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Más difícil que jugar con Messi es tener que enfrentarlo

Dos golazos de Leo a Juventus marcaron el 3-0 con el que Barcelona debutó en la Champions League; su sociedad con Suárez es la que no encuentra en la selección

Martes 12 de septiembre de 2017 • 18:33
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De capitán a capitán: Iniesta le cede la cinta a Messi
De capitán a capitán: Iniesta le cede la cinta a Messi. Foto: AP

Quizá le asista algo de razón a Paulo Dybala cuando dice que a él le resulta difícil jugar con Lionel Messi, algo que implica una duplicidad de funciones por las características de cada uno y la zona del campo que más les gusta transitar. De todas maneras, más complejo que compartir un equipo con Leo es tenerlo del otro lado, de rival. El cordobés, que había sido la gran figura en la ida de los cuartos de final de la anterior Champions League, cuando Juventus eliminó a Barcelona, fue testigo cercano de la majestuosidad de Messi cuando se complementa y se entiende con sus compañeros. Desde hace muchos años, sabemos que eso ocurre con más asiduidad y naturalidad en Barcelona que en el seleccionado. Una prueba más en ese sentido fue el 3-0 en el Camp Nou, que inauguró una nueva Champions, con dos golazos de Messi, que además participó en el tanto de Rakitic.

Aunque ya no esté Neymar, que le pone alas al proyecto europeo de Paris Saint Germain, Messi sigue conservando buenos socios en Barcelona, los que le están faltando cuando se pone la celeste y blanca. El principal de ellos, su amigo Luis Suárez. Con el uruguayo no hay superposición de tareas ni disputas por un metro más o menos del terreno. Son la fórmula perfecta. La magia y la topadora. La clase y la enjundia. Ni siquiera se pelean por el gol, siendo Suárez un obsesivo por el arco rival. La generosidad y la complicidad los relaciona. Si a ese encastre futbolístico se le suma la amistad que construyeron en la vida cotidiana, toda la ganancia es para Barcelona, que empieza a dar las señales más prometedoras desde que asumió Ernesto Valverde, que había pasado por un bautismo agrio ante Real Madrid por la Supercopa.

Messi abrió y volcó un partido en el que el primer tiempo se iba sin que pasara nada. Como si dos gigantes de la competencia no quisieran quemar mucho combustible en la primera vuelta de una carrera que será de largo aliento hasta la final de mayo de 2018, en Kiev. Incluso Messi había estrellado en los botines de la barrera un tiro libre, en busca del espacio que debía quedar por el salto que Gianlugi Buffon le había pedido a sus compañeros. Con esa perspicacia, Leo le convirtió un gol a Uruguay por las eliminatorias. A veces, aunque sea una excepción, lo que intenta le sale en la selección y no en Barcelona.


Dybala, que había sido la gran figura en la ida de los cuartos de final de la anterior Champions League, cuando Juventus eliminó a Barcelona, fue testigo cercano de la majestuosidad que alcanza Messi cuando se complementa y se entiende con sus compañeros.

Entre la capacidad técnica de Pjanic y el músculo de Matuidi se enredaba la conducción de Messi, que a su derecha tenía al joven Dembele, todavía algo tímido e inestable como para que justifique su condición de contratación más cara en la historia de Barcelona.

Bastó que Messi encontrara un hueco por el pasillo central para encarar y que Suárez le hiciera una devolución de pivote. La sociedad se ponía en funcionamiento. El rosarino definió con un zurdazo a un rincón antes de que le saliera la marca y Buffon tuviera tiempo de intuir la dirección.

Un gol más de Messi en Champions (era el 95 en 116 partidos). Pero no era un gol más. Que es más efectivo en Europa que en Sudamérica es una sensación que está confirmada por las estadísticas. Pero dentro del Viejo Continente no todos los países se le dan igual de bien. Contra algunos le cuesta más. El nivel máximo de dificultad para el rosarino lo ocupa Italia, y puntualizando un poco más, la Juventus del admirable Buffon, que a los 39 años tenía colgada la medalla de haber enfrentado en tres partidos a Messi sin recibir goles. Hasta ayer.

La categoría de prócer del fútbol de Buffon también lo es por su don de gente, su calidad humana. Estupendo arquero, no se cree lo que no es. Y le sobran sentidos, del humor y común, para saber que si Messi nunca le había convertido era más una circunstancia que algo fáctico. Hace un tiempo, cuando se lo encontró a Leo en un acto privado, lo pellizco suavamente. "Quería comprobar que fuera humano. Yo lo veo como un extraterrestre que juega entre nosotros".

Buffon comprobó que Messi es humanamente descollante con un pelota en los pies, cuando le marcó el segundo con otro zurdazo a un rincón. Al final, el guardavallas de la Vecchia Signora le dio un abrazo, mitad paternal, mitad admirativo.

Del otro lado, poco de Dybala y de Higuaín. Sólo aproximaciones tibias. El partido a los dos se les hizo muy difícil porque enfrente esta Messi, a quien es más duro padecerlo que esforzarse por acompañarlo.

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