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Juan Escola: "Nosotros vamos a cara descubierta; esta gente está encapuchada y es agresiva"

El jefe del operativo de Gendarmería en la ruta 40 dice que lo que pasó fue "totalmente atípico"

Domingo 10 de septiembre de 2017
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LA NACION
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EL BOLSÓN.- Hace semanas que el segundo jefe del Escuadrón de Esquel, Juan Pablo Escola, el gendarme a cargo del operativo del 1° de agosto, vive dentro de un escuadrón. En los últimos días, debió enfrentar los protocolos internos, con interrogatorios durísimos, en los que durante horas relató infinidad de veces qué hizo el día en que Santiago Maldonado desapareció. Según fuentes del Ministerio de Seguridad, ni él ni ningún otro gendarme incurrieron en contradicciones. Escola fue el primero de esa fuerza en declarar ante el juez federal Guido Otranto el lunes pasado. Al hombre se lo ve sensibilizado, en un equilibrio emocional por momentos inestable. Pero también se lo ve firme en su defensa de que la Gendarmería no agredió ni detuvo al joven tatuador.

Foto: Santiago Hafford

"A uno le pesa ser el jefe del operativo, pero yo duermo tranquilo -dice Escola, de 45 años-. Todo lo que yo hice fue dentro del marco de la ley. Estuve en el lugar al que me ordenaron ir y cumplí con mi deber conforme a la ley, con los medios que tenía y con el personal a mi cargo. Creo que todo esto es algo que excede a lo institucional. Nosotros somos gente de bien, tenemos familia y estamos sufriendo una situación injusta y fuera de lo normal".

-Hubo un viraje en la causa... ¿Qué puede haber pasado con Maldonado en el río?

-Desconozco, yo no llegué al río, sino hasta el límite de una depresión en el terreno y desde allí ordené el repliegue del personal hacia la casilla de guardia, por riesgo a lesiones y agresiones. Ninguno portaba armas de puño; no todos tenían cascos o chalecos y sólo algunos llevaban bastones. Las dos Ranger y el Eurocargo nunca se movieron de la casilla. No podían descender hasta el río porque la depresión es muy abrupta y hubieran quedado empantanadas. Tampoco tenía sentido que los hombres bajaran a pie hasta allí.

-¿El gendarme Emmanuel Echazú fue el que más avanzó? ¿Hubo heridos dentro del predio?

-No sé quién fue el que más avanzó. Las lesiones fueron en la ruta. Echazú estaba conmigo al inicio del avance, cuando vuelven a cortar la ruta y sale un Chevrolet Onix (con Nicolás Huala y dos mujeres) del lof. En cada uno de los extremos de nuestra hilera había dos escopetas y otra en el medio con munición antitumulto. Recibíamos muchas pedradas de frente y desde un lateral en el interior del predio. Yo iba en el centro, adelante con Echazú. Una piedra me pegó de frente en el casco y me cubrí la cara con el antebrazo, ya que la zona de muerte es la nariz y los pómulos. Ocupamos el ancho de la cinta asfáltica, avanzamos y logramos despejar la ruta. A Yañez lo hirieron cuando llegamos a la tranquera. Todo sucedió en fracción de segundos. Y la agresión no duró más de 15 o 20 minutos

-¿Por qué deja de grabar el gendarme?

-Porque recibe un piedrazo y se asustó. Simultáneamente, a Echazú lo asiste un enfermero y a Yáñez lo llevan en un vehículo al hospital.

-¿Pudo haber habido algún enfrentamiento o disparo a corta distancia en la orilla del río, o en algunos de los caminos laterales que existen dentro del predio, que usted no hubiera visto?

-Yo me quedé arriba. No puedo hablar sobre supuestos que se evalúan en la Justicia y en la fuerza. Sí le aseguro que yo no observé nada de eso. La razón por la que no hubo contacto físico es, primero, por la cantidad de piedras que lanzaban y que llevaban en morrales y, luego, porque ellos necesitaban tomar distancia para lanzarlas con sus hondas. Las postas de goma tienen un alcance no mayor a 15 metros y nosotros estuvimos por lo menos al doble de esa distancia.

-¿Pero usted se quedó arriba?

Sí, pero si algo hubiera pasado, lo sabría. Soy jefe, pero no encubro delitos. Nosotros vamos a cara descubierta, con el nombre estampado en el pecho y esta gente está encapuchada, es extremadamente agresiva y si bien eran pocos, el diámetro de las piedras arrojadas a mucha velocidad fue muy imponente. Hubo una correspondencia de delitos: interrupción de una ruta, atentado y resistencia a la autoridad, lesiones con triple fractura de pómulo en uno, y fractura e hundimiento de cráneo en otro (ver página 14). Nuestro deber era actuar, si no lo hacíamos, nos procesan.

-¿Les quemaron una carpa y pertenencias a los mapuches?

-No. Había dos fogatas en el lugar. En una estaban las dos mujeres y sus hijos. No hubo ninguna situación extraña. Todo fue tranquilo y normal. Lo que sí me llamó la atención fue que enseguida llegaron organismos de derechos humanos, periodistas y gente que adhiere al RAM. Si hubiera habido algo extraño, alguno se hubiera quejado, cosa que no ocurrió.

-¿Por qué a Echazú, estando tan lesionado, se le encarga realizar el acta cuando todo finaliza?

Yo le pregunté, y él aceptó y le di la orden para que la labrara. Se debía consignar que en una de las mochilas encontramos una cédula chilena, tres teléfonos, dinero, un reglamento de guerra, con cuestiones técnicas y de instrucción. Eso me llamó mucho la atención. No es que estábamos ante manifestantes con reclamos sociales o salarial. Había bombas molotov, bidones de combustible, machetes, motosierras, pinzas para cortar metal. Y ahí nunca se trabajó la tierra.

-Un testigo denunció que la Gendarmería los alumbraba y les disparaba a la madrugada.

-Eso no es así. La gente de Esquel concurrió entre las 2 y 3 de la mañana en apoyo del escuadrón de El Bolsón. Todos nos apostamos en el cruce de rutas. Que a mí me conste, no sucedió nada. La noche era muy cerrada y oscura, pero logramos despejar las piedras, troncos y vidrios de la ruta. Hacía -15°, caminamos varios kilómetros, no podíamos ni abrir la boca, nos temblaba la carretilla. Pero levantamos los obstáculos y enseguida nos retiramos al cruce.

-¿Cuál ha sido la relación entre la Gendarmería y los mapuches?

No hay ningún tipo de animosidad. Nosotros vamos y hacemos cumplir la ley, conforme a lo que nos ordena el juez, del mejor modo posible y con el menor daño posible. Hacemos cursos de derechos humanos, uso racional de la fuerza y nadie se excedió. Cumplimos una orden judicial. El personal en esta zona es tranquilo. Lo que sucedió es totalmente atípico.

-¿Qué piensa que puede haber pasado con Maldonado?

-Mire, no encontramos ningún indicio de que ese muchacho haya estado allí. Yo me pongo en el lugar de la familia y sé que es doloroso. Tengo tres hijos. Todos queremos que aparezca; entendemos que una persona no puede desaparecer y menos en estas circunstancias. Le garantizo, como declaré en el juzgado, que como jefe del operativo no vi nada. Nuestro espíritu de cuerpo es que cuando se cae un camarada, uno lo levanta, pero no se encubre un delito.

-¿Qué piensa de la investigación judicial?

-Todo lo que estamos viviendo es muy injusto. Mire, llego un día a mi escuadrón y está la Policía Federal allanando. Nos secuestran todas las computadoras de la unidad, todos los celulares laborales y particulares, documentación, libros de guardia, cámara fotográficas, filmadoras, registros, que no han sido adulterados, verifican los vehículos. ¿Qué más quieren hacer? No tenemos nada que ocultar.

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