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De jugar en los Pumas y los Wallabies al trastorno bipolar: la historia de Topo Rodríguez

Considerado uno de los mejores pilares del mundo cuando estaba en actividad, representó a la Argentina desde 1978 a 1983 y también jugó un Mundial con Australia; una vida dedicada a la lucha y a su pasión por el rugby

Jueves 14 de septiembre de 2017 • 08:38
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Enrique Topo Rodríguez
Enrique Topo Rodríguez.

CANBERRA, Australia.- Vive, trabaja y se mueve con el mismo dinamismo de sus años dorados en el rugby internacional. Aquí, en Australia, Enrique Topo Rodríguez, 65 años, es tratado como una leyenda de la pelota ovalada. Una especie de enciclopedia abierta. Fuente de consulta permanente, el histórico pilar fue considerado alguna vez como uno de los mejores del mundo, con un derrotero de 15 tests en los Pumas (desde 1978 a 1983) y 26 con los Wallabies (1984 a 1987). Además, junto a Patricio Noriega, son los únicos dos argentinos que vistieron ambas camisetas. Aunque la historia de Topo, apodo que se ganó por su pericia para escarbar la pelota en los rucks y scrums, no siempre estuvo plagada de buenas sensaciones y en su camino apareció un mundo de contrastes.

Justamente en el mismo año en el que Rodríguez disputó el primer Mundial de la historia del rugby (con Australia en 1987), surgieron los fantasmas. Al tiempo dejó el rugby y comenzó a sufrir severos episodios depresivos. Fue la época en la que revolotearían por su mente la angustia, el insomnio, las frustraciones. De la depresión a la euforia constantemente pero con exteriorizaciones que excedían los parámetros normales. Hasta que un día tomó una revista y empezó a leer un artículo. En el mismo, la actriz canadiense Margaret Kidder contaba que un padecimiento mental la había llevado a pensar en el suicidio. Conmovido, ese fue el disparador para que Rodríguez compartiera lo que le estaba sucediendo con su círculo más íntimo. "Eso me ayudó a pensar en lo que me estaba pasando, me abrió la cabeza", explica Rodríguez a LA NACION en Australia. Los médicos le diagnosticaron trastorno bipolar o maníaco-depresivo. Por miedo y vergüenza lo había ocultado durante 19 años. Asegura que perdió todo y se quedó sin dinero.

Con entereza y una fuerza de voluntad inquebrantable Rodríguez logró salir adelante y además utilizó su experiencia para brindarles una mano a quienes cayeron en la depresión. Entonces, junto con seis personas, fundó en 2007 Topo Foundation for Education (TF4E), y se transformó en el director de una ONG que resultó clave en la ayuda e información para escuelas, clubes deportivos y entidades privadas y estatales. Lamentablemente, la misma ya no funciona aunque por fortuna dejó su legado.

-¿Cómo hizo para darle pelea al trastorno bipolar?

-Hablando con la gente y compartiéndolo con otras personas, con médicos, con psicólogos. Organizábamos programas en escuelas y en diferentes comunidades australianas. A los deportistas siempre les advertíamos que para que el físico funcione bien, la mente debe estar en óptimas condiciones. Le dediqué mucho de mi vida a la fundación pero desgraciadamente por falta de fondos la tuvimos que cerrar hace algunos años porque no teníamos colaboración del gobierno. Fueron siete años en los que, a nuestro modo, ayudamos a un montón de gente.

-¿En su momento ocultó la enfermedad por desconocimiento?

Sí, totalmente. Y además porque tenía vergüenza y distintos estigmas.

Topo Rodríguez, hoy
Topo Rodríguez, hoy.

Hoy, Rodríguez trabaja en un consejo de negocios que ayuda en las relaciones comerciales, educativas y culturales entre Australia y la Argentina. El timbre de su oficina suena una y otra vez. "Tengo mi familia aquí, un hijo, una hija y un nieto. Miro rugby todo el tiempo aunque no siempre puedo estar conectado", dice. Los días de Topo transcurren en la tranquilidad de Carlton, en las afueras de Sydney. "Llevo una vida sencilla, activa, competitiva. Sydney es una ciudad hermosa y moderna en la que hay mil actividades para hacer", relata con una sonrisa.

El ex jugador de Tala de Córdoba tuvo una distinguida carrera en el rugby y formó parte del equipo argentino que le ganó por primera vez a los Wallabies (24-13), el 27 de octubre de 1979, en la cancha de Ferro. Y también jugó en la última victoria del seleccionado en esta tierras, el 31 de julio de 1983, en Brisbane, con un marcador de 18-3. "En Los Pumas tuve una carrera hermosa de seis años, una gran parte de mi vida pasó por ahí. Nos llevamos buenos triunfos. Acá en Australia jugué otros cuatro años y tuvimos grandes batallas, ganamos el Grand Slam y la Bledisloe Cup contra Nueva Zelanda", detalla. Rodríguez, además, posee otro registro particular: disputó un encuentro para el seleccionado de Tahití y de esa manera vistió las camisetas de tres naciones diferentes.


Justamente en el mismo año en el que Rodríguez disputó el primer Mundial de la historia del rugby (con Australia en 1987), surgieron los fantasmas. Al tiempo dejó el rugby y comenzó a sufrir severos episodios depresivos. Fue la época en la que revolotearían por su mente la angustia, el insomnio, las frustraciones.

Pese a sus obligaciones actuales, Rodríguez no olvida los orígenes ni la genética de su pasión y es el autor del libro The art of scrummaging (El arte del scrum), publicado en 2012, donde se mete en profundidad en los conceptos de esa formación. Una vez consumado su retiro del rugby profesional se dedicó a dar charlas y clínicas en varios países. El entrerriano pero cordobés por adopción se reconoce un estudioso del scrum. "Es un libro que se trata de la técnica, la filosofía y la historia de esa faceta del juego. Es didáctico y allí junté la opinión de 35 personas especializadas entre jugadores y entrenadores. Es como una tesis del scrum".

Rodriguez cuenta que no siempre puede ver los encuentros del seleccionado argentino pero que está al tanto de todo lo que pasa en el rugby y principalmente en el scrum, su especialidad. "Desde mi punto de vista se le dejó de prestar la atención que merece porque la Argentina tiene un juego más dinámico en la actualidad. Es una lástima porque se dejaron algunas premisas de lado. Hace siete años ofrecí un proyecto para crear una academia de scrum en la Argentina pero no hubo interés o quizás en ese momento no era la oportunidad", explica. No obstante, ve a los Pumas con la posibilidad de lograr un desempeño provechoso y hasta inclusive de llevarse un buen resultado en el cruce ante los Wallabies en Canberra. "Tienen un plantel muy competitivo. El sábado contarán con una muy buena oportunidad. Quizás los Pumas tengan hoy una falta de concentración en los minutos finales que les hace pagar caro el tanteador definitivo pero con trabajo esas cosas se corrigen".

Aprendió y siguió adelante a fuerza de sacrificio. Pero no se quedó con eso e intentó ir por más, dejar un sello, ayudar a otras personas. Topo Rodríguez disfruta cuando habla de rugby y puntualmente del scrum, "su" scrum. Y siempre está listo para dar batalla.

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