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Fernando Trocca, el trotamundos

Nómade como pocos, el chef aprovecha sus constantes viajes de trabajo como escapadas de ocio, y así disfruta lo mejor de ambos mundos

Miércoles 13 de septiembre de 2017 • 14:18
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Fernando Trocca, el ociólogo experto de la semana
Fernando Trocca, el ociólogo experto de la semana.

"Hace mucho tiempo que no elijo un destino para irme de vacaciones", declara Fernando Trocca, para quien el verano es sinónimo de alta temporada en Uruguay. En cambio, opta por generar pequeños momentos de ocio a partir de sus viajes de trabajo. Hace poco estuvo en México, por ejemplo, donde aprovechó un compromiso laboral para tomarse un par de días de descanso. "Voy fraccionando el tiempo libre así, pero es como un truco, porque en realidad voy a trabajar". Hace menos de dos años, cuenta, decidió ponerle freno al ritmo de trabajo que venía teniendo y ahora elige hacer únicamente lo que le interesa y enriquece. El ejercicio es cuestionarse, antes de aceptar una propuesta, si verdaderamente quiere hacerlo o si lo haría por inercia. El próximo viaje en puerta, por ejemplo, es a Nueva York. Y aclara: "No elijo ir por el dinero, sino porque es el evento de unos amigos y me da placer estar ahí. Eso también es parte del ocio para mí, porque tengo la suerte de trabajar de lo que me gusta", reflexiona acerca de cómo ambos aspectos de su vida están íntimamente conectados.

En Buenos Aires es otro tema. "No tengo una rutina fija y sin embargo, aunque me propongo dejar un día de la semana libre para no hacer absolutamente nada, no lo logro", cuenta sobre su vida porteña. Trata de pasar la mayor parte del tiempo en su casa de La Lucila, que comparte a tiempo completo con su hijo Pedro, de 20 años, y a tiempo parcial con su hija Joaquina, de 11. El hecho de que la menor le pregunte a su papá dónde está el aceite de oliva en esta mañana lluviosa de invierno da la pauta del afilado paladar de la pequeña, que está preparando su desayuno. Es que Joaquina comparte con Fernando el gusto por la buena comida y es también su compañera en la cocina. Pedro también tiene su lado gourmet y padre e hijo han trabajado juntos y viajado también en mutua compañía. "Viajar es una muy buena manera de invertir el dinero", dice convencido el cocinero, que de chico soñaba con travesías y por eso ha llevado a sus hijos a recorrer el mundo a la par suya.

Salir a comer e invitar gente a su casa siempre son buenos programas para Fernando, que pareciera nunca cansarse de cocinar. Familia y amigos son habitués de los programas gastronómicos con los Trocca. "Mis amigos ocupan un espacio muy importante en mi vida", asegura el cocinero, orgulloso de atesorar amistades muy valiosas, de diversos momentos de su vida y radicadas en varias partes del globo. Y cuando le llega el momento de estar solo, también lo disfruta enormemente. Series, películas y libros forman parte de su ocio hogareño, aunque lamenta no leer tanto como solía hacerlo. Y por supuesto que su cocina está llena de vida. "Mi casa es el lugar donde más me gusta cocinar", afirma este padre que lo hace todos los días para su familia.

Ping Pong

¿Un hábito bueno? Levantarme temprano.

¿Una manía? Soy muy "obse" de la limpieza y el orden. Antes era más todavía, por suerte aflojé un poco. Pero, por ejemplo, no me quedo en cualquier lado. Lo pienso como un derecho ganado. En este momento de mi vida, y lo que quede, lo quiero pasar bien. Quiero elegir dónde, con quién y cómo.

¿El mejor consejo que recibiste? Cuando era chico me iba muy mal en el colegio y peleaba mucho con mi papá por eso. Cuando tenía casi 18 años, él ya no pudo más de renegar conmigo para que terminara el secundario y me dijo: "Si vos no querés estudiar más, ya no te voy a obligar. Solo te voy a decir que si estudiás, te voy a mantener. Si no, tenés que trabajar, porque solo te voy a dar casa y comida". Y en ese momento elegí trabajar de día y seguir estudiando de noche. Después, finalmente, dejé el secundario cuando me faltaban seis meses para terminar. Y me acuerdo de que, después de haber discutido muchos años, mi papá me felicitó. Habrá entendido el sufrimiento que fue para mí.

¿Tres cosas que nunca faltan en tu heladera? Anchoas, una botella de vino y unos chiles en vinagre que hago, me gusta mucho el picante.

¿Algo que tus hijos heredaron de vos? El amor por la comida. Los dos son muy sibaritas, disfrutan de sentarse a comer y no les da lo mismo que sea cualquier cosa.

¿Algo que no prestarías? He prestado de todo: el auto, libros, música. Prestaba muchos libros de cocina y ahora me volví selectivo porque he perdido varios en el camino. En todo caso, hay cosas que presto con más facilidad y otras que me cuestan más.

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