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La corrupción no se relativiza

Miércoles 13 de septiembre de 2017
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El locuaz y excéntrico ex presidente de Uruguay José Mujica acaba de cometer otro grave error al relativizar irresponsablemente la corrupción pública. Nos referimos a la desacertada e insólita frase con la que defendió a su ahijado político, el renunciante vicepresidente de su país, Raúl Sendic, quien, al encontrarse al borde del abismo, decidió dimitir, acusado de corrupción, pues se comprobó que cuando fue presidente de la petrolera estatal Ancap utilizó abusivamente en el exterior una tarjeta de crédito corporativa, con la que hizo compras personales de ropa, joyería, calzado y artículos deportivos por algo más de 38.000 dólares.

Para minimizar y quitar trascendencia a lo sucedido, Mujica dijo: "Acá enfrente, unas monjitas tiran unos bolsones de plata... y nosotros discutimos por calzoncillos". A lo que agregó: "Por favor, démosles dimensión a las cosas".

Su afirmación es ofensiva, ya que resulta tolerante con la corrupción, cuando ésta no es una cuestión de montos, sino que resulta siempre inaceptable.

La propia Comisión de Conducta y Ética de la coalición de gobierno uruguaya había concluido, lapidariamente, que ese uso de la tarjeta de crédito era condenable como forma obvia de corrupción. Esto es, que fue una manera de transgredir normas legales y principios éticos para beneficio personal. Lo que supone mentir para enriquecerse personalmente, en detrimento del Estado.

Sendic no es conocido por decir la verdad. Mintió sin empacho cuando se describió falsamente a sí mismo como "licenciado en Genética Humana", egresado de la Universidad de La Habana, donde vivió la mayor parte de su vida. Esa universidad cubana no ofrece licenciaturas como la invocada. Tal mentira fue investigada judicialmente y comprobada, pero Sendic salió relativamente ileso de esa emergencia, puesto que la justicia sostuvo que su mendacidad, imperdonable desde la ética y la moral, en cambio no conformaba un delito.

En ese momento, la esposa de Mujica, la senadora Lucía Topolansky, afirmó "haber visto" el título mañosamente invocado por Sendic, con lo cual, mintió. Como su propio marido, José Mujica, padre político del dimitente vicepresidente uruguayo, Topolansky integró el movimiento subversivo Tupamaros, al que reivindica diciendo que no reniega de la lucha armada de esa época, avalando las "muertes decididas", las "ejecuciones" de personas, según puede verse en un video que circula desde hace tiempo. La renuncia de Sendic promoverá a la senadora a la vicepresidencia de su país.

La gestión de Sendic al timón de la petrolera oriental fue desastrosa, ya que generó para la empresa, en sólo un quinquenio, pérdidas del orden de los 2000 millones de dólares, que obligaron a recapitalizarla. Esto, pese a que Uruguay tiene los combustibles más caros de la región.

La mendacidad de Sendic ha sido uno de los factores del deterioro de la popularidad del Frente Amplio que augura lo que aparece como un posible próximo cambio de signo político en el gobierno del país vecino.

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