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Inadmisible toma de colegios secundarios porteños

Las medidas de fuerza adoptadas por alumnos de 17 escuelas obedecen a cuestiones políticas y perjudican principalmente a los propios estudiantes

Martes 12 de septiembre de 2017
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Con el pretexto de protestar por la nueva reforma educativa que lleva adelante el gobierno de la ciudad en la escuela media, 17 colegios se encuentran tomados por sus alumnos, medida que continuó ayer pese a celebrarse el Día del Maestro.

A todas luces se trata de tomas políticas, que reconocen la inspiración de sectores del kirchnerismo y de la izquierda, revestidas hipócritamente de falsas razones educativas. Los alumnos que participan dicen que rechazan la reforma por considerar que va en contra de la escuela pública y de los intereses de sus estudiantes.

Acciones de fuerza violentas y producto de la prepotencia no son la forma de disentir de una reforma. Salta a la vista que van en contra de los propios intereses de los alumnos, al interrumpir el normal trabajo en las aulas. Demasiadas horas de clases se pierden con estas medidas que se repiten año tras año con diferentes excusas por parte de sus promotores.

La ocupación de los colegios representa un resabio de épocas y metodologías perimidas, pero que, lamentablemente, se reiteran como rémoras y no conducen a nada salvo al perjuicio de los propios alumnos, que actúan como simples peones en un juego político que los excede en mucho.

Por eso es que no llama la atención, pero es motivo de honda inquietud, que, según manifestaron fuentes del gobierno porteño, se hayan hecho presentes en las protestas legisladores del kirchnerismo y del FIP, además de figuras cercanas al gremio docente UTE-Ctera.

Quienes lideran la toma en el Colegio Nacional de Buenos Aires, que, como es sabido, no depende del gobierno de la ciudad, sino de la UBA, afirman que la protesta no sólo se realiza en contra del proyecto educativo, sino también por la aparición con vida de Santiago Maldonado y para denunciar la violencia institucional contra la juventud y la escalada represiva. Como puede advertirse, el grueso tinte político e ideológico del reclamo resulta inocultable, especialmente a tan poco tiempo de las elecciones generales del 22 de octubre.

Quienes lideran las acciones de protesta esgrimen que las prácticas laborales que contempla la reforma de la escuela secundaria sólo servirán para garantizarles "trabajo precarizado" a ciertas empresas. Semejante afirmación constituye una falsedad cargada de intencionalidad política y que deja de lado la importancia de la formación para el mundo del trabajo por la que, cada vez más, debería preocuparse la comunidad educativa.

La ministra de Educación de la ciudad, Soledad Acuña, aclaró en tal sentido a LA NACION que la reforma, que se instrumentará de manera gradual a partir del año próximo, no contempla que los alumnos de 5° año trabajen, sino que realicen prácticas para formarse. "El temor surge de la falta de información", agregó la funcionaria.

El propósito de la reforma es concretar una auténtica renovación tendiente a lograr una educación deseable, no sólo en estructura y planes, sino también en perspectivas para superar signos de agotamiento y promover un espíritu motivador que alcance a sus directivos, docentes y alumnos, de los cuales un porcentaje importante abandona tempranamente las aulas.

Hace dos años, ante una medida de fuerza similar que sólo perjudica a quienes la llevan a cabo, sostuvimos en esta columna editorial que es preciso que alumnos, padres, docentes y toda la sociedad se comprometan con el futuro de la educación y de la juventud. Pero la forma que debe adoptar ese compromiso es el diálogo, no el conflicto ni mucho menos la prepotencia de la violencia que esconde intereses políticos que resultan ajenos por completo a la educación.

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