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La japonesa que escuchó a Piazzolla y se divorció para poder venir a tocar el bandoneón

El amor por el instrumento la llevó a disolver su matrimonio; hoy continúa perfeccionándose en el conservatorio y pese a que empezó tocando tango, prefiere el folklore y la música clásica

Miércoles 13 de septiembre de 2017 • 19:59
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LA NACION
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Kikuko Inhohara tiene 48 años, es japonesa y llegó a la Argentina hace once años. Nació en Hiroshima y estuvo casada, pero se divorció por su pasión por el bandoneón.

En su país escuchó por primera vez el sonido del instrumento con el que luego se perfeccionaría y tomaría clases hasta la actualidad.

"A la gente le llamó la atención que tocara y a mi marido y a su familia no les gustó. Japón es muy machista", recuerda Kikuko y cuenta que su caso era tan novedoso que los medios japoneses le hacían entrevistas y su rostro salía en los diarios, lo que generó resquemores en la empresa familiar de su marido, que se dedicaba al negocio de venta de autos y camiones.

"En el año 2000 iba manejando mi auto y escuché a Astor Piazzolla", dice Kikuko y recuerda que, como no había tanto acceso a Internet, compraba discos y los escuchaba para acercarse a los sonidos que tanto le atraían.

Al tiempo, en su ciudad, se realizó un festival con la participación de un bandoneonista. "Fui tres meses para ver cómo tocaban y le compré un bandoneón; al principio no sabía cómo empezar. Existen cuatro tipos de bandoneones, con diferente ubicación de los botones. Actualmente toco el diatónico".

Debido a que su matrimonio estaba lleno de sobresaltos y Kikuko no pensaba abandonar su nueva vocación, decidió divorciarse en 2005. Al año siguiente viajó sola a la Argentina en busca de mayor libertad. Recién llegada al país, vivió en Avellaneda con una familia de ascendencia japonesa. "En Japón escuchaba cursos de español por radio y acá tomé clases de castellano. Participé tocando el bandoneón en grupos de tango y en 2010 ingresé al Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla", relata.

Kikuko exhibe el bandoneón con el que ensaya en todas sus clases
Kikuko exhibe el bandoneón con el que ensaya en todas sus clases. Foto: LA NACION

"Me gustaba el tango, pero ahora prefiero el folklore y la música clásica. El tango me gusta pero la letra es triste. Mi carácter encaja mejor con el folklore", sostiene la mujer, que en su tono suave y en sus ideas da señales de timidez y corrección. "Para los japoneses es vergonzoso abrazar", remarca. Además, descarta de plano la creencia de que en Japón el tango sea un furor. "Lo escucha un 1% de la población, pero ese segmento es muy apasionado", reconoce.

Kikuko toma clases de bandoneón semanalmente y trabaja como moza en Ichisou, un restaurante de comida japonesa. "Vienen argentinos, orientales y brasileros. Muchos no conocen la comida. El japonés reserva un horario y es puntual o llega antes. Acá llegan tarde y cuando reservan para cinco personas vienen siete o trece", se queja.

El padre del dueño del local también tenía un bandoneón pero dejó de tocar y ella pudo comprarlo en cuotas. "Me emocioné cuando lo compré, es marca AA, estaba en muy buen estado y como empleada me lo dejaron a buen precio. Todos quedamos contentos, yo por adquirirlo y los dueños del restaurante porque cuando alguien toca el instrumento es como que sigue viviendo".

Kikuko toca zamba y chamamé. "Quiero que me identifiquen por mi estilo", afirma y relata que en muchas ocasiones toca junto a su actual pareja, un argentino que es guitarrista y al que conoció en un peña. Están de novios hace dos años y ya viajaron juntos a Japón, donde Raúl pudo conocer a su familia política.

Costumbres argentinas

"La gente es simpática y cariñosa, me gusta que en las calles la gente exprese su bronca como pasa con los cortes de calles o los piqueteros. En Japón la gente aguanta todo y luego mueren de estrés o se suicidan", compara Kikuko. "Japón es machista, acá me sorprendí, te abren la puerta para pasar; en Japón, por ejemplo, el hombre come antes que la mujer", señala la bandoneonista.

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Entre lo negativo de la Argentina, Kikuko apunta a la inseguridad y la inflación y cuenta que en febrero pasado volvió a visitar Japón y que "en 20 no cambiaron los precios, hay deflación".

"Me encanta acá, me acostumbré. Sólo extraño algunas cosas de electrónica que acá son malas y caras. Un último modelo de acá, ya lleva años en Japón. A veces extraño la comida. Todos los días tomo mate amargo con jenjibre, que es más parecido al té verde. Me gusta el asado, porque allá es más finito; acá el vino es muy rico y de buena calidad", dice Kikuko.

Un punto en contra que observa en nuestro país está referido a la música: "En Argentina se escucha mucha música yankee y regaetton; hay mucha música argentina que no se escucha en la radio o en las publicidades. Casi no hay programas de tango, parece que es para extranjeros o viejos; y el folklore para gente de campo o sólo para festivales, creo que la culpa es de los adultos que no enseñan a los chicos", reflexiona.

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