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Relatos potentes y sensibles

Lunes 11 de septiembre de 2017
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LA SEMILLA

Autor: Edgar Chías/ intérpretes: Emanuel Parga, Denise Quetglas, Carolina Tejeda, Liliana Weimer/ vestuario: Lara Sol Gaudini/ escenografía: Cecilia Zuvialde/ dirección: Cristian Drut/ sala: Abasto Social Club, Yatay 666/ funciones: sábados, a las 20/ duración: 60 minutos/ Nuestra opinión: muy buena

Considerado uno de los dramaturgos más destacados de su generación, el mexicano Edgar Chías se da a conocer en Buenos Aires a través de La semilla.

Una crónica periodística sensacionalista, aparecida en 2010, da origen a esta producción dramatúrgica en la que el autor juega de manera muy inteligente no sólo con una historia conformada por múltiples pliegues, sino que, además, con unos personajes que se irán dejando conocer muy lentamente. El punto de partida: una joven aparece desnuda caminando a la vera de una ruta. No recuerda su origen y una médica la ayudará a reconstruir su posible pasado. Cada tramo que se devela perturbará al personaje, sobre todo porque el entramado de su núcleo familiar es sumamente complejo y hasta muestra algunas aristas inesperadas. La acción avanza a través de un grupo de escenas que encierran en sí mismas un pequeño y potente fragmento de realidad que aparenta estar alejado de la trama original. Por momentos el relato no es lineal y ciertas escenas parecerían tener una entidad que no condice con la siguiente. El espectador irá completando ese mundo según cómo vaya armando el rompecabezas que Chías deja esparcir sobre el espacio escénico. En algunas ocasiones se reconstruye la vida de la protagonista, pero en otras, la del resto de los personajes. Ellos parecerían no estar allí, precisamente, para ayudar a la muchacha a conocer de dónde viene, sino para defender una serie de actos que desarrollaron en otro tiempo y que expresan en un presente provocando una intensa conmoción. Se parte de una historia para mostrar otras historias, no menos intrincadas. La de seres humanos cuyo derrotero se ha cumplido a medias. Sus conductas pueden ser comprendidas por un espectador sensible, pero también juzgadas con dureza por otros.

Son individuos sumamente devastados, escapados de una tragedia griega que con el paso de los años se ha ido deformando. Su fuerza ha sido superada por los movimientos de un mundo en conflicto que ya no puede corregir su rumbo. Los hombres y mujeres que diseña Chías podrán rearmar el pasado, pero difícilmente logren entender algo del futuro. Apoyándose en lo interpretativo, fortaleciendo las relaciones entre esos personajes y desentrañando la intriga muy cuidadosamente, Cristian Drut logra conducir esta experiencia de manera muy efectiva. Sus cuatro intérpretes construyen a los personajes también muy meticulosamente y hay mucha intensidad en esas recreaciones. Sorpresivamente, algo de lo que se cuenta se quiebra para dar paso a otra verdad y esto requiere una profunda atención. Completar, comprender y aceptar el universo de la joven es una tarea compleja. Tanto la estructura de esa dramaturgia como su puesta en escena -que Cecilia Zuvialde y Alejandro Le Roux protegen aportando belleza- resultan investigaciones muy ricas.

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