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Juegos Olímpicos: piadoso final para los sprints de votos

Viernes 15 de septiembre de 2017
LA NACION
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LIMA.- Envuelta permanentemente en niebla, húmeda y fresca, esta ciudad parece cubrir bajo su inalterable capa de nubes un secreto sobre el futuro de los Juegos Olímpicos. Con la designación simultánea de París para los JJOO de la 33a Olimpiada, en 2024, y de Los Ángeles, para los siguientes en 2028, el Comité Olímpico Internacional (COI) aprovechó lo que su presidente, Thomas Bach, consideró “una oportunidad dorada”, con la que ganó un margen de varios años para decidir los mecanismos que sean más útiles para elegir a las futuras sedes de los Juegos. Y en ese período parece residir otra gran oportunidad.

“Es un día extraño”, señaló el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, tras la doble elección. “No hay ciudades llorando por los pasillos, lamentándose haber perdido. No ha habido derrotados en esta elección”, opinó quien, en todo caso, podía considerarse el menos afortunado de los ganadores de la histórica jornada. Y extraña.

A Bach, elegido como presidente del COI en Buenos Aires tres días después de la sesión que consagró a Tokio como sede de los Juegos del 2020, no le causan gracia -cuentan- esas elecciones donde una ciudad gana el gran premio de los JJOO y las otras candidatas son irremediablemente derrotadas. Extraño, si lo único que importa en el deporte es competir. Pero no tan extraño si la evidencia es que, en esas derrotas se pierden muchos millones de dólares; especialmente triste cuando, como se sospecha y a veces consigue probarse, algunos de esos dineros van a parar a los bolsillos de personajes que utilizan sus influencias en el Comité para direccionar votos.

Fue otra de las grandes novedades de la elección del miércoles: las largas colas de especialistas en comunicación asesores de candidatas persiguiendo a miembros del COI para tratar de conseguir su voto, con argumentos transparentes o no, no se vieron. No existieron. Para solaz de Bach, no hubo en Lima amarguras irreparables.

Ni irreparables ni peligrosas: cuando FIFA procedió a la doble asignación que derivó en Rusia 2018 y Qatar 2022, no solo produjo la operación más desacreditada de su polémica historia: también abrió la puerta a las represalias de los derrotados. ¿Qué fue el FIFA Gate y las investigaciones abiertas a partir de allí sino el resultado de la molestia de los Estados Unidos por la manera poco transparente en la que su candidatura al Mundial 2022 había sido derrotada? Con el Acuerdo Tripartito, aún a un costo importante, el COI se aseguró de que en Lima no hubiera lista de bajas.

“Hay mucho para hacer, seguramente va a cambiar bastante la modalidad de elección de sedes”, arriesga Gerardo Werthein, el presidente del Comité Olímpico Argentino, que tiene un aceitado acceso al pensamiento de Bach. El principal impulsor de los Juegos de la Juventud 2018 deposita especial interés en el tema, ante la posibilidad futura de postular eventualmente a la capital argentina si cuenta con el apoyo político requerido. Werthein no oculta que, si se alinean los planetas, su objetivo es 2032. Desde su posición podría seguir de cerca el monstruoso esfuerzo que deberá hacer Buenos Aires para estar en condiciones de postularse, tanto como la dinámica interna del COI en ese proceso de reforma de candidaturas.

Si París y Los Ángeles elevaron de manera fenomenal la vara, con mucha infraestructura ya existente para reducir al máximo el presupuesto necesario, su elección también abrió una oportunidad. La de las candidaturas a medida de las ciudades. ¿Por qué no el COI eligiendo una candidata que ya disponga de infraestructura estable o temporaria para organizar los Juegos en sociedad? Solo habría ganadores… El proceso de elección de los Juegos de Invierno 2026, a realizarse en Milan en julio de 2019, puede dar más pistas.

La Agenda Olímpica 2020, el conjunto de 40 reformas que alumbró las postulaciones de ambas ciudades, no es perfecta, pero sí un gran punto de partida. Ahí está Tokio afanándose por recortar un presupuesto que se dispara por sobre los 13 mil millones de dólares. "Estamos preocupados, debemos reducir los costos operacionales por la impresión que da. Es un mensaje equivocado tener unos Juegos que cuesten demasiado", avisó públicamente aquí John Coates, vice del COI.

El gasto exponencial, que el organismo toleraba y que muchos de sus miembros festejaban o le sacaban provecho, es la peor propaganda si se quiere asegurar la sustentabilidad futura de la cita olímpica. El organismo tiene siete años para encarrilar una manera de devolverle prestigio a la posibilidad de organizar los Juegos, de facilitar un proceso previo que en su formato clásico actualmente encuentra resistencias en todo el planeta. Seguramente no habrá más sprints de votos promovidos por una frenética puja de cuentas corrientes.

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