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Preventiva para Bazán y Villalba por el rapto y femicidio de Anahí Benítez

Los procesaron a ambos por privación ilegal de la libertad y homicidio criminis causae; al segundo le imputaron el robo del celular y la violación

Martes 12 de septiembre de 2017
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LA NACION

En un paso casi anunciado, el juez de Garantías de Lomas de Zamora, Sebastián Monelos, les dictó la prisión preventiva a Marcos Esteban Bazán y a Marcelo Sergio Villalba por el femicidio de Anahí Benítez, descubierto el 4 de agosto pasado, seis días después de la desaparición de la chica de 16 años, cuyo cuerpo apareció semienterrado en la reserva natural Santa Catalina.

El cuerpo de Anahí apareció el 4 de Agosto en Lomas de Zamora
El cuerpo de Anahí apareció el 4 de Agosto en Lomas de Zamora.

Monelos avaló así el pedido que habían formulado las fiscales Fabiola Juanatey y Verónica Pérez. Bazán, de 34 años, quedó procesado por privación ilegal de la libertad en concurso real con homicidio triplemente calificado por su comisión mediante alevosía, criminis causae (aquel que se comete para ocultar otro delito o procurarse impunidad) y mediando violencia de género.

Lo liga al caso el hecho de que se presume que en su casa, lindera a la reserva, estuvo cautiva Anahí. Un eficaz perro rastreador, Bruno, la ubicó allí -en la cocina-comedor de la casa y en un galpón trasero en el que el acusado cultivaba hongos-; según interpretaron sus entrenadores, la chica no salió viva de ahí. El mismo can percibió el olor de Bazán en el lugar donde fue hallado el cadáver. Además, un peritaje geológico determinó que una pala de su propiedad tenía la misma tierra de la excavación donde se produjo el hallazgo del cuerpo.

Sobre Villalba, de 40 años, pesan los mismos delitos. Pero su situación es más grave: se le imputan, además, robo y abuso sexual con acceso carnal. El primero de esos delitos es obvio: él tuvo en su poder, luego de la desaparición de Anahí, el celular de la chica. La aparición de ese teléfono fue vital porque condujo a Villalba, lo que posibilitó el siguiente paso, que permitió comprobar mediante un cotejo genético que era suyo el semen hallado en el cuerpo de la víctima.

El defensor de Bazán, Lucio de Rosa, todavía se abraza a peritajes y medidas probatorias pendientes para aspirar a una eventual falta de mérito, que por estas horas parece lejana. Ante los medios, dijo que se había entrevistado con el juez Monelos y que le había dicho que la prisión se justificaba en que era "una medida preventiva, ya que se trata de una causa de un homicidio".

Para las fiscales del caso, "es evidente que Anahí Aldana Benítez no estuvo alejada de su hogar por propia voluntad; habiendo sido desapoderada legítimamente de su celular, presentó golpes en el cuerpo, se halló diazepam en su estómago, que actúa como inhibidor de la voluntad, y a eso se suma la agresión sexual padecida por ésta y su fatal desenlace".

Concluyeron que el crimen necesitó de la participación de al menos dos personas, dado que Anahí estuvo, probablemente, cuatro días cautiva, que fue golpeada -quizás ése fue el mecanismo usado para atontarla y raptarla-, violada, asfixiada aparentemente con una almohada sobre el rostro y que, una vez muerta, su cuerpo fue lavado y trasladado hasta el lugar donde fue semienterrada, a 300 metros de la casa de Bazán.

En esa vivienda -que el acusado compartía ocasionalmente con su novia- los detectives del caso encontraron un sombrero que, según la madre de Anahí, era de la víctima. También apareció en esa casa una tijera escolar rotulada con el nombre "Lautaro M."; el chico, compañero y amigo de la menor, dijo que se la había prestado en febrero.

Las fiscales también precisaron que la papilla encontrada en el estómago de Anahí durante la autopsia era compatible con un arroz que estaba en una olla en la heladera de Bazán y que el acusado dijo que tenía para alimentar a sus perros.

No se perdió de vista, tampoco, que Bazán trabajaba como empleado de seguridad en el hospital provincial Gandulfo, de Lomas de Zamora. Allí, presumen los investigadores, podría haber conseguido medicamentos, entre ellos, el diazepam que, en grandes dosis, fue detectado en las vísceras de la víctima.

Esta semana comenzarán a declarar amigos y compañeros de Anahí. Quizás ahora ayuden a la Justicia a dilucidar por qué aunque casi todos conocían la casa de Bazán ninguno la mencionó cuando todavía se buscaba a la chica con vida.

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