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BAHIA

Hay tres deseos para cada viajero

Turismo

Nadie puede olvidarse de su paso por la noche bahiana ni dejar de asombrarse con el arte y la cultura, expuestos en las vidrieras o sobre las mesitas con manjares ofrecidos por mujeres vestidas de blanco

SALVADOR DE BAHIA, Brasil.- No es un secreto que el viajero que llega por primera vez a Bahía tiene una vasta serie de opciones para comenzar su recorrido. Sin embargo, si se pregunta a cualquier bahiano por dónde debe iniciarse un paseo diurno, la respuesta será previsible: el Pelourinho.

Todo lo típico se encuentra allí, a la vista, en plena calle o en las vidrieras. Los amantes del placer de llevarse recuerdos a casa tienen en este barrio lugares como Atelier 7 y O Tempo, en los números 7 y 9 del Largo do Pelourinho, respectivamente, donde hallarán desde cuadros hasta esculturas en madera y toda clase de artesanías que forman parte del folklore lugareño. Las joyas de plata y las piedras preciosas son un clásico de la zona y un excelente lugar para buscarlas es Smeg Gems, sobre la plaza José de Alencar.

Tras pasar una mañana gastando dinero y ejercitando el arte del regateo en las tiendas de ropa y souvenirs -no vale la pena esforzarse en las joyerías ni en los comercios en los que se venden las grandes marcas internacionales-, el almuerzo con sabor tradicional tiene un punto casi obligado: el restaurante del Senac, en el 17 del mismo Largo do Pelourinho, donde se ofrecen cuarenta especialidades bahianas y los precios no son demasiado altos. En el mismo predio funciona el Museo de las Puertas de Carmo, que era un antiguo punto de defensa de la ciudad.

Claro que si se prefiere ahorrar en la comida, los pequeños restaurantes y las mesitas de vendedoras de comida al paso son ideales.

Obviamente, en el centro histórico -donde parecen renacer las descripciones de Jorge Amado y se filmaron películas como Doña Flor y sus dos maridos- también hay posibilidades de conseguir un buen alojamiento. Un hotel recomendable tiene el nada original nombre de Pelourinho y se encuentra en la calle Alfredo Brito número 20.

Ya por la tarde y en plan de compras, el Centro Comercial Iguatemí, junto a la estación de ómnibus de la ciudad, reúne todo aquello que se pueda buscar. En realidad, los precios suelen ser más altos que los de la Argentina y la calidad no supera a la criolla.

Pese a que el folklore bahiano se encuentra en todos los rincones, hay cosas que no son legítimas. Por ejemplo, la capoeira no siempre responde a las tradiciones. Para ser testigo de una buena demostración de esta mezcla de baile con arte marcial, algunos entendidos aseguran que quien presencie el ritual en la academia de Joao Pequeño de Pastinha, en el Largo de Santo Antonio, o en la academia de Capoeira Angola, en la calle Seabra 354 de la Baixa dos Sapateiros, no saldrá decepcionado y, aunque no lo sepa a ciencia cierta, habrá estado observando verdaderos capoeristas en plena faena y disfrutado del sonido del berimbau ejecutado por expertos.

En una ciudad como ésta, dividida en parte alta y baja, los elevadores son un atractivo muy particular. El Lacerda, construido en 1930 y considerado el mayor del mundo, dejará al viajero en las inmediaciones del Mercado Modelo que en la plaza Cayru funciona en el predio de la vieja aduana e integra una gran cantidad de tiendas de artesanías que vale la pena visitar aun si la compulsión por las compras ya ha desaparecido.

Bahía de noche


La noche bahiana tiene encantos especiales. Los bares suelen estar repletos, pero son tantos que siempre habrá una mesa libre en alguno de ellos. La elegante zona de Río Vermelho es uno de los puntos de concentración para el jolgorio nocturno, aunque los mejores sitios están casi siempre relacionados con alguno de los muy buenos hoteles que se encuentran por allí.

El bar Canoa, del Meridien, es uno de los mejores, con música en vivo, al igual que el Berimbau, en el hotel Othon Palace. Muy cerca y especial para los fanáticos del jazz, O Vagao (en la calle Almirante Barroso 315) es una excelente opción.

La zona de Porto da Barra es otro de los paraísos para noctámbulos y sibaritas que hay. Llamada en sus orígenes Vila Velha, fue aquí donde comenzó la historia de Salvador. En sus alrededores desembarcó el primer gobernador general Thomé de Souza.

Byblos, especializado en frutos de mar, y Berro d´Agua, ambos en la calle Barao de Sergy, y Batakao, sobre la avenida Presidente Vargas, tienen todos los ingredientes necesarios para que el viajero no quiera que la noche no termine nunca en Barra.

Pero quien busque comida, diversión, música, espectáculo y alegría bahiana, todo en un solo lugar, no puede dejar de ir a la Tenda dos Milagres, en la avenida Amaralina 553. Los propios pobladores locales aseguran que allí se encuentran los mejores sambistas de Bahía y que las mulatas tienen un aire a Iemanjá, la diosa del mar. Candomblé, maculelé, samba de roda y un concurso de samba en el que el viajero habrá de bailar con mulatas inolvidables son algunas de las vivencias de los que pasen por allí.

Para ir de un lugar a otro, el auto alquilado es la mejor manera, ya que no siempre resulta sencillo, especialmente por la noche, conocer los códigos del transporte público local. Los taxis son caros, entre otras cosas porque Salvador es una ciudad extensa.

No debe tener prejuicios el visitante al tomar contacto con los bahianos, personas extrovertidas que entablan rápidamente conversación, pero como en cualquier gran ciudad frecuentada por millones de turistas, no es conveniente hacer alarde de joyas, relojes ostentosos ni dinero. En ese sentido, lo mejor es pasar inadvertido.

La vida cultural de Bahía es otro de sus rasgos sobresalientes. Y como la demanda muchas veces supera a la oferta, conviene reservar entradas antes de ir a ver un espectáculo. Prácticamente en todos los hoteles de la ciudad hay guías que señalan con detalle las atracciones de la semana o del mes.

Un capítulo aparte merecen las iglesias, que son tantas y diversas que es imposible terminar de recorrerlas en un solo viaje, salvo que la estada prevista sea prolongada. De todas formas, no es lógico irse de Bahía sin haber entrado en la iglesia de Nuestra Señora de Bonfim, sede del Señor de Bonfim que es el santo más popular.

Es en este lugar donde los fieles y los que no lo son se atan una cinta en la muñeca mientras piden tres deseos. La leyenda indica que éstos se cumplirán cuando la cinta se caiga por sí misma.

Dicen los hijos de la ciudad que casi siempre, para los extranjeros, uno de esos deseos es volver a Bahía.

Recetas afrobahianas

SALVADOR DE BAHIA, Brasil.-Los olores son fuertes, es cierto, pero qué decir del gusto de las cosas en Bahía. No serán sabores conocidos ni simples. "Realmente es trabajosa y difícil esta cocina afrobahiana que marca tan agudamente la nación de Bahía. Tenemos una cocina nuestra, llegada del Africa de los negros, mezclada aquí por los portugueses. Comidas con sonoros nombres africanos y un sabor peculiar de aceite de dendé y pimienta". Palabra de Jorge Amado.

No es el gusto al que están acostumbrados los viajeros argentinos. Tiene personalidad y orígenes extraños al paladar criollo. Se encuentran en muchos lugares de la ciudad de Bahía. No precisamente en los restaurantes lujosos incorporados al circuito turístico, pero sí en las cercanías. Aun en la calle es posible probar el sabor bahiano apenas con la sombra de Portugal apenas insinuada.

El ximxim de gallina que comió el viajero fue descripto por Amado: "Según los entendidos, la gallina debe ser negra, aunque eso no nos parezca esencial. Lo esencial es que se cocine la gallina en poca agua, con sal, camarones secos pelados y rallados, salsa de tomate, cebolla y pimienta.

Se mezcla entonces con aceite de dendé y se va colocando agua mientas la gallina se está cocinando. Cuando está cocida se agregan dos tazas de aceite de dendé. Se recalienta y se sirve". Ya está. Nada más que eso.

Las bebidas hacen honor a los ancestros. "La bebida clásica de los camdomblés es muy fácil de hacer. Se pelan unos cuantos ananás, se coloca la cáscara en agua, se tapa la vasija y se deja la infusión durante algunos días.

Después de colarla se agrega el azúcar": esta receta, cuyo resultado es conocido como aluá, es una de las que menciona Jorge Amado en su artículo Recetas de algunas comidas afrobahianas.

Sabor y arte en la cocina

Las cocadas que los viajeros consumen al paso también son descubiertas al mundo por los textos del escritor. La cocada blanca: "Se pela y se ralla el coco mientras se pone el azúcar a cocinar en agua. Cuando el azúcar da el punto se mezcla el coco rallado y la leche de coco".

La cocada puxa: "No es necesario pelar el coco. Se mezcla con la leche y el coco rallado un poco de harina de mandioca para unir. Se deja el azúcar quemar en el fuego para dar color".

La única manera de acercarse al mundo de la Escuela Culinaria Sabor y Arte, que en la ficción manejaba Doña Flor y en la vida real regentean mujeres ignotas, es espiar las habilidades de esas mujeres vestidas de blanco que se paran en la calle frente a una mesita baja en la que un calentador hace las veces de improvisada cocina y otra mesita funciona como pequeño mostrador para que las personas de paso se tienten con sus artesanías comestibles, algo que siempre sucede.

En todos los rincones del Estado de Bahía, y especialmente en Salvador, las comidas son una parte esencial de la cultura y de las costumbres. .

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