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Jenny 8. Lee: de crear una convención sobre los emoji a pensar el futuro del libro

Jennifer 8. Lee estuvo en Buenos Aires para la Media Party 2017 y habló sobre su trabajo organizando una convención de amantes de los emojis

Jueves 14 de septiembre de 2017 • 22:27
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Jennifer 8. Lee
Jennifer 8. Lee.

Hasta el viernes, Buenos Aires será la sede del Media Party 2017, un evento en el Centro Cultural Konex que reúne a periodistas, expertos en tecnología y emprendedores que están cambiando la manera en que se hace periodismo, actualizándolo para incorporar nuevas tecnologías y formas de contar historias.

Una de las presentes en el encuentro porteño es Jenny 8. Lee, una periodista estadounidense célebre por su participación independiente en el Consorcio Unicode, donde gestionó la adición de algunos emojis a la lista convencional.

Una convención de emojis

Es, también, la organizadora de Emojicon, la primera convención sobre emojis que se hizo en el mundo (en San Francisco, en noviembre de 2016). Fue un encuentro en el que se cruzó toda clase de gente con un objetivo: pensar los emojis más allá de su función original de condensación de información, como fueron creados en Japón a fin de siglo por Shigetaka Kurita, y encontrar su valor social.

-¿Por qué los emoji?

-El mundo está fascinado con los emojis. Que a la gente le interese tanto habla de la resonancia que los emoji tienen en todo el mundo. La cantidad de atención que recibió el emoji del hijab en tantos países a lo largo del tiempo ayuda. Creo que es sano para el sistema escuchar qué piensa la gente: que la representación de las mujeres no era buena, que necesitamos más tonos de piel, que necesitamos emojis que no estén basados en un género binario, que necesitamos más diversidad en la parte de la comida. Estas son todas cosas interesantes para que el Consorcio Unicode reciba y piense cómo resolver.

Lee habla del Consorcio Unicode con propiedad: es miembro (por voluntad propia) del consorcio que define qué nuevos emojis se aprueban cada año, como parte de su tarea para desarrollar Unicode, el código universal para que todos los teclados puedan escribir caracteres que signifiquen lo mismo en todos los idiomas.

-¿Cómo llegó al Consorcio?

-Hace unos años estaba chateando con mi amiga Yiying Lu (la diseñadora de la ballena que Twitter mostraba cuando algo fallaba). Era agosto de 2015, y le mandé una foto de unos dumplings que estaba cocinando, y ella me respondió con algo como "qué rico", y luego nos dimos cuenta que no existía un emoji para el dumpling. Nos sorprendió mucho, porque es un tipo de comida universal, en un punto es parecido a vuestra empanada. Media hora después, me mandó un diseño del emoji del dumpling que había hecho. Así que pensé: "el sistema que controla los emoji está roto" si los usuarios no pueden ser parte para enriquecerlo; y empecé a averiguar sobre el tema. El consorcio Unicode está compuesto mayoritariamente de empresas de tecnología estadounidenses tipo Microsoft, IBM, Google y Apple. Y pagan 18.000 dólares al año para poder votar y elegir qué sucede con ese estándar. Pero te podés unir como miembro sin derecho a voto por 75 dólares, que es lo que hice.

Así, Jenny 8. Lee (ella escribe su nombre con el ocho y un punto) pudo participar de las discusiones donde se definen qué nuevos emojis agregar, y sumar el del dumpling (que recién estuvo disponible este año), abriendo la puerta a otras campañas y a hacer más inclusivo el mundo de los emojis, como por ejemplo el que busca la adición de emojis relacionados con otros platos típicos, emojis que aluden a la menstruación, con el uso del velo para las mujeres en algunos países o con su sesgo de género (sobre todo cuando ella comenzó su campaña).

A caballo de varios medios

Los emoji son, también, una manera diferente de contar una historia, de agregarle otra dimensión narrativa, de condensar conceptos. Un ejemplo local es la versión de Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga reelaborada con emojis. Y basta con visitar Facebook, Twitter o cualquier chat de Whatsapp para entender el valor que estos dibujos tienen en una conversación.

Redefinir los relatos para esta nueva época es lo que Jenny Lee hace ahora con Plympton, su estudio especializado en literatura, y en repensar lo que es una casa editorial.

-¿Qué diferencia Plympton de una editorial convencional?

-Plympton nació digital, así que ahí ya le llevamos ventaja a las editoriales que tienen mucho invertido en el papel, y por lo tanto no tienen tanto margen de maniobra. Nosotros somos chicos, tenemos una idea diferente de cómo debe ser diseñado un libro digital. Diseñamos el arte de tapa, el diseño general. Pero también hacemos otras cosas, como un proyecto de realidad virtual, Lincoln in the Bardo, basado en una novela de George Saunders. También hicimos un hackatón literario con el MIT.

Llamado Codex, de este hackatón (que se hizo en febrero último) salieron 23 proyectos que buscan aprovechar la tecnología para crear nuevas herramientas de investigación literaria, servicios de consumo de contenido (y recomendaciones, etcétera).

Y después está Rooster, un servicio que creó y que por un pago mensual enviaba contenido al teléfono del usuario, empaquetado en piezas (capítulos de un libro, cuentos cortos, artículos) que implicaran unos 15 minutos de lectura. Tiene una estrecha relación con Wattpad, la gigantesca plataforma de distribución de literatura digital, y en donde la publicación serial (el folletín del siglo XXI) tiene un rol central. "Otro ejemplo serían los podcast", dice Lee, aludiendo a otro género que está redefiniendo los medios tradicionales y que, como ella, es un hijo directo de Internet.

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