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Éxitos invisibles y fracasos publicitados

Domingo 17 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Foto: Eva Mastrogiulio

¿Cuántos fracasos constituyen un éxito? La pregunta puede parecer absurda, pero deja de serlo a la luz del fenómeno Fuck Up Nights, un emprendimiento que se reproduce en 77 países y 246 ciudades. Se trata de encuentros en los que, previa inscripción, un grupo de personas se reúne para contar sus fracasos en negocios y proyectos. Se supone que tras los relatos todos salen más fortalecidos para lanzarse de cabeza al éxito. Leticia Gasca, cofundadora del emprendimiento, afirma que "el fracaso es parte del camino" y al hacerlo público "comienza la sanación" (sic) y se forja el carácter. Así, por ejemplo Jack Ma, fundador de la tienda virtual Ali Babá, contó su fracaso en el intento de entrar a la universidad y, luego en varios empleos. Y J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, recordó cuántas veces le rechazaron originales en editoriales antes del triunfo. Hay más leyendas de exitosos que fracasaron previamente. Y en todos los casos la previsible y trillada conclusión es "Nunca te des por vencido". Curiosamente, este consejo lleva muchas veces a frustrantes y dolorosos empecinamientos. Porque lo imposible también existe.

En una cultura consumista y exitista, que busca soluciones inmediatas, con intolerancia a la frustración y a los límites, en donde el resultado importa mucho más que el proceso y la utilidad remplaza al sentido, era esperable que alguien viera un nuevo nicho de negocios. La conversión del fracaso en promesa de éxito. Y la rápida generación de una fórmula y una marca acordes. Ahora sólo falta dedicarse a fracasar para alcanzar el triunfo. Una curiosa falacia, ya que en el fondo esta no es sino otra fórmula (entre tantas y tan fugaces) que promete el secreto del éxito. Contar fracasos para obtener un resultado. Pero el pensador francés André Comte-Sponville propone en su Diccionario filosófico otra mirada. Cuando se deja de buscar resultados, dice, y se pone el foco en la acción misma, desaparece el fracaso y asoma la sabiduría.

Antes de seguir mirando al éxito, como ocurre en esta experiencia curiosa y oportunista, quizás habría que definirlo. Entonces se podrá entender mejor el fracaso. La definición puede ser social o personal. En la primera el éxito es lo que la sociedad define como tal, y el motivo por el cual alguien será valorado. Suele estar vinculado a lo material, se lo confunde con fama, se lo asocia a victorias y se lo otorga desde afuera. En el segundo caso éxito y felicidad se asocian como puntos de llegada de una vida orientada a la búsqueda de sentido, a explorar las razones por las cuales se está en el mundo, a vivir para alguien y para algo, de modo de dejar ese mundo un poco mejor de como lo encontramos al llegar.

El éxito social y económico debe verse, de lo contrario no existe. El éxito personal e íntimo no necesita exhibición, habita en el alma. ¿Qué es el fracaso en relación con ellos? Social y económicamente fracasar es no alcanzar metas, no vivir de cierta manera, no ser como los exitosos aprobados por la mirada ajena. Íntima y personalmente fracaso significa no haber encontrado respuesta a las preguntas acerca del sentido, del amor, de la trascendencia (entendida como haber ido más allá del propio ombligo para tocar al otro). "Aprendí que si uno avanza confiado en la dirección de sus sueños y acomete la vida que se ha imaginado para sí, hallará un éxito inesperado en sus horas comunes", reflexionaba el poeta y filósofo Henry David Thoreau. Y lo hacía en silencio, en su cabaña en los bosques de Walden, sin proponerse utilitariamente el éxito y sin hacer exhibición de sus fracasos. Porque si el fracaso se convierte en moda y en motivo de consumo, su producto puede ser el más vacío de los éxitos.

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