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"Se siente como si el viento arrancara la tierra"

Aunque la mayoría de los argentinos decidió refugiarse en Orlando, varios prefirieron quedarse en Miami y esperar a Irma en sus hogares o en lo de sus amigos

Lunes 11 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Las Islas Vírgenes Británicas también sintieron la furia del huracán
Las Islas Vírgenes Británicas también sintieron la furia del huracán.

El dilema era irse o quedarse. Y aunque la mayoría huyó en auto a Orlando o se tomó un avión hacia otros estados, muchos de los argentinos que viven en Miami decidieron resistir allí a Irma.

Algunos no pudieron viajar porque cerró el aeropuerto, otros temieron un caos en las rutas o se sintieron más seguros en sus departamentos antihuracanes.

Resguardados desde anteayer por la noche, los argentinos relataron a LA NACION cómo vivieron la llegada Irma, que tocó tierra ayer en Florida como huracán de grado 4.

En Saint-Martin, Irma causó devastación
En Saint-Martin, Irma causó devastación. Foto: AFP / M. Bureau

"Vemos por la ventana cómo vuelan los árboles y las cosas que ruedan por la calle. Nosotros estamos bien y estamos rezando para seguir con electricidad", cuenta Estefanía Grandío, una argentina que vive en el centro Fort Lauderdale desde 2002.

Estefanía tenía pasajes para irse la semana pasada a Chicago con su marido y sus dos hijos, pero cuando el aeropuerto cerró decidió quedarse en su departamento antihuracanes, donde alojó a otros seis argentinos que no tenían adónde ir. Juntos esperaron con calma y algo de ansiedad la llegada de Irma.

"Como vivimos desde 2002 en Estados Unidos, ya pasamos por Vilma, Katrina y Matthew y sabíamos cómo actuar. El tema es que, por la información que venían dando, sabíamos que éste iba a ser más serio. Estuvieras donde estuvieras, sabías que te agarraría, y eso daba mucho miedo", dice Estefanía.

Agustín Zavalía, de 22 años, también decidió quedarse en Miami, pero sí tuvo que dejar su casa. El argentino vive en Brickell, el centro financiero de Miami, que ayer parecía un océano.

Zavalía se alojó en el departamento de un amigo en Coral Gables, en el Sur, donde sintió toda la fuerza de Irma.

"Se sienten como oleadas de viento que vienen y se van, cuando vienen lo hacen con mucha potencia", relata Zavalía. "Suenan alarmas todo el tiempo, hay tachos de basura grandes tirados por la calles y al taller de enfrente se le voló el techo", agrega.

El joven, que vive desde los 9 años en Miami con sus padres y su hermana, no sabe cuándo volverá a su departamento ni en qué estado se encuentra ahora. Por el momento, está pensando en ir a ayudar a la zona de los cayos de Florida, que quedó devastada.

Daniela Ortiz, de 43 años, dice que tuvo suerte. En un principio iba a irse a Tampa -hacia donde viró el huracán- con su marido y sus dos hijos, pero al final decidió quedarse en West Palm Beach, donde vive desde hace 20 años.

"A la mañana había un poco de lluvia, pero a la tarde se levantó el viento con todo. Se siente como si el viento arrancara la tierra, el viento golpea contra las persianas) y el ruido es fuertísimo", cuenta Ortiz, que es dueña de un exclusivo negocio de carteras en Palm Beach.

Ortiz confiesa que lo más desgastante fueron los preparativos de los días previos. "Fue muy estresante porque acá cada vez que hay huracanes la gente se desespera, las góndolas estaban vacías y había que recorrer varios supermercados, además tuve que tapiar todo el local", dice en diálogo con LA NACION.

A diferencia de Ortiz, éste es el primer huracán para Juan Maqueda, que vive en Key Biscayne desde hace tres años y tuvo que evacuarse junto con su mujer y sus tres hijos a un hotel cerca del aeropuerto de Miami.

Maqueda, de 47 años, cuenta que la tormenta fue muy potente. "Se empezó a sentir muy fuerte a la madrugada, cuando se cortó la luz, a las 5 de la mañana. Ahí empezaron los vientos, que todavía no cesan", dice. No sabe cuándo podrá volver a su casa, pero está tranquilo porque destaca la organización de las autoridades, que le informan minuto a minuto lo que sucede por mensaje de texto.

Narciso Muñoz, su mujer y sus ocho hijos también viven en Key Biscayne y también dejaron su casa. Luego de tapiar ventanas y subir todas las cosas a la planta alta, se prepararon para irse a un hotel en el centro de la ciudad. Pero son diez y la logística se complicó, así que finalmente se alojaron en la casa de unos amigos en Coral Gables.

"Estuvimos con la luz cortada todo el día, se voló un toldo y se escuchaba cómo el viento golpeaba contra las ventanas, pero creo que fue peor la histeria que se vivió en las redes sociales, porque la ansiedad se potenció", cuenta el argentino.

Muñoz espera poder volver a su casa hoy por la tarde y ya sabe que el panorama no es bueno. Por lo que le comunicaron sus vecinos, su cuadra está inundada y el agua está al nivel de la ventana de un auto. Ahora eso no lo preocupa, está en el jardín con sus ocho hijos y sus amigos. Lo están esperando para sacarse una foto. "Es porque sobrevivimos al huracán", dice en broma.

Testimonios

Daniela Ortiz

43 años, West Palm Beach

"A la mañana había un poco de lluvia, pero a la tarde se levantó el viento con todo. Se siente como si el viento arrancara la tierra. Golpea contra las persianas y el ruido es fuertísimo"

"Los días previos fueron muy estresantes porque acá cada vez que hay huracanes la gente se desespera, las góndolas estaban vacías y había que recorrer varios supermercados"

Agustín Zavalía

22 años, Coral Gables

"Se sienten como oleadas de viento que vienen y se van; cuando vienen, lo hacen con mucha potencia"

"Suenan alarmas todo el tiempo, veo tachos de basura grandes tirados por la calle y al taller de enfrente se le voló el techo"

Estefanía Grandío

43 años, Fort Lauderdale

"Vemos por la ventana cómo vuelan los árboles y las cosas que ruedan por la calle. Nosotros estamos bien y rezamos para seguir con electricidad"

Juan Maqueda

47 años, Hialeah

"Es increíble la preparación de los servicios públicos. Te van poniendo en tema por mensajes de texto, como si fuese una película. Los americanos tienen muy buen manejo de la catástrofe"

Juana Klappenbach

47 años, Weston

"Noté mucho orden, mucha tranquilidad y sobre todo mucha responsabilidad: los americanos hacen lo que les dicen que hay que hacer"

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