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El futuro del tenis: Rafa y Federer para siempre

El enfoque

Lunes 11 de septiembre de 2017
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NUEVA YORK.-Busquen a alguien capaz de afirmar, nueve meses atrás, que 2017 se resumiría en dos títulos de Grand Slam para Rafael Nadal, dos para Roger Federer y ambos definiendo mano a mano quién de los dos cierra el año como número uno del mundo.

No lo van a encontrar, no existe, como tampoco existe el año que le regalaron al tenis las dos "R". Pero como siempre se puede encontrar un pelo en la sopa, algunas objeciones circularon en los últimos días en Nueva York. Que Nadal no le ganó a nadie del "top 20" en su camino al título o que la forma en que se desfondaron Novak Djokovic y Andy Murray esta temporada tuvo mucho que ver con el éxito de dos jugadores que suman 67 años entre los dos. Lo cierto es que ambos asuntos están fuera del alcance de Federer y Nadal, que sí se ocuparon, y a conciencia, de lo que estaba en sus manos: reflexionar acerca de los errores pasados, trabajar para corregirlos y volver siendo mejores de lo que eran. Un ejemplo clarísimo es el del revés del suizo. "Prepárense para ver algunas cosas nuevas", dijo Severin Lüthi, uno de sus entrenadores, durante el parate de medio año en 2016. Confiable como un reloj suizo el señor Lüthi. Si una docena de años atrás, David Nalbandian se jactaba de que con tirarle alto con top al revés le alcanzaba para desarmar el juego de Federer -y eso fue cierto durante un buen tiempo-, hoy ese golpe a una mano es uno de los mejores del circuito, una desconcertante arma ofensiva de primer orden. Si Federer, quizás el mejor de todos los tiempos, puede camino a los 40 trabajar para mejorar su revés, su juego de red y su concepto global estratégico, ¿qué excusa les queda a los demás?

El caso de Nadal es similar. El aspecto de gladiador que le da su brazo izquierdo lleva a engañarse, porque la verdad es que su gran mérito no es la fuerza. Para encontrar sus dos grandes armas hay que ir a los extremos de su anatomía. En la cabeza está esa mentalidad de hierro con escasos precedentes en la historia del deporte, y en los pies está su tremenda movilidad, esa agilidad inalterable de un físico que hace años que se viene afinando para fortalecer un "core" que le da toda la estabilidad y fuerza para devolver cuánto tiro sea imaginable.

¿Y ahora qué? Algo parecido a la historia sin fin. Federer, de 36, ya dejó claro que se ve jugando hasta los 40, y Nadal, de 31, no podía ser menos. Lo dijo hoy: "Vamos a hacer lo posible por seguir jugando muchísimos años más".

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