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El torneo de la URBA: las infracciones en el scrum siguen siendo un dilema sin solución

Belgrano venció con justicia 24-3 al SIC y lo desplazó del segundo puesto, pero el espectáculo se vio desvirtuado por las excesiva faltas

Domingo 10 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Belgrano Athletic vs. SIC
Belgrano Athletic vs. SIC. Foto: Hernán Zenteno

Aquellos que desafiaron el aguacero con el afán de ser recompensados con un duelo atractivo entre segundo y tercero se fueron decepcionados. La lluvia no propiciaba un gran encuentro, es cierto, pero fue la reiteración de infracciones lo que desvirtuó el espectáculo. Cada scrum terminaba en penal, cada sanción era protestada con incredulidad por el equipo infractor. La parcialidad de Belgrano acaso se haya ido conforme habiendo forzado ocho penales del SIC en esa formación, clave en la victoria 24-3. Pero no el espectador neutral.

Belgrano alcanzó su quinto triunfo consecutivo y desplazó al SIC de la segunda colocación del Top 12 de la URBA, disputada la 16ª fecha, en una gran actuación que excede a lo sucedido en el scrum, ya que sus forwards dominaron al pack rival y se adaptaron mejor al barro. El SIC, en cambio, cometió infinidad de knok-ons y fue extrañamente indisciplinado (22 penales en total).

Hay que remarcar, que tres de los cuatro tries del Marrón vinieron de penales ganados con el scrum. En total hubo 11 penales en esa formación (ocho para Belgrano y tres para el SIC), dos free-kicks (uno por lado) y una amarilla, para el pilar del SIC Francisco Piccinini. Se esperaba otra exhibición de dos de los mejores scrums de la Argentina.

Al margen de lo ocurrido ayer en Belgrano R, se trata de una tendencia que se observa fecha a fecha en el rugby de Buenos Aires: exceso de penales, exceso de tarjetas, partidos que se desvirtúan por una formación cuya finalidad debería ser el relanzamiento del juego. Las medidas adoptadas a fines de 2016 ante la seguidilla de lesiones graves ocurridas en torno a la formación parecen haber cumplido el objetivo primario de aportarle seguridad al juego. Sin embargo, no alcanzan para garantizar una disputa justa. La sensación es que los árbitros adquieren una preponderancia excesiva y muchas veces determinante. Aquí no se trata de caerle a Federico Cuesta, el encargado de impartir justicia ayer, uno de los mejores y más experimentados de la URBA, sino de revisar la forma y el concepto con que se sanciona el scrum.

La amonestación a Piccinini es un claro ejemplo de la falta de discresión: fue sancionado en el scrum más estable que hubo en el partido, a instancias del juez de touch.

"Es difícil cuando cada árbitro tiene su propio criterio. Un sábado cobran una cosa, al sábado siguiente otra", opinó el capitán del SIC con ánimo constructivo. "No me gusta cómo se está cobrando. Entiendo que es difícil cuando en este país hay una cultura fuerte del scrum, pero la URBA debería hacer un mejor trabajo para unificar criterios."

Francisco Ferronato, pilar de Belgrano, agregó: "Es difícil para un árbitro ver las infracciones. Belgrano y el SIC son dos equipos que les gusta jugar el scrum. Tenemos que ponernos de acuerdo y arreglar entre todos: jugadores, árbitros, dirigentes, entrenadores".

Una buena medida para al menos atenuar la cantidad de infracciones podría ser suprimir los penales en el scrum. Que todas las infracciones sean free-kicks. Superficialmente, esto parecería beneficiar a los infractores. "Si soy dominado, me conviene derrumbar, total el castigo no es tan grave", tendería uno a pensar. Pero si se la analiza más en profundidad se advertirá que no sólo beneficiaría al juego sino que también aportaría justicia. En primer lugar, los equipos no buscarían sacar tanto rédito de esa formación, ya que un free-kick no es tan beneficioso como un penal. El dominio del scrum seguiría siendo esencial pero antes como plataforma de lanzamiento. En segundo lugar, le quitaría preponderancia al criterio discrecional del árbitro, muchas veces determinante en el desenlace. "Sólo saben qué pasa adentro de un scrum los seis primeras líneas involucrados", reza un axioma popular. Si esto es cierto, ganar un partido por un penal mal cobrado es un premio excesivo. No influyó en el resultado ayer, ya que la victoria de Belgrano fue inobjetable, pero sí en el desarrollo del partido.

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