se puede competir contra quienes corrompen, no sólo en el universo de la contratación pública, sino también cuando existen organismos estatales que, tentados por sobornos, podrían desequilibrar la competitividad de unos en perjuicio de otros. Pueden ser las agencias fiscales, las aduanas, quienes otorgan licencias, exenciones, subsidios o créditos blandos, las reparticiones que controlan los precios y hasta los mismos sindicatos.

También se juzgó indispensable que el sector privado se comprometa con seriedad, pues si dejase esta cuestión exclusivamente en manos del Estado se expone a nuevos abusos, pues las cruzadas contra la corrupción, cuando la empuñan funcionarios aviesos, pueden utilizarse para extorsionar empresarios y generar aún más corrupción.

El mayor problema que se plantea al empresario individual es que no puede actuar en forma aislada, pues eso lo convierte en blanco para la persecución por parte de quienes fuesen afectados por sus denuncias, tanto desde el Gobierno, como por parte de competidores inescrupulosos.

Las empresas honestas no están formadas para entablar gestas individuales contra grupos de interés o políticos corruptos. Y, mucho menos, para defenderse de contraataques injustificados como las inspecciones fiscales abusivas, las denuncias fraguadas o los escándalos mediáticos, como lamentablemente existieron en nuestro país durante el kirchnerismo.

Este mismo debate se plantea ahora en la Argentina a raíz del proyecto de ley de responsabilidad penal empresaria, que ya cuenta con la aprobación de la Cámara de Diputados, con cambios que han desnaturalizado la versión original. Desde estas columnas hemos señalado que esa norma debería tener la virtud de modificar los incentivos para que, en el futuro, por convicción o por temor, las empresas hagan de la probidad una prioridad corporativa, formando a sus empleados con programas de integridad y abriéndose a colaborar con las autoridades.

Conforme la propuesta del Poder Ejecutivo, dichos esfuerzos internos podían excluir la responsabilidad o mitigar las sanciones si aquéllas hubieran colaborado en la prevención y detección de los actos impropios. Sin embargo, esa posibilidad ha sido eliminada por Diputados, generando gran preocupación en las cámaras empresarias, que solicitan que se retome la redacción original eximiendo de penas cuando haya programas serios de integridad. La nueva redacción, que incluye no solamente los delitos contra la administración pública, sino toda clase de delitos, ha creado una suerte de responsabilidad objetiva, contraria a los principios básicos del derecho penal y que puede convertirse en una nueva ley de abastecimiento para perseguir a las empresas en forma arbitraria, según las necesidades políticas e ideología de los funcionarios.

La norma incluye la figura del "acuerdo de colaboración eficaz" para proteger al denunciante de consecuencias no deseadas causadas por su aporte al esclarecimiento de un hecho irregular. Es equivalente a la figura del arrepentido en las personas físicas, de modo que, si devuelve el dinero por el delito que se acusa o brinda información, puede tener una reducción de condena, aunque nunca podrá ser eximido de prisión.

Si bien el sector empresario apoya el dictado de una ley de responsabilidad penal empresaria, correctamente tipificada y sin espacio para su manejo arbitrario, el principal temor que plantea es su utilización política, pues desde que Domingo Cavallo inmortalizara a los "jueces de la servilleta" del ex ministro menemista Carlos Corach, no ha habido cambios sustanciales en el Poder Judicial para garantizar una administración objetiva y proba de este potente instrumento que incluirá a las personas jurídicas en el ámbito del derecho penal.

Es fundamental que los legisladores comprendan el delicado equilibrio que implica la redacción correcta de esta norma, pues deben tener en cuenta la larga historia argentina en materia de violación de derechos constitucionales, ruptura de contratos e inseguridad jurídica. El texto final debe actuar como catalizador para la mejora de las prácticas empresarias y como incentivo para que la transparencia sea una prioridad corporativa. Pero de ninguna manera debe reflejar la proverbial animosidad del populismo vernáculo contra el capitalismo, la inversión privada y el rol del empresario como creador de riqueza genuina.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas