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River le puso buena cara a todo: al mal tiempo y a una nueva reinvención, sin Alario

Ya sin su goleador, Gallardo construye otra versión de equipo, en la que se destacaron una figura que se consolida, Pity Martínez, y el buen manejo del refuerzo De la Cruz

Lunes 11 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Foto: Fabián Marelli

En más de tres años de gestión, a Marcelo Gallardo se le adjudicó como uno de los principales méritos la capacidad para reconstruir equipos y mantener un fuerte nivel competitivo. El medio futbolístico argentino somete a los entrenadores que perduran en el cargo a una constante reingeniería por la movilidad que afecta a los planteles. Además de elegir la táctica y un esquema, los directores técnicos también tienen que hacer de gerentes de recursos humanos.

Gallardo sintió ese desgaste y a fin de año se tomó su tiempo para pensar si contaba con todas las energías y lucidez que requiere la tarea de encontrar las piezas justas y un funcionamiento que sirva para identificar un estilo. Cuando hace 20 días se enteró que de la noche a la mañana se quedaba sin Lucas Alario , lo primero que le vino a la cabeza es que su River ya no podía seguir siendo el mismo. No sólo por la cuota de gol que se llevaba el delantero santafecino, sino porque en su nómina no tiene un futbolista de características similares. Lo primero que River va a extrañar de Alario son sus goles, pero también echará en falta su contribución para estirar al equipo cuando tenía la pelota, para fijar a los marcadores centrales rivales, para atacar el área como sólo lo hacen los N° 9 de raza. Alario era un buen punto final para todo lo que se construía más atrás. River no cuenta con ningún sustituto de esa naturaleza. En ese perfil no encajan Scocco, Larrondo (en los breves intermedios que le dejan sus largas lesiones), Auzqui (con su voluntarismo no alcanza a cubrir la demanda de una camiseta grande) y tampoco tiene pinta de que pueda hacerlo el recién llegado Santos Borré, a quien ayer se lo vio más pendiente de dejar algunos detalles técnicos que de mostrarse como un atacante agresivo y punzante.

A medida que se le fue pasando la bronca por la irrefrenable atracción que sintió Alario por la propuesta de Bayer Leverkusen, Gallardo ideó rápidamente que el vacío debía ser absorbido por el equipo. Que había que crear otras variantes para llegar al gol. Que la efectividad que se concentraba en uno ahora debe ser asumida por el resto.

En esta nueva búsqueda, River ayer dio un paso que lo puede dejar satisfecho. Y no pecaba de pesimista quien piensa que lo visto superó las expectativas. Los reparos eran varios: faltaban algunos titulares importantes (preservados para el partido del jueves por la Copa Libertadores); como había dicho Gallardo, siete de los que alineó desde el comienzo (incluido el debutante lateral uruguayo Saracchi, rápido y decidido) eran jugadores que, como mucho, llevan un par de meses en el club. A esta lectura previa se le sumó la dificultad que le planteó el partido cuando no se habían completado dos minutos: Banfield se puso en ventaja con un imponente cabezazo de Civelli tras un tiro libre de Mouche y la cancha, encharcada en varios sectores, no era el mejor escenario para el que debía remar río arriba el resultado. Además, la rápida ventaja lo hizo sentir muy cómodo a Banfield. Le permitía llevar a la práctica el plan de replegarse y salir de contraataque, con Sperduti y Bertolo por los costados, y Mouche barriendo a pura corrida todo el frente de ataque.

A River le llevó un tiempo organizarse, establecer una supremacía en la zona media. Rossi estaba desubicado en la marca y Enzo Pérez no entraba en sintonía. El vuelco surgió de los pies de Pity Martínez y de los de De La Cruz. Pueden entenderse rápidamente porque sienten el fútbol de una manera similar: control, gambeta y asociación.

Martínez ya dejó atrás la resistencia con que alguna vez lo castigó la platea. Hoy es un jugador consolidado, importante, desequilibrante, apto para los desafíos más bravos. Aprobó la asignatura que se venía prolongando en el tiempo: es un jugador para River.

El juvenil De la Cruz parece llamado a ocupar un lugar destacado dentro de la formación. Más allá de sus buenas condiciones técnicas (siendo derecho, también se maneja con criterio con la zurda), a los 20 años ayer supo leer los movimientos del rival. Se buscó muy bien los espacios detrás de las espaldas de Remedi y Linares. Tan importante como su toque y atrevimiento fue la movilidad para recibir libre y aceitar el circuito de juego.

Además de lo que sabe, tuvo un aprendizaje cuando Pity Martínez lo despertó en la jugada que terminó con el empate de cabeza Pinola. La versión del zaguero, que había dejado dudas en partidos anteriores, se asemejó a la que se le veía en Central, sobre todo en la agresividad para romper líneas y abrir huecos en el entramado rival. Pinola inició el segundo gol, De la Cruz hizo de apoyo y Martínez definió con un delicioso zurdazo.

De la Cruz fue uno de los mejores en la primera etapa. Cansado y con algún golpe en la espalda, Gallardo lo reemplazó cuando se enredó en varias jugadas seguidas. Entró Nacho Fernández, otro buen interlocutor para un Pity Martínez que llevaba la batuta. Ya Banfield no era tan fiero y a River le faltaba llevar al resultado su mejor juego. Lo consiguió cuando Altamirano le cometió a Nacho Fernández un penal de arquero debutante y precipitado. Scocco convirtió el gol que antes no le había quedado cerca. Banfield arrimó algún peligro que River no supo aventar lejos de Lux. Igual River le puso buena cara a todo: al mal tiempo y a la necesidad de seguir sin Alario.ß

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