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Gallardo lucha para controlar la obsesión, no para anularla

Martes 12 de septiembre de 2017
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Pese a que en todo el mundo River la mayoría de los comentarios eran elogiosos porque el equipo había reaccionado y mostrado signos positivos en la victoria ante Banfield, Gallardo se fue pensativo: no sólo por el gol al minuto de Civelli, de cabeza. En las 9 pelotas paradas en contra que tuvo en todo el partido River, sólo ganó de arriba en dos (una Scocco y otra Lux, saliendo a romper). En la restante en la que no se impuso Banfield, el balón pegó en la barrera. Pero además del 0-1 hubo otros tres envíos peligrosos (tiro libre lateral + tiro libre frontal + córner) en los que el equipo de Falcioni no convirtió de milagro. El DT de River es así: enseguida activa lecturas más allá del resultado. Mientras muchos siguen observando que la salida de Alario repercute en la falta de eficacia y la forma colectiva de atacar, él también mira lo global. Porque Alario, además de N° 9, era una referencia aérea que defendía de arriba. Y también de abajo: tenía un promedio entre cuatro y cinco faltas por partido, era el primer defensor millonario desde la presión al volante central rival. Gallardo sabe que ese esfuerzo lo van a tener que terminar haciendo Santos Borré y Scocco. Y más también.

Cuando en la entrevista se le preguntó si era obsesivo, primero lo negó, después reconoció que lucha contra la obsesión, aunque cuando se lo consultó: ¿Cuál sería el mejor plan para un día libre?, respondió: "Tiene que ser algo con lo que me sienta activo". O sea, ni siquiera en su día de descanso se relaja, se desconecta por completo de su profesión como DT de River.

Posee un gran poder de liderazgo ante sus futbolistas, aunque no tenga la necesidad de entrar al vestuario. Pone las reglas claras. Incluso cuando llega un refuerzo, la charla de bienvenida no dura más de diez minutos. Allí les hace un repaso de lo que es River como grupo, cómo se manejan internamente y se respetan entre ellos. En ese sentido, cuenta con las ayudas silenciosas de Maidana y Ponzio y? también de sus gestos. Como reconoce, "su cara habla", enseguida se nota cuando está en un buen día o cuando tiene uno de los otros...

Mira para atrás y elige como postales el 1-0 de Pisculichi a Boca, un gol de Sánchez a Godoy Cruz en la 3° fecha del torneo 2014: "Son momentos que uno se siente identificado, que decís: esto lo soñé". No para de pensar en cómo ganar. Lucha contra la obsesión, pero porque no quiere que lo domine por completo. Y entiende que una parte de esa pasión es necesaria como motor. Lo único que se reprocha es no tener en la mesita de luz un anotador para bajar al papel la idea futbolística o el cambio que se le ocurre mientras sueña despierto.ß

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