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Gabo, la leyenda continúa

Jaime Abello Banfi, fundador y director de la Fundación García Márquez, habla del megaespacio cultural en Cartagena, dedicado al Nobel, que abrirá en 2018

Domingo 17 de septiembre de 2017
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LA NACION
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"Para nosotros, es fundamental convertir la memoria de Gabo en una herramienta de desarollo social." El énnfasis estará puesto en la investigación
"Para nosotros, es fundamental convertir la memoria de Gabo en una herramienta de desarollo social." El énnfasis estará puesto en la investigación. Foto: Alejandro Guyot

"Nos interesa que surjan más Gabitos. Apuntarle a que haya investigadores que encuentren fuentes confiables para profundizar en temas de Gabo. Porque para nuestros proyectos, Gabo es un punto de partida y no el punto de llegada", dice Jaime Abello Banfi, fundador y director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, desde su constitución en 1994. Abello pasó unos días por Buenos Aires para desarrollar múltiples actividades: inauguró la muestra El año mágico de García Márquez en la Biblioteca Nacional, en conmemoración de los 50 años de la aparición de Cien años de soledad, que exhibía la medalla y el diploma del Premio Nobel que Gabo obtuvo en 1982 y la máquina de escribir que utilizó para su obra maestra, entre otros objetos entrañables. También, en el Auditorio del edificio diseñado por Clorindo Testa brindó la conferencia "Los embajadores de Macondo", junto a dos compatriotas suyos, el periodista Alberto Salcedo Ramos y el académico Ariel Castillo, especialista en la obra de Gabo. Participó, también, de una cena de camaradería con Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional, y con Consuelo Gaitán, la directora de la Biblioteca Nacional de Colombia. Tuvo reuniones para activar la publicación local de Gabo Periodista, una voluminosa antología de textos periodísticos de García Márquez, seleccionados por plumas de la talla de Jon Lee Anderson, Alma Guilermoprieto, Martín Caparrós, Sergio Ramírez, María Elvira Samper y Juan Villoro, entre otros, y editada por el boricua Héctor Feliciano. Además, brindó una conferencia para presentar la edición de este año del Premio y Festival García Márquez de periodismo.

En medio de esa abultada agenda, Abello se hizo un tiempo para tomar un café en La Giralda, ese templo a la porteñidad que aún resiste en la avenida Corrientes, y adelantarle a La Nación revista el nuevo y ambicioso proyecto de la Fundación: el Centro Internacional para el Legado de Gabriel García Márquez, que se inaugurará el año próximo en Cartagena de Indias. "Este proyecto significa una nueva etapa, un giro en la Fundación, y tiene que ver con la idea de que asumamos un grado mayor de responsabilidad en cuanto al legado de Gabo, en un sentido amplio. Se trata de un conjunto, que incluye el patrimonio simbólico, las ideas, los ejemplos, los referentes, todo lo que genera la memoria de Gabriel García Márquez -explica-. Esto nació cuando Gabo todavía estaba vivo. Cada cinco años, la Fundación hace encuentros para repensarse, en un sentido que permite definir una revisión estratégica. Y lo hace con un conjunto amplio de sus colaboradores. Cuando celebramos los 15 años, en Cartagena, llegamos a la conclusión de que valía la pena impulsar que hubiera un centro cultural alrededor de la figura de Gabriel García Márquez, desde el cual la Fundación pudiera hacer mejor su trabajo y que le sirviera como sede principal de los talleres y, al mismo tiempo, para crear unos programas un poco más amplio, en el campo cultural."

¿Cuál fue el punto de partida?

El fallecimiento de Gabo, en abril de 2014, aceleró ese proceso. A los pocos días de su muerte, en el Congreso de Colombia, se empezó a tramitar una ley de Honores para homenajearlo. Y a los ponentes del proyecto les interesó nuestra idea del Centro Cultural. Fue así que quedó en la ley que en Cartagena se establecerá un Centro Internacional para el Legado de Gabriel García Márquez, que será un proyecto de asociación pública-privada, inspirado en Gabo, pero con acción en distintos campos.

¿Y ese proyecto ya es ley?

Exacto. De hecho, es la misma ley que establece que tengamos la imagen de Gabo en los billetes de 50 mil pesos colombianos. La ley se promulgó el 24 de diciembre de 2014. Y en 2015 nos dedicamos a la planeación estratégica del proyecto, mediante consultas muy amplias a los maestros de la Fundación, los miembros de la familia y algunos amigos.

¿Cómo fue ese proceso?

Fue un trabajo muy amplio donde se estudiaron todos los aspectos y se hizo un análisis comparativo con otros centros culturales, casas museos y casas de autor. Miramos también cómo se podría financiar, y qué tipo de programas podría tener. Quedó un proyecto muy completo en todos sus aspectos y dio un salto: la idea es que no sólo fuera un centro cultural, sino también la idea de promover la apropiación social del conocimiento a partir del legado en movimiento de Gabriel García Márquez, enfocado a tres campos específicos. Por un lado, impulsar las vocaciones de las artes y las ciencias. Luego, promover el pensamiento crítico. Y, finalmente, formar e inspirar a la ciudadanía en el uso creativo y ético del poder de investigar, contar y compartir historias.

"Este proyecto significa una nueva etapa, un giro en la Fundación", dice Abello Banfi
"Este proyecto significa una nueva etapa, un giro en la Fundación", dice Abello Banfi. Foto: Alejandro Guyot

La ley 1714 establece cuatro pilares que sostendrán el Centro Gabo: una exposición interactiva de carácter didáctico (a la manera de un museo), una escuela internacional de comunicación e innovación en periodismo (que recoge las bases de la Fundación), un espacio de encuentro cultural y académico, y un programa permanente de investigación para alimentar el estudio y la interpretación de la vida y obra de García Márquez. Físicamente, el Centro Gabo funcionará en el Palacio de la Proclamación, frente al Parque Bolívar, en Cartagena, que está siendo restaurado. Dentro de la ciudad amurallada, es un sitio particularmente emblemático en la historia de Gabo, porque en ese parque, el autor de Cien años de soledad, Relato de un náufrago y El coronel no tiene quien le escriba, entre tantas obras célebres, pasó su primera noche en la ciudad, en abril de 1948. "Es un edificio noble, muy importante. Fue un ofrecimiento del gobernador, y estamos por celebrar los convenios muy pronto. La restauración ha ido avanzando y, si todo va bien, es posible que dentro de un año ya sea el centro de operaciones del Centro Gabo."

¿Cómo definieron la misión del proyecto?

Hicimos una serie de investigaciones. Conceptualizamos una especie de matriz que nos va a servir para la formulación del proyecto y programas concretos, y también para enfocar el campo de investigación. Y creamos una noción que se llama Árbol Gabo y es una mirada sobre cinco ramas de García Márquez.

¿Cuáles son esas cinco ramas?

Su historia personal; su rol de investigador y contador de historias, y eso incluye, por supuesto, sus trabajos en literatura, periodismo, cine, y sus hábitos y sus métodos; la tercera rama es la del educador, porque fue fundador de instituciones, y también personalmente impartió talleres de cine y periodismo; la cuarta es la del emprendedor, ya que fue un hombre con muchas iniciativas, y no es algo que sepa demasiada gente; y, finalmente, la quinta rama es la del ciudadano. Sus preocupaciones políticas, sus valores cívicos. Entonces, ¿qué queremos? Queremos que eso sirva para encuadrar ahí ese rescate de la vida de García Márquez, de su memoria y al mismo tiempo para marcar nuestros intereses. Eso se va a marcar no sólo en las exposiciones y en los talleres, sino en todas las actividades que hagamos. El Centro Gabo retoma claramente la tradición de la Fundación.

Pero también implica nuevos desafíos.

Así es. Por eso, lo primero que hemos hecho es reconocer que teníamos que adquirir capacidades, porque eso significa trabajar con otros sectores de la sociedad, además de los periodistas, que incluye a niños, jóvenes, minorías y grupos más vulnerables.

¿Tuvieron experiencias en esa dirección?

Sí. El periodista argentino Marcelo Franco dictó un taller de periodismo para niños de 11 a 14 años en el barrio Nelson Mandela, una de las zonas más pobres de Cartagena, con el apoyo de la Fundación Tenaris. Y quedamos felices. El objetivo no era convertir a los niños en periodistas, sino estimularlos a todo nivel. De desarrollo humano, de su competencia ciudadana, de sus capacidades expresivas, del autorreconocimiento, de un pensamiento crítico. Y lo logramos plenamente. Este año tenemos otro grupo esperando para una segunda experiencia piloto. Nos hemos estado preparando y sentimos que el periodismo tiene mucho que aportar más allá de sí mismo.

De algún modo, se trata de hacerle honor a esa "bendita manía de contar" que tenía Gabo.

Para nosotros es fundamental convertir la memoria de Gabo en una herramienta de desarrollo social. Hacemos cierto énfasis en la investigación. Y en ese sentido, recordamos otra frase de Gabo muy emblemática: "Soy un periodista, fundamentalmente. Toda mi vida he sido periodista. Mis libros son libros de periodista, aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información de los hechos es de periodista". Lo que queremos es que el ejemplo de Gabo, como investigador y contador de historias, sirva de referente, de inspiración, de modelo, para liberar fuerzas creativas, y al mismo tiempo recordar que hay que hacerlo con cuidado, con respeto. Recordar cómo Gabo, para sus novelas y sus cuentos, se preocupaba muchísimo por la exactitud, por el rigor, por la verosimilitud de las historias. Y en el campo del periodismo, igualmente. Pero en especial queremos demostrar que ahí está el poder. Es un poder que hay que saber usar de manera creativa, pero al mismo tiempo ética. Ese poder está cada vez más difundido gracias a que vivimos en una era en la cual las herramientas de la expresión y la difusión, gracias al mundo digital, se encuentran en manos de todos.

VÍNCULO CERCANO

Desde que García Márquez lo convocó a cranear la Fundación, en 1993, Jaime Abello mantuvo un vínculo cercano y afectuoso con el autor de Los funerales de la Mamá Grande. "Era un tipo agudo, cuidadoso, divertido, clarividente. Cuidaba mucho su intimidad. Él decía que todo ser humano tiene tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Y él cuidaba mucho su vida privada y su vida secreta", recuerda con una risa nostálgica.

¿Qué otros rasgos podrías destacar de su personalidad?

Tenía un carisma extraordinario. Todas las personas que lo conocieron quedaron tocadas por su simpatía, por su genialidad. Y, además, una calidez que todo el que estuvo charlando con él, nunca más lo olvidó. Incluso en los momentos en que estuvo más afectado por la desmemoria, al final de su vida, siempre conservó esa actitud de bonhomía, un sentido del humor que incluso lo llevó a burlarse de sí mismo cuando no recordaba algunas cosas.

¿Por qué dirías que mantiene su vigencia?

Porque su obra no es estática. Yo invitaría a ver su obra, en principio, en un sentido más amplio. Más allá de la obra literaria de ficción, la obra literaria del periodismo y hay una obra en el campo audiovisual. Lo resalto, entonces, porque fue un creador de rangos muy amplios, lo que pasa es que la máxima fama se la ha dado la literatura. Pero él permitió que hubiera retroalimentación entre todos estos campos. No solamente por el método y la actitud en las citas que mencionábamos, sino, por ejemplo, en un libro como Crónica de una muerte anunciada (1981), que es un caso judicial que se aborda periodísticamente y se convierte en novela. Entonces, es una obra amplia, que representó en su momento una ruptura extraordinaria. Que es al mismo tiempo totalizadora, y que tiene, para quienes somos del Caribe, una fuerza especial. Porque nos vemos identificados. Yo sé que esa obra es capaz de generar identificaciones que van mucho más allá del Caribe. Pero en el caso de la gente del Caribe, la identificación es la máxima: en las representaciones ambientales, en los personajes, en el propio sistema de audio que tiene esa novela. Porque son novelas que tienen sonidos. Hay algo ambiental que está claramente representado, y que tiene que ver no sólo con el clima y la humedad, sino con la música y con los ruidos. Entonces, yo creo que son obras que tienen vigencia, no disminuyen, y lo increíble es cómo pueden ser revisitadas por quienes las leímos alguna vez, cómo pueden ser incursionadas por quienes apenas están llegando a su lectura. Por eso, García Márquez, además de ser un gran escritor, es un clásico.

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