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Esteban Bullrich: el hombre que tiene el desafío de frenar el regreso de Cristina

En el máximo reto de su carrera, el candidato de Cambiemos recorre la provincia y confía en que la gente apoyará la transformación; percibe que en los barrios marginales hay mucha desconfianza en la política

Domingo 10 de septiembre de 2017
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LA NACION
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El teléfono rojo no para de vibrar. Esteban Bullrich lo lleva siempre encima. No lo suelta. No es una línea directa con Jaime Durán Barba, pero él jura que es un arma muy efectiva: es el teléfono destinado a recibir pedidos de la gente vía WhatsApp. Según sus cálculos, ya lo tienen "cientos de miles de personas".

Las selfies, casi una pasión de Esteban Bullrich durante sus recorridas
Las selfies, casi una pasión de Esteban Bullrich durante sus recorridas. Foto: LA NACION

"Anotalo: 1150025656". Durante el día en que LA NACION acompañó a Bullrich en su gira por Bragado y Chacabuco se lo dio a una decena de maestras; lo repitió en tres radios y lo dictó para un canal de TV. Es media tarde y tiene 1202 mensajes pendientes.

No es mucho para el reto que enfrenta. Después de haber sido ministro y diputado, transita el mayor desafío de su carrera política. Carga sobre sus hombros con el peso de una campaña que puede definir el futuro de la Argentina. El resultado sembrará el camino para el regreso de Cristina Kirchner al poder o marcará el final de su carrera política. Bullrich podría quedar en la historia.

A pesar de eso, dice que "casi no siente el peso" de ser el primer candidato a senador por la provincia de Buenos Aires y que tener enfrente a Cristina Kirchner no es algo que tome como un desafío individual porque es parte de un equipo. "En todo caso -explica- se reafirma la alternativa: es la transformación o mirar hacia atrás".

Fue la noche de las PASO, ya en su casa, cuando Bullrich tomó real dimensión de su rol. "Cuando vi en el televisor que los resultados los ponían con las dos caritas", se sonríe.

A pesar de la derrota ajustada en las PASO, Bullrich se muestra convencido de que la gente quiere una "transformación", incluso los que no los votaron, y que el desafío es llegar a más personas. En los lugares más pobres es donde peor le fue a Cambiemos, pero Bullrich prefiere ver el vaso medio lleno: incluso donde peor estuvieron, repite, sacaron más votos que en las PASO de 2015.

"En los lugares más marginales, más pobres, creo que hay un problema de confianza. Por los años de abandono no creen en la política", dice. Eso, sumado a una "barrera ideológica" que admite que hace que muchos no los quieran.

Bullrich estira las piernas sobre el asiento delantero de la camioneta y se pone los anteojos. Mira su teléfono rojo. "Tuve un ACV y estoy sin sueldo y sin obra social. Tengo más de 30 años como maestra titular. Finocchiaro [Alejandro, sucesor de Bullrich como ministro] no me atendió y la gestión anterior tampoco", dice el último mensaje que llegó. Cuando está de gira, los contesta entre pueblo y pueblo.

Para el camino tiene también en el apoyabrazos The Gatekeepers, un libro en inglés sobre los jefes de gabinete de la Casa Blanca. En el bolsillo del jean lleva siempre un rosario. "Rezo mucho en el auto. Es un momento del día que me hace mucho bien. Un rosario te puede llevar 15 o 20 minutos máximo", cuenta. Bullrich es católico practicante. Va a misa todos los domingos y se confiesa "regularmente" y tiene una guía espiritual.

"Sí o sí hay que contestar todos los mensajes", dice. Jura que cuando era ministro de Educación dedicaba una hora por día a responder. Los que no llega a contestar, los deriva a su equipo. Ellos le regalaron la funda roja.

Bullrich viaja con un encargado de discurso, una persona dedicada a la prensa, una asesora y dos responsables de la logística. Además, lo acompañan un productor, un fotógrafo y un camarógrafo del grupo de campaña de la provincia. A ellos se sumaron dos custodios, que van adelante, compartiendo la primera fila con el chofer de la camioneta. "Lamentablemente", dice él. Asegura que preferiría ir sin ellos, pero que fue una orden de la jueza de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, después de que lo amenazó el novio de una chica que encontró en el teléfono de ella el número de Bullrich y pensó que se trataba de un amante.

En todas las charlas que tiene en Bragado y Chacabuco, Bullrich nombra a "Mauricio", pero como el resto de los candidatos, de quien más habla es de "María Eugenia". Vidal es la verdadera protagonista de la campaña a pesar de que Bullrich es quien pone el nombre en la boleta. Sostiene que esa centralidad que asumió Vidal no le molesta sino todo lo contrario. "María Eugenia lidera", afirma.

En Bragado y Chacabuco, la actividad de Bullrich fue un adelanto del nuevo plan de campaña, de cara a octubre, una campaña segmentada, donde cada uno de los cinco candidatos principales de Cambiemos se focalizará en su tema más fuerte; en el caso de Bullrich, la educación.

Como todavía no empezó formalmente la campaña, en este viaje Bullrich no dio discursos y se mantuvo siempre como acompañante de los intendentes. Sin embargo, rodeado de chicos caminó como monstruo, jugó a golpearse la cabeza con el marco de la puerta, chocó manos, saltó arengando a un grupito de sala de 4 y se sentó -con sus 2,02 metros- en una silla infantil rodeado de nenes que le decían "Esteban el gigante".

Además, se sacó decenas de selfies. La mecánica es siempre la misma: cuando alguien se le acerca a pedirle una foto, él primero le agarra el teléfono y le dice que es un experto en selfies. "Este brazo es mejor que un selfie stick [el palo para sostener la cámara y sacar una autofoto]", repite.

Orgulloso de su ocurrencia no sólo insiste en que las selfies fueron "el hit de la campaña", sino que hace gala de haber instaurado una nueva modalidad: el dron. "Pongo la cámara arriba y con mis dos metros parece una foto tomada desde el aire", dice, tratando de hacer la mímica con la mano doblada contra el techo la camioneta.

La campaña de Bullrich fue accidentada, con frases que le valieron muchas críticas. Según él, sólo se arrepiente de haber dicho que tenía que haber más "pibes" presos. "Ya pedí disculpas, pero está claro que no estaba hablando de los pibes jóvenes, sino de los corruptos", señala.

Otro tema incómodo que aparece una y otra vez es la desaparición de Santiago Maldonado. Se lo preguntan las radios. También lo recuerdan un cartel en la puerta de la municipalidad de Chacabuco y una pintada que dice "Fuera Bullrich" frente a la escuela 49. No es para él, es para Patricia. "Es prima, no la niego" contesta cuando, los dirigentes de Cambiemos locales le dicen sonrientes que por suerte él no tiene nada que ver con ella. En cada reportaje, él dice que se está haciendo un uso político indebido del tema. "Me parece bien que se hable y se debata ampliamente en las escuelas, pero no lo que hizo la Ctera, que fue bajar línea", afirma.

Bullrich termina la gira en Chacabuco, con una reunión a puertas cerradas en el Concejo Deliberante con dirigentes de la región. Él los arenga y les pide que no aflojen. Antes de irse, les advierte: "La segunda parte de la campaña va a ser todavía mas dura".

"La gran batalla"

La nota forma parte de la producción del ciclo que se emite los jueves, a las 22, por LA NACION +

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