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Un triunfo que le ofreció oxígeno y envalentonó a San Lorenzo, de cara a las semifinales de la Copa Libertadores

Nicolás Blandi anotó los dos tantos del Ciclón en el Nuevo Gasómetro; el desquite se jugará en el Sur el 21 de septiembre

Miércoles 13 de septiembre de 2017 • 21:50
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San Lorenzo-Lanús, Copa Libertadores: con goles de Blandi, el Ciclón gana el primer duelo de cuartos de final
San Lorenzo-Lanús, Copa Libertadores: con goles de Blandi, el Ciclón gana el primer duelo de cuartos de final. Foto: LA NACION / G. Ortiz/JAM Media

Hay partidos que dejan una huella. La final que jugaron San Lorenzo y Lanús en el Monumental, donde los Granates vapulearon 4-0 al Ciclón marcó el fin del ciclo Guede en el Bajo Flores e impuso al ganador como espejo del fútbol argentino. Un año y medio más tarde, los 4tos de final de la Copa Libertadores los volvió a cruzar. Un encuentro que sin ser definitorio, el desquite se jugará dentro de siete días, en el Sur, puso en evidencia cuál es el momento por el que transita cada equipo. Sin éxitos en la Superliga y eliminados de la Copa Argentina, el certamen internacional es la tabla a la que se aferran uno y otro y que le toma examen a los entrenadores. El 2-0, inobjetable, le ofreció oxígeno y envalentona a San Lorenzo, a la vez que dejó aturdido a Lanús, que nunca tuvo respuestas futbolísticas ni anímicas para emparejar.

Un juego de estrategias, en el que ocupar los espacios resultaba la fórmula para imponer condiciones, el plan que se propuso desde el inicio. Con dos sistemas diferentes, aunque con el mismo propósito: desajustar los circuitos futbolísticos del rival. El ahogo, con una presión sostenida sobre los volantes, en particular a Román Martínez, la idea de San Lorenzo; replegarse para quitarle vuelo a Cerutti y Merlini, el método de Lanús, que retrasaba a Lautaro Acosta y al uruguayo Silva para equilibrar la superioridad numérica de los locales en la zona donde se disputaba la tenencia y la posesión. En esa pulseada, la actitud del Ciclón ejerció un efecto que provocaba un dominio territorial, ante la pasividad y los movimientos lentos y ausentes de sorpresa que ensayaban los Granates. Desde el despliegue de Mussis y de Mercier, jugador que toma impulso en los pasajes determinantes, el conjunto que dirige Aguirre -anoche celebró su cumpleaños- se ofrecía compacto, ordenado, y desnudaba la incomodidad que envolvía a los visitantes. Fue el esfuerzo y la entrega lo que lució, por encima de lo que podían hilvanar Belluschi, que sigue un par de escalones por debajo de su mejor versión, y el juvenil Merlini, quien alternó buenas y malas, pero que no alcanzó para darle el desequilibrio que se pretendía por la banda izquierda.

La fluidez para gestar situaciones de riesgo, sin embargo, no era propiedad de ninguno de los dos. Pero en ese contexto de luces tenues, empezaba a brillar Nicolás Blandi. Valiente para soportar en soledad la pelea franca con los zagueros Braghieri y Herrera; astuto para resolver de espalda. Era el punto en el que descansaba San Lorenzo, el que ilusionaba. Si el goleador se lamentó en los últimos tiempos de la falta de socios para atacar, la capacidad para ubicarse y marcarle el pase a Mercier, y luego resolver con la frialdad que tienen los futbolistas de clase ante la salida del arquero, evidenció que el capitán estaba un paso por encima del resto y el público se lo hizo sentir al brindarle una ovación cuando fue reemplazado por Reniero, una decisión del DT para que ese esfuerzo tuviera un emotivo reconocimiento. Una tarea que fue un desahogo personal, también un alivio para el equipo.

El gol no trastocó el desarrollo, no modificó posturas. Fue el Ciclón el que siguió marcando el ritmo ante un rival que se deshilachaba. Marcone no era el punto de partida y Román Martínez quedaba aislado, sin socios para elaborar juego, porque quienes debían ser sus laderos se desdibujaban en la contención y se quedaban sin energías para avanzar. Las trepadas de Gómez resultaba algo del pasado, como si la lesión le hubiera minado el espíritu. Todo lo que proponía Lanús se desvanecía, resultaba intrascendente, llamativamente falto de carácter. Donde había un jugador Granate, asfixiaban dos del Ciclón.

En la confusión de uno y la templanza del otro estuvo el argumento del 2-0: Gómez intentó eludir en la puerta del área chica: el resultado fue una falta sobre Blandi, que con oficio le ganó la posición. Penal que el colombiano Roldán sancionó sin titubeos y que el artillero se encargó de convertir. Un marcador que, a falta de 40 minutos para el desenlace, tenía tinte de irreversible. Lanús se llenaba de impotencia, mientras que San Lorenzo se energizaba y empezaba a cuidar la ventaja para el encuentro desquite, ése que lo puede poner entre los cuatro mejores de la Copa Libertadores y soñar con un trofeo que hasta 2014 era esquivo y ahora se convirtió en una obligación.

El 1-0 de San Lorenzo

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El 2-0 del Ciclón, de penal

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