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Primera pulseada de Macron con los sindicatos por la reforma laboral

Parte del movimiento obrero salió a la calle a reclamar contra la nueva legislación, pero no tuvo la adhesión esperada; el presidente viajó al Caribe

Miércoles 13 de septiembre de 2017
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LA NACION
La central comunista CGT movilizó ayer a miles de trabajadores en París
La central comunista CGT movilizó ayer a miles de trabajadores en París. Foto: Reuters / Charles Platiau

PARÍS.- En la primera gran pulseada social contra las reformas del presidente francés, Emmanuel Macron, miles de manifestantes salieron ayer a las calles a protestar contra la reforma laboral. La participación, inferior a la prevista, seguramente alentará al jefe del Estado a acelerar su programa de "transformar" el país.

La convocatoria a la huelga en 4000 empresas y a la movilización general fue lanzada por la central obrera comunista CGT, según la cual 500.000 personas manifestaron en todo el país. La organización denuncia la reforma pro mercado del presidente, que flexibilizará la ley laboral y facilitará los despidos.

Violentos enfrentamientos entre bandas de radicales y fuerzas del orden se produjeron en París, donde se reunieron unas 60.000 personas, según los organizadores; 24.000, según la Prefectura de la capital. También hubo enfrentamientos entre jóvenes anarquistas y la policía en Lyon, Nantes y Caen.

En Marsella, la protesta contó con la presencia del ultraizquierdista Jean-Luc Mélenchon, líder del partido Francia Insumisa (FI). "Macron comprendió perfectamente que esto es una pulseada. El lo quiso así. Ahora, nosotros tenemos que aceptar el desafío", declaró. Para Mélenchon, el gobierno "dará marcha atrás con la reforma laboral".

Aunque parte del sector público, de los ferrocarriles y de los trabajadores de la energía se sumó al movimiento, la respuesta resultó inferior a la registrada el año pasado, cuando el presidente socialista, François Hollande, lanzó su reforma laboral.

La explicación reside probablemente en las profundas divisiones que existen entre las principales centrales obreras. La CGT parece decidida a oponerse a lo que considera el "desmantelamiento" de los logros sociales, mientras que la CFDT (reformista) y FO (trotskista) parecen dispuestas a llegar a un compromiso con el gobierno. Ninguna de ellas participó ayer en la movilización.

En todo caso, la marcha no sólo fue el primer capítulo de una serie de jornadas de protesta, sino el primer test para Macron, cuya popularidad sigue cayendo en forma estrepitosa. Según recientes sondeos, sólo el 40% de los franceses está satisfecho con el Ejecutivo, mientras que el 55% se declara en contra de la reforma laboral. Muchos de ellos, sin embargo, apoyan ciertas medidas incluidas en el texto, como la posibilidad de que, en las pymes, los empleados puedan negociar directamente con la empresa, sin pasar por los sindicatos.

Para los analistas, el creciente desamor de los franceses responde a una serie de errores de comunicación del joven líder de 39 años y a las primeras medidas fiscales, que convencieron a la gente de que actúa como el "presidente de los ricos" en detrimento de las clases populares.

Macron, en todo caso, no estuvo en París durante la jornada de protesta. El presidente voló a las islas de Saint-Barthelemy y Saint-Martin, en las Antillas francesas, devastadas por el huracán Irma, donde prometió "una reconstrucción ejemplar".

A pocos escapó el mensaje de ese viaje. Para Macron no hay posibilidad de dar marcha atrás con su nueva ley laboral, que aprobó por decreto y entrará en vigor a fin de mes. A este primer capítulo de su programa deben seguir las reformas fiscal, universitaria y de la seguridad social. En otras palabras, la agitación social no hace más que comenzar.

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