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En Oaxaca, un paisaje desolador tras el sismo

Con 36 muertos y severos daños, Juchitán fue la ciudad más afectada; Peña Nieto visitó la zona y prometió ayuda

Domingo 10 de septiembre de 2017
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JUCHITÁN, México.- Bastaron dos minutos para que esta ciudad de 100.000 habitantes y aire colonial perdiera los históricos edificios que la distinguían y se sumergiera, como ninguna, en las sombras y el luto.

Pe?a Nieto visitó ayer Juchitán, la ciudad más castigada por el sismo
Pe?a Nieto visitó ayer Juchitán, la ciudad más castigada por el sismo. Foto: AFP

Con 36 muertos, Juchitán fue la más castigada por el terremoto que dejó 65 víctimas fatales y decenas de miles de damnificados en los vulnerables estados del sur del país (Oaxaca, Chiapas y Tabasco).

Durante esos interminables minutos del jueves a la noche, el estruendo de las casas al colapsar, la sacudida de los árboles y el ruido de objetos al estrellarse se confundieron con los ladridos de los perros, los gritos y la desesperación. Luego, el silencio y la desolación. Era casi la medianoche y la oscuridad se impuso como nunca en Juchitán (ubicada en Oaxaca) y otras localidades de la zona.

A la luz del día, en cada cuadra había un legado de edificios y casas derrumbadas. Como la casa de la señora Guadalupe, una maestra de 55 años que se salvó por segundos. "Estaba con mi hijo haciendo la tarea -relató-. Tenía que escribir el nombre de unos animales. Uno era una cotorra de plumas brillantes, de las de Venezuela. Y entonces empezó a temblar. Agarré a mi hijo y nos metimos debajo del arco. Y justo se cayó el techo."

Juchitán está muy cerca del mar, a poco más de 100 kilómetros del epicentro del sismo. Cincuenta de los 128 millones de mexicanos sintieron el temblor. En Ciudad de México, los vecinos escucharon el estridente aviso del alerta sísmico. Hace años que la capital instaló cientos de altavoces para avisar de los terremotos. Es uno de los efectos del devastador sismo de 1985, que dejó más de 10.000 muertos y una sociedad atenta de por vida.

Tembló tan fuerte en la capital que hasta el Ángel de la Independencia, una estatua elevada sobre una columna de casi 100 metros, uno de los monumentos principales de la ciudad, se tambaleó como una espiga de trigo a campo abierto.

En los estados sureños se notó todavía más. Y lo peor es que tomó a todo el mundo por sorpresa. Sin experiencias similares a las de la capital, la gente no tenía una idea clara de lo que pasaba. Pero no necesitaron alarmas, sino su propio saber para buscar protección bajo el marco de las puertas o correr al aire libre, mientras veían derrumbarse los techos y paredes de sus hogares y de los edificios que les daban tradición e identidad.

Por lo menos una tercera parte de las casas de Juchitán se derrumbaron o quedaron en condiciones imposibles de habitar.

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Hacia allí, el epicentro del dolor y la tragedia que sufrió México, viajó ayer el presidente Enrique Peña Nieto. Prometió en Juchitán que el gobierno ayudará a reconstruir las casas destruidas, ordenó tres días de luto nacional y prometió hacer un censo para conocer la magnitud del desastre y normalizar lo antes posible los servicios de agua potable y electricidad en la región.

Anteayer al mediodía, 12 horas después de que la tierra estremeciera al país, una zona del centro de Juchitán se había convertido en un mercado ambulante. Pero eran pocos los alimentos que se vendían comparado con la cantidad de flores y coronas fúnebres que se llevaban familiares y amigos para rendir tributo a las víctimas del sismo, el más fuerte en el país en los últimos 85 años.

Muchos vecinos de la ciudad, cansados y temerosos, pasaron la noche en la calle por la persistencia de las réplicas, que hacían crujir las construcciones. Fueron más de 700 remezones. Algunos fueron leves; otros, inquietantes. Sin casa, ni agua, ni comida, nada podía ser peor para una población que se encontró a merced de la naturaleza.

"Los víveres vienen en camino", decía un militar, enviado a mantener el orden y ayudar en los rescates, a los vecinos congregados en la zona del mercado. Los pocos comercios abiertos mantenían las cortinas cerradas por miedo al descontrol y los saqueos, y atendían desde las ventanillas las largas colas que se formaron desde temprano.

A esa altura, los socorristas daban por concluida su tarea para dar paso a la maquinaria pesada que debía recoger los escombros y empezar las tareas de limpieza. "Ya no queda nadie bajo los escombros", dijo Roberto Alonso, el jefe de la brigada. "La mayoría fue rescatada casi inmediatamente por familiares y vecinos", añadió.

El huracán Katia impacta en el Golfo de México

El huracán Katia, de categoría 1, tocó ayer tierra mexicana sobre el Golfo de México, al cerrar una sucesión de fenómenos naturales que golpeó al país en menos de una semana, entre ellos el sismo que sacudió la costa del Pacífico.

Degradado a tormenta tropical al entrar en contacto con una cadena montañosa, Katia dejó hasta el momento miles de damnificados y dos muertos debido a un deslizamiento de tierra en Xalapa, capital de Veracruz.

"Seguirá lloviendo, el terreno está reblandecido y no debemos correr riesgos. Tenemos que desalojar en el momento que lo requieran", dijo e el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes.

Agencias AFP, DPA, ANSA y diario El País

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