Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"El amor te vuelve ciego y yo lo estaba"

Juntos fueron perfectos hasta el día en el que su romance amaneció sumergido en un torbellino emocional inexplicable; En él, ella perdió su eje y él se volvió su centro; Entre las mentiras, la maternidad olvidada y la pasión, ¿podrían volver a amarse?

Señorita Heart

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 15 de septiembre de 2017 • 00:04
0

24 de noviembre de 2016. Un jueves cualquiera. Laura, vestida con una remera blanca y una pollera negra, se miró en uno de los espejos de la discoteca y se ató el pelo en un rodete. A través del reflejo, vio pasar a un chico muy alto que la miró y siguió de largo; Laura enloqueció. Al notar la desesperación en su cara, su prima lo frenó y la señaló. Él la observó y, sin dudarlo, caminó hacia ella. Al rato, llegaron las risas y los besos. Él se fue con la promesa de escribirle y el pedido de que le avisara si había llegado bien a su casa. Laura lo hizo y, después de uno o dos mensajes más, se durmió feliz.

Al día siguiente, otro mensaje: "Sebastián, un gusto". Continuaron con una conversación animada hasta que, de pronto, él le envió una foto con un cartel que decía "Te amo", escrito con su puño y letra. "Quiero que lo imprimas y lo pongas en tu escritorio", le dijo. Y así lo hizo.

Juntos eran mágicos

Desde ese domingo y hasta el jueves siguiente, se escribieron a toda hora y sin parar hasta que acordaron encontrarse. "Una bestia", pensó Laura al verlo: enorme, hermoso, 1.90 y pico de lo más lindo que había visto en la vida. ¡Y esa sonrisa! La desarmaba y no sabía cómo saludarlo; por suerte, él tomó la iniciativa y la besó. Caminaron hasta un bar con la naturalidad de dos personas que se conocen desde siempre; allí, le siguieron horas de cervezas, charla y magia. "¿Vamos a mi casa?, le propuso Sebastián, y se perdieron entre besos y respiraciones. Todo perfecto; ellos eran perfectos. Incluso por la mañana, con los mates y Los ángeles azules sonando de fondo.

"Hacía tanto que no me sentía así. Ilusionada, asustada. Recién te conocía hacia un segundo y ya me había vuelto loca por vos", escribió Laura meses después, a modo de catarsis. "Me acuerdo que al martes siguiente, un día antes de mi cumpleaños, me mensajeaste contándome que no habías ido a trabajar y que si quería almorzar. ¡Sí! Te vi. Tan hermoso. Todo enorme. Remera negra, jean, yo moría de amor. Elegimos un lugar, nos sentamos y desapareció el mundo. Me sorprendiste con un regalo de cumpleaños y la propuesta de pasar Navidad juntos. Se me salía el corazón. Y el jueves ya estábamos juntos de nuevo, otra vez magia. Dormimos abrazados. ¿Qué le pasaba a mi corazón que estaba sintiendo tanto en tan poco tiempo? Me perdía en vos, me dabas seguridad, sabías leerme. Me daba miedo, nadie nunca me había gustado tanto. Eso era muy parecido al amor. Y me fuiste presentando a tus amigos. Verano, pileta, risas. Tantas cosas en común, tanta magia, tanta piel. Y ya te amaba a pesar del tiempo. Te amaba."

Apenas unas semanas más tarde, él tuvo que viajar por trabajo. A su regreso, Sebastián le envió un mensaje avisando que su avión había aterrizado y a ella se le aceleró el pulso. Laura se olvidó de todo, agarró un taxi y, desesperada, se fue hacia el aeropuerto con una mezcla de adrenalina, miedo y emoción. Nunca había hecho algo así. Llegó a tiempo. Él traspasó las puertas de arribo y al verla, quedó paralizado; en su cara, una sonrisa tan amplia que parecía que se le salían los dientes. Tiró la mochila y la abrazó tan fuerte que le sonaron todos los huesos. Feliz, así estaba.

Llegaron a Navidad. Viajaron a San Bernardo y él sorprendió con una búsqueda del tesoro, con sobres numerados; cada sobre contaba su historia de sólo un mes. Cuando llegó al último, pudo leer: "Qué te parece si estamos juntos para siempre." Casi llorando, ella giró para abrazarlo y ahí estaba él, sonriente, con un anillo en la mano: "¿Querés ser mi novia?", dijo junto al "te amo" que se venía aguantando. "¡Sí, te amo!"

Las hijas, su centro y el otro amor

Así pasó diciembre y enero. Todo para ellos era salir, estar con amigos, estar juntos, ser felices. Sí, eran mágicos, lo veía todo el mundo. Y ella se había olvidado de todo. Error o no, él se había convertido en su único centro. Raro, teniendo en cuenta que sus dos hijas siempre habían sido su eje. Ya no, ya no le importaba nada más. Pero entonces llegó marzo y la rutina; empezaban las clases, su tiempo se reducía y ella no tenía más opción que ser mamá. Sin embargo, Sebastián siempre le transmitía la seguridad de que la amaba.

Hasta el día en el que él recibió un mensaje de su ex; un mensaje que era en respuesta a algo. Laura lo supo porque estaba jugando con su celular y lo vio. Él, en vez de darle explicaciones, la culpó por revisar su móvil. Ella lloraba. Su confianza se quebraba. Pero él inventó una excusa para salir del momento y ella le creyó: le juró que su relación con la ex estaba terminada y que no había vuelto hablar con ella.

Definitivamente, todo fue cambiando y ya no tenían tanto tiempo; Sebastián estaba raro y sólo volvía a ser su bestia cuando estaban solos y le decía "te quiero solo para mí."

La maternidad vs. El amor

"El amor te vuelve ciego y yo lo estaba." siguió escribiendo Laura. "Seguimos. Llegó abril y el 14 de ese mes, martes, recuerdo que viniste a casa porque no entrenabas. Cenamos y después de eso, te sentaste en mi cama y, con una frialdad extrema, me dijiste: no puedo seguir. "¿Me estás dejando?", te pregunte. Sí, dijiste, te amo, dijiste; sos la mujer de mi vida pero no puedo con eso de que seas madre de dos hijas. Me explicaste que necesitabas tiempo y yo lloré, me abracé a vos esperando que todo fuera una confusión. Lloré más fuerte y te fuiste."

Después de aquel episodio, Laura lloró sin parar toda la noche. Se lo veía venir, pero ciega de amor, no quiso ver. Su prima, incondicional, fue a hacerse cargo de las hijas. "No me frenes", le dijo Laura con el razonamiento nublado, y se tomó un taxi a lo de Sebastián. Él la trató como a una extraña. Su casa estaba helada como su corazón, pero ella se aferró a él y no lo soltó; él la aceptó. Por la mañana, Laura le rogó "busquemos una alternativa" y le habló de amor. No. Entonces ella tomó sus cosas, lo insultó y se fue.

Tiempo después, Laura se contactó con la ex de Sebastián. Su viejo amor, le contó todo: ella había guardado los chats para mostrárselos y le explicó cuánto había sufrido por él y cuánto Sebastián le había mentido. Le dijo que nunca le había dejado de escribir. Había un te amo para ella y un te amo para Laura; también había un te extraño y te amo para la ex en Año Nuevo, en la época donde supuestamente mejor estaban.

No entiendo tu forma de amar

5 meses pasaron ya y a Laura todavía le tiemblan las manos mientras escribe: "Todo se volvió una locura de novela. Me propusiste vernos, calmar las aguas y dormimos juntos un par de veces. Éramos los mismos en esos momentos. Se terminaba el odio y reaparecía la magia y el amor. Pero siempre que nos veíamos, al día siguiente era un caos. No entiendo tu forma de amar. Eras mi lugar feliz. Tanto dolor. Jamás en la vida había sentido tanto dolor. Todavía lo siento. ¿Qué fue real? ¿Qué no? Y ya no podía más de lastimada. Sangraba por donde se me mirara. Nunca me amaste. ¿Me amaste? Lo único que sé es lo que yo sentí. Empecé a escribir y creo que aún no dejo de esperarte; tengo mil motivos para no quererte y sólo me sale seguir amándote. Pero entendí de mi locura. Me vi, dejando todo, amándote sin límite, me vi y me entendí. No me justifico. Hace 5 meses que empecé terapia. Me desconecté de mis hijas, algo que jamás me había sucedido. Dijiste que fue por ellas y entonces yo sentí el deseo de no ser mamá; lucho a diario porque la culpa me carcome. El psicólogo me dice que es normal, que con vos viví cosas que no había vivido nunca, y que es una crisis que con el tiempo pasará. Mis amigas me preguntan qué haría si volvieras... el corazón dice que diría que sí, que te amo. Mi mente dice no: no sos la persona de la que me enamore. ¿Fue real?"

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas