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La fascinante historia de los encantadores de caballos en Argentina

La familia Scarpati vive en la zona de las Pampas y practica un arte ancestral aprendido de los aborígenes ranqueles: la doma india, que permite amansar a los caballos sin violencia o coerción.

Miércoles 13 de septiembre de 2017 • 09:56
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Foto: LA NACION

La familia Scarpati vive en las Pampas, las tierras bajas que se extienden hacia el oeste en el centro de Argentina.

Estas vastas praderas se han usado tradicionalmente para criar ganado, que es cuidado por paisanos (la versión moderna de los gauchos) a caballo.

Los caballos son una parte importante de la cultura aquí y el pueblo originario de la zona, los ranqueles, son famosos por sus habilidades domando caballos salvajes.

Foto: LA NACION / Erica Canepa

Los Scarpati aprendieron este arte de los ranqueles y lo llaman "doma india".

Amansan los caballos sin violencia ni coerción, usando únicamente la paciencia y una profunda comprensión del temperamento y los instintos del animal.

En su estancia los caballos deambulan por todos lados.

Foto: LA NACION

Oscar Scarpati, de 70 años, entra al corral y se saca los zapatos. Sus ojos brillan.

Su manera de encarar la doma de un caballo jóven es convertirse en uno, moviéndose como un caballo y jugando como uno, incluyendo las mordidas.

Foto: LA NACION

Después de unos minutos abraza al caballo.

"De ahora en más seremos compañeros, el caballo ha aprendido que no soy un predador y que no lo lastimaré", cuenta.

Foto: LA NACION

La conexión de Oscar con los caballos se remonta a su infancia. Cuando tenía 12 años aún no había pronunciado una sola palabra y le diagnosticaron autismo.

Su madre no sabía cómo lidiar con la condición hasta que se dio cuenta de que cada vez que el niño se acercaba a un caballo dejaba de llorar.

Pasaba horas mirando a estos animales.

Para esa época Oscar se fue a vivir al campo de su tío en las Pampas argentinas. Un hombre ranquel llamado Don Cristóbal lo tomó bajo su ala.

Foto: LA NACION

Para los ranqueles, los caballos son semidioses y cualquier forma de violencia contra estos animales está prohibida.

Aprendieron a imitar el comportamiento de los caballos y a comunicarse con ellos.

Oscar aprendió esta empatía de Don Cristóbal, que le enseñó cómo entender los temores de estas criaturas salvajes y cómo ganar su confianza jugando con ellos como si fuera uno más.

Foto: LA NACION

De a poco se convirtió en un experto en psicología hípica.

Su pasión por los caballos corre en la familia.Tres de sus cinco hijos han seguido sus pasos.

Foto: LA NACION
Foto: LA NACION

Viajan por el mundo domando caballos con su método no violento.

Pincén es el hijo menor de Oscar.

Foto: LA NACION

En su compañía el rebelde pony Henry se convierte en poco tiempo en el más dócil de los animales.

Tan dócil que Pincén puede pararse sobre él y hacer una voltereta sin que el animal siquiera se mueva.

Oscar cuenta que el secreto de la habilidad de su familia es muy sencillo: "Muéstrale al caballo tu alma y él te mostrará el suyo".

Fotos: Erica Canepa.

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