Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
Entrevista Deportes LN

Marcelo Gallardo con LA NACION: "¿Relajarme? Ahora soy peor que antes"

La ambición del DT de River no se calma con los títulos; al contrario, siempre quiere más: "Mi sentido de pertenencia hace que me comprometa; la búsqueda va más allá de un resultado"

Martes 12 de septiembre de 2017
SEGUIR
LA NACION
0

Que no, que no sabía que había que grabar para la TV. Que no estaba preparado para eso, que vine con otra idea. De pronto, el gesto distendido con el que Marcelo Gallardo se acerca a empezar la entrevista con LA NACION se toma una pausa. Que no se enojen, que mejor en la próxima ponemos la cámara.

"Bueno, ¿qué tal? ¿Ustedes bien?", dirá dos minutos después, ya sentado y sin luces encendidas, vencedor de esa mini disputa inicial, abriendo la puerta a dos horas de charla en las que quedará claro que ese hombre trabaja en algo bastante más ambicioso que el partido que viene: el legado.

Su discurso no es de despedida, algo en lo que ni se detiene en este momento, pero sus palabras son señales que vienen del futuro: Gallardo habla de "la marca River", de "trascender", de "sentido de pertenencia". "Que las demás instituciones vengan acá -dice, en el centro del enorme gimnasio del complejo River Camp de Ezeiza, que él mismo ideó sobre un papel- y digan 'miren lo que es River'. Así es como quiero que se me recuerde", se anima a proyectarse. Alrededor, mientras la lluvia parece anunciar el fin del mundo, el zumbido del caso Alario todavía inunda los monitores, y las dudas sobre cómo se las arreglará el entrenador para seguir adelante sobrevuela el ambiente. Él parece mantener el pulso sereno, ajeno a esos ruidos. "Lo más importante es mantener una mentalidad competitiva, eso nos distingue", planta la bandera.

-¿Cuántas horas dormís por día?

-Duermo, duermo. No paso de la una de la mañana despierto y me levanto a las 6.30.

-¿Y eso es dormir?

-(Sonríe).

"Alario se vio enredado en esa situación y quedó expuesto. Ya está, yo me ocupo de lo nuestro"

-¿Te pasó de levantarte sobresaltado pensando en un cambio, una decisión?

-No, no, soy bastante regular en ese sentido. Descanso, si no me quedo en el club. Trato de desconectar cuando llego a mi casa, no quedarme enganchado. O aunque sea disimular (sonríe de nuevo). Pero ideas siempre me aparecen, aunque no las anoto. Es una de las cosas que siempre me digo que debo hacer, aunque sea con el teléfono. Pero no lo hago, y a veces tengo que ir para atrás en la memoria para tratar de recuperar lo que había pensado. Se me confunden los pensamientos. Es lindo para uno, que le gusta esto y es un apasionado, pero no tanto para tu familia, que tiene que comprenderte. Por ahí te dicen algo y vos estás en tus pensamientos y tenés que hacer repetir la pregunta. Pero cuando estamos acá, en la mesa, los temas de fútbol salen solos, y cambiamos opiniones. Me pasa todo el tiempo que me voy un día a mi casa pensando algo, y llego al otro día y lo cambio. Porque lo voy evaluando, lo voy manejando, hasta que me convenzo. Sigo mucho mi intuición. Soy receptivo e intuitivo, muchas veces dejo que fluya eso.

-¿Cuánto rompió la estructura la salida de Alario?

-Cuando pasan estas cosas hay que salir fuerte. Hay una línea interna que está establecida, y cuando pasan estos cimbronazos, no hace falta mandar mensajes hacia adentro. Pero sí hacia afuera. Adentro no hay sorpresas, está contemplado. En eso estamos más plantados. Él se vio enredado en esa situación y quedó expuesto. Ya está, yo me ocupo de lo nuestro. Acá hay buena vibra, si vemos algo que no está bien, lo atacamos, se habla.


En River, Gallardo ganó 6 de los 20 torneos que disputó -tres están en juego-. Conquistó la Copa Sudamericana 2014, Recopa Sudamericana 2015, Copa Libertadores 2015, Copa Suruga Bank 2015, Recopa Sudamericana 2016 y Copa Argentina 2016.

-¿Sos más relajado ahora, con la experiencia que sumaste, que al principio?

-¿Más relajado? Ahora soy peor que antes. Porque mi sentido de pertenencia con esta institución hace que me comprometa de esta manera. Por eso mi búsqueda va mucho más allá de un resultado, trato de ver otras cosas. Y lo puedo hacer porque tengo ese respaldo, porque los resultados los tuvimos. Al principio estaba más pendiente de equivocarme lo menos posible para que la cosa funcionara, pero cuando los resultados te empiezan a avalar tomás mayor solidez. Y va a ser siempre igual: por más bueno que seas, necesitás de los resultados. Pero aprendí que no hay que quedarse sólo con eso, por importante que sea. Por eso mi desafío permanente es más amplio que el resultado.

Marcelo Gallardo con LA NACION
Marcelo Gallardo con LA NACION.

-¿De dónde te nace esa necesidad de abarcar tanto?

-Me importa ver el crecimiento institucional, ver cómo un grande con tanta historia evoluciona continuamente. La marca River está otra vez posicionada como uno de los referentes, y en el mundo se vuelve a hablar de River, con jugadores que pasaron por acá y ahora están en clubes importantes en otros lados. Por ahí va mi desafío. Yo empecé como futbolista acá y vi un montón de falencias, que en realidad aprecié cuando me fui y pude comparar. El ego de estar acá a veces hace que pierdas de vista otras cosas, y cuando salís te das cuenta de que no tuvo la evolución que corresponde en todo sentido. Conseguir ese desarrollo es lo que me hace sentir orgulloso, que el poder de River genere una marca fuerte en juveniles. Estamos trabajando en desarrollar una idea de trabajo para que los chicos tengan las herramientas que hacen falta para llevarlo adelante. Porque el sentido de pertenencia ya lo tenemos. Este lugar físico, el River Camp de Ezeiza, se está preparando para que al año que viene podamos recibir ese gran potencial que el club debe tener en juveniles. No puede ser que River no esté entre los mejores en ese sentido en el fútbol argentino.

-¿Qué es lo que más tenés en cuenta para conducir un grupo?

-Es un ida y vuelta permanente. Gestionar futbolistas implica que bajes un mensaje, pero si no te acercás para ver cómo es esa persona, o qué receptividad tiene para tomar lo que le ofrecés, estás fallando. Tiene que ver con la docencia, que es fundamental. Incluso a estos niveles, con súper profesionales. Te aseguro que tenés que seguir siendo docente, y acá trabajamos con un grupo de personas totalmente preparadas para estar cercanos a esos jugadores que dirigimos. No gestionamos solamente jugadores de fútbol, gestionamos personas.

"Para mí la cuestión mental pasa por creer en algo y sostenerlo, sin importar qué suceda en el medio. Es un mensaje, una manera de competir"

-¿Gestionar egos es más difícil que preparar un partido para jugar el domingo?

-Sí, se trata de convivir todo el tiempo en un espacio donde todo está globalizado, donde las redes sociales tienen una gran preponderancia. Justamente se trata de hacer docencia todo el tiempo, tratar de equilibrar, que el futbolista no sufra. Yo no tengo redes sociales, las utilizo en el buen sentido, para estar informado, pero no tengo una cuenta de Instagram para postear fotos y ver si a los demás les gusta o no. Todos tenemos nuestro ego, y nos gusta que se hable bien de nosotros, pero estar pendiente. Es mentira que no nos importa la opinión del otro, por eso no podría vivir atado a lo que digan de mí. Yo les pregunto a los jugadores cómo hacen. ¿Ven lo bueno y lo malo? ¿Ven lo bueno y descartan lo malo? ¿Cómo se alimentan de eso? Yo tengo que entender para saber convivir con eso.

-Siempre remarcás el aspecto del trabajo mental que practican, por ejemplo con la aplicación de la neurociencia, a través de la doctora Rossi. ¿Cuál es esa búsqueda?

-Para mí la cuestión mental pasa por creer en algo y sostenerlo, sin importar qué suceda en el medio. Es un mensaje, una manera de competir: no podés entrenarte light en la semana y querer ganar el domingo. No. Primero se te debe hacer carne. Acá, si creemos que podemos jugar un fútbol lírico, cuando la sociedad nos baja todo el tiempo un mensaje agresivo, estamos equivocados. Porque es verdad eso de que se juega como se vive. Estamos preparados para destruir, y si surge algo bello, hay otro que siempre estará listo para combatirlo. Entonces tenemos que acomodarnos a estar permanentemente viendo esas circunstancias. Yo idealizo el fútbol, pero tengo que ser sensato, realista, coherente con el lugar donde estoy.

Marcelo Gallardo con LA NACION
Marcelo Gallardo con LA NACION.

-Pareciera que River se maneja en un ecosistema propio, por fuera de esas urgencias.

-Sí, pero las hemos tenido. Por eso aparece la importancia de lo mental: si construís, construís y construís, estás más armado para los momentos difíciles. Hemos jugado bien, mal y regular, pero siempre nos hemos sostenido. Sin una fuerte mentalidad hubiésemos tenido un semestre bueno, otro regular, y así. Porque eso pasa. Y en los últimos cuatro años, River siempre ha estado ahí, y marco incluso desde antes de nuestra llegada.

-¿Ese factor mental es el principal punto de conexión con todos los equipos que dirigiste en River?

-Sí, sí, es el patrón. Una especie de base que nos ha sostenido para luego ir rearmándonos continuamente. Es que más allá de todos los cambios que se han generado, subsistimos con eso.

-Y eso también incluye la adaptación.

-Sí, cada sistema es adaptable a una idea, a una manera de pensar. Cuando hablamos de cambiar hablamos de los cambios drásticos. A mí se me pone como ejemplo el primer River que jugaba con Kranevitter y Pisculichi; y después, sin Pisculichi, con Kranevitter y Ponzio. Pero la idea de ese cambio no fue jugar 30 metros más atrás. No. La idea fue justamente ir a jugar 20 metros más adelante. Desde otra filosofía conceptual del juego, sí, pero mentalmente era la misma ambición. O tal vez más.

-¿Eso es lo que hace reconocible a un equipo?

-Sí. Porque la gente dice: "Jugabas con Pisculichi, un zurdo exquisito, y ahora pusiste a Ponzio." Yo lo puse a Ponzio porque Pisculichi andaba maaaal. Si Pisculichi jugaba bien, seguía Pisculichi. Esos son los momentos que ustedes desde afuera pueden decir. ¿qué pasó? No. Yo, desde adentro, tenía que pensar. Pisculichi estaba mal, y no tenía otro Pisculichi y por eso puse a Ponzio, pero con la misma idea, la misma mentalidad y la misma ambición.

-¿Te sentís valorado por ese tipo de lecturas que hacés?

-Sí, pero no desde el análisis, sino desde el resultado. Si cambió y le hubiese ido mal hubieran dicho: "Y, para qué?". Eso es lo que está mal. Se analiza poco. Ojo, esto es lo que yo pienso, pero toda idea es respetable. Porque podría haber puesto a Ponzio y jugar 20 metros más atrás y quizás ganábamos igual, pero ya no hubiese sido lo mismo. Podríamos haber dicho: nos sometimos al rival, jugamos de contragolpe y así podés ganar también. Pero no fue eso lo que hicimos. Cambiamos una pieza de diferente característica, pero la postura fue: "Vamos allá arriba". No vamos para atrás.


En estos tres años y fracción, el equipo disputó nueve finales. Ganó seis y perdió solo tres: ante Huracán en la Supercopa Argentina 2014, Barcelona en el Mundial de Clubes 2015 y Lanús en la Supercopa Argentina 2016.

-¿Cómo se construye la mentalidad?

-Es un poco de todo. Todo ayuda a generar una mentalidad competitiva. Pero creo que tiene que ver más que nada con una manera de ser y de sentir. Y también alimentarte de las experiencias vividas. Si vos le comentás a un jugador algo que puede llegar a pasar, te escucha y se queda pensando: "Esto puede llegar a pasar". Pero si vos le decís que algo ya te pasó, que algo que él está viviendo vos ya lo atravesaste, dice "uy", y ahí ya se genera una comunicación. Y le decís que "yo lo resolví de esta manera" o "en su momento no lo supe resolver". Porque la verdad, en algún momento tuve 20 años y me pasaban cosas que no sabía cómo resolverlas. Y eso también es bueno. Bajar a la tierra. Yo no tengo todas las respuestas para darles, pero el hecho de que te escuchen desde ese lugar genera una cierta empatía para empezar a generar una conexión.

-Los jugadores destacan de vos la exigencia, que nunca los dejás relajar. Ahora, cuando te pasa a vos o tenés un mal día. ¿Quién es tu Gallardo? ¿Quién te rescata cuando no estás bien?

-Uyyy, tengo muchos de esos días (risas). Es mi grupo de trabajo. Tengo muchos de esos días, pero uno trata de disimularlo. Sos la cara visible, sos el reflejo, entonces uno tiene que lidiar con eso. Igual siempre me muestro muy natural y el jugador además te saca la ficha rápidamente. Y ellos saben. Mi cara habla demasiado, no lo puedo disimular. Entonces saben cuándo no tengo un buen día. Pero es normal que pase, está dentro de las posibilidades. Lo que pasa que claro, a la hora de la exigencia, dejamos los problemas de la puerta para afuera. Por eso el trabajo de equipo es fundamental, porque cuando vos no estás tiene que estar otro. Yo tengo un grupo de personas en las cuales me puedo apoyar.

-¿Y cuando tenés un día pleno?

-Uhhh, sí. Cuando estoy encendido, no paro. Puedo ser... insoportable (risas).

Marcelo Gallardo con LA NACION
Marcelo Gallardo con LA NACION.

-¿Te considerás un obsesivo?

-No. Lucho contra la obsesión. No sé qué palabra me definiría. Igual, yo creo que un poco obsesivo cada uno es en lo que hace, te tiene que gustar. Si te apasiona lo que hacés... El tema es que eso no te genere confusión, saber que en la vida hay otras cosas que son importantes. Esa obsesión por lo que uno hace no puede llevar a someterte y blindarte en un espacio en el que los demás no puedan entrar. Esa es la lucha que yo tengo con la obsesión.

-¿Es una forma de mantener los pies sobre la tierra?

-Creo que el ser humano pierde el sentido de las cosas importantes de la vida. Pasa en general. Hoy cada uno le puede dar una importancia a algo que hacemos, a "x" cosa laboral o material y perdemos el valor de las cosas simples. Y cuando vos vivís un episodio como puede ser una enfermedad tan cercana de un familiar o de un amigo, ahí es cuando decís: '¿qué te cuestionás?' Por eso yo lucho contra la obsesión. A veces me quieren transpolar a un lugar y no... Yo sufro y tengo los mismos problemas que cualquiera que es padre, hijo, hermano, esposo, amigo; simplemente que estamos muy expuestos a otras cosas, pero sin perder de vista lo otro.

-¿Una de las cualidades que va a marcar tu ciclo en River es que siempre jugó el que viste mejor, sin importar los nombres?

-Sí, eso tiene que ver con una manera de ser y un mensaje claro y respetuoso que llega de entrada. Creo que el que me conoce sabe que soy así y el que no, me conoce igual porque pregunta. Todos preguntamos por todos y nos vamos conociendo, aunque no tengamos cercanía, tomamos referencias. A mí lo que me parece justo, es justo. Por eso para jugar conmigo te tenés que entrenar bien, salvo que sin entrenarte o con poco entrenamiento salgas el domingo a la cancha y la descosas. Ahí puedo hacer una excepción, pero eso no pasa, era de otra época. Entonces, para jugar en River, tenés que estar preparado futbolística, física y mentalmente.

-¿El fútbol argentino es estresante?

-Sí, porque es una profesión muy ingrata. Y te estresa más de lo que te podría estresar otro tipo de trabajo con semejante exposición. Somos una sociedad muy exitista y agresiva. Si ganás, sos bueno; y si perdés, sos un burro. No hay una coherencia en la opinión. Entonces primero tenés que ganar para demostrar que sos bueno; pero ojo, no vayas a perder porque pasás de bueno a estar abajo nuevamente. Y encima eso es tendencioso. A los que les va bien, se les reconoce el trabajo, sí, pero tampoco gusta que les vaya tan bien. Entonces te esperan para ver cuándo te vas a equivocar para pegarte. Y a los que les va mal, directamente los pisan.

-¿Por qué es tan difícil jugar acá?

-Es un fútbol intenso, agresivo, donde todos corren y meten y se empareja todo desde lo físico. Después, los que juegan bien, juegan bien siempre. Si podés hacer la diferencia con esta fricción, la hacés siempre, en cualquier lugar. Pero tenés que estar preparado para eso. No es fácil. Pregúntenle a todos aquellos que vienen de afuera. Varios me han dicho 'me hubiera quedado en Europa', y claro, porque es mucho más fácil. Y encima se les exige. Por ejemplo a Enzo Pérez se lo está esperando para ver qué va a hacer. Es un jugador de selección, pero se fue hace ocho años y el fútbol cambió acá. Tiene que estar preparado física y mentalmente para jugar, porque futbolísticamente tiene las cualidades para hacerlo. Necesita una readaptación, que a algunos le cuesta más que a otros. Yo vine de Europa y a mí me resultaba más fácil jugar allá que acá. Cuando volví, tenía 27 años, no vine a los 36 porque a esa edad ya no podría haber jugado. Es muy diferente.

-Y en función de eso, ¿cómo le iría a River en la Liga española o en el Calcio?

-Competitivo sería, seguro. Pero suponer algo así es muy difícil. Por ejemplo, aunque sea una cosa bizarra, viene a referencia: si el mejor Barcelona hubiese venido a jugar acá, posiblemente les habría ganado a todos también. Pero quedate tranquilo que no hacía goles tirando paredes adentro del área, y eso en España sigue pasando. Acá es imposible. A Messi le pasa en la selección, gambetea a un tipo y el segundo lo corta. Hay dos paredes y a la segunda el codo te lo meten acá (se señala el cuello). Te cortan las jugadas, te ensucian el juego. Somos más competitivos, no nos van a pasar fácil. No importa si viene el mejor de todos, no hay facilidades.

"Hay un contrato (hasta fin de año) y lo voy a respetar. Me comprometí a respetarlo. Y no pienso más allá de eso. Porque estaría equivocando el camino si ya tuviera algo resuelto""

-¿Cómo te gustaría que recuerden el paso de Gallardo por River?

-No reflexiono sobre el día de mañana, pero me gustaría que quede algo que vaya más allá de los resultados y de los logros deportivos. Quiero que se sientan identificados, que vengan las juveniles a jugar a Ezeiza y digan 'mirá el predio que tenemos'. Que las demás instituciones vengan y digan 'miren River lo que es'. Así es como quiero que se me recuerde, es lo que deseo. Por todo el recorrido y lo que hemos pasado, tiene que ver más que nada con tener ese sentido de pertenencia y considerar que estamos en condiciones de ser una de las instituciones más respetadas y prestigiosas de Sudamérica por lo menos. Y del mundo, ahí.

-¿La única vez que se te cruzó por la cabeza irte fue después de Olimpo (última fecha antes del receso de verano del torneo pasado)?

-Sí. Creí que era un momento para hacer un análisis. El error que cometí fue haberlo expresado. Porque si no hubiese dicho nada, no pasaba todo lo que se generó.

-¿Y te incomoda que ahora se hable de vuelta?

-No, porque ahora hay un contrato (hasta fin de año) y lo voy a respetar. Me comprometí a respetarlo. Y no pienso más allá de eso. Porque estaría equivocando el camino si ya tuviera algo resuelto. Vivo el hoy con una perspectiva de futuro, pero en el corto y mediano plazo. No visualizo más allá.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas