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¿La naturaleza le genera ideas apocalípticas? Tranquilo, está perdonado

Lunes 11 de septiembre de 2017
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CLEWISTON.- Una seguidilla de feroces huracanes. Implacables incendios forestales en todo el oeste norteamericano. Y un monstruoso terremoto en México.

Que nos perdonen por tener pensamientos apocalípticos, como el escritor de ciencia ficción John Scalzi, quien frente a este paisaje de tierra calcinada, inundada y sacudida declaró que "es como si el fin del mundo estuviera en sus últimos ensayos antes del estreno".

Quien pudiera pensar eso por supuesto que estaría equivocado. Como nos dirá cualquier científico, la naturaleza no funciona así. Queda claro que para mucha gente la ciencia no alcanza cuando es tanto lo que está en juego.

"Durante años, hablar del tiempo era lo mismo que no hablar de nada", dice Terry Tempest Williams, de la Harvard Divinity School. "Ahora es realmente hablar de nuestra supervivencia."

Pero el modo en que hablamos del tema refleja nuestra visión del mundo, y así ha sido desde siempre, según Christiana Zenner Peppard, profesora adjunta de Teología de la Universidad Fordham. "Frente a los cataclismos meteorológicos inesperados, la gente siempre ha buscado una explicación, en todos los lugares y en todas las épocas."

En las comunidades religiosas, la reciente secuencia de eventos y amenazas catastróficas -terrorismo, pruebas de armas nucleares y desastres naturales- resulta más comprensible desde la profecía que desde la lógica.

Ahmed Ragab, profesor de ciencia y religión en Harvard, señala que hay buenas razones para que la gente crea que el fin se acerca: la acumulación de desastres afecta a las personas. "Pensar en esta serie de crisis implica no sólo pensar en su relación con la ciencia, sino también en sus efectos sobre los humanos", dice Ragab.

"Los desastres no ocurren en el vacío", señala. "Si nos enteramos de que ocurren es porque afectan a los humanos y las estructuras creadas por los humanos. Y no se trata sólo de la infraestructura envejecida que no sobrevive a un huracán ni a un incendio, sino de estructuras económicas que hacen que algunas personas sean demasiado pobres como para huir de la catástrofe", dice Ragab.

Traducción de Jaime Arrambide

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