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Machi González, el tenista que se rompió los ligamentos cruzados y a los 34 años debutará en la Copa Davis

Será el compañero de Andrés Molteni en el dobles de esta madrugada ante Kazakhstán, para desnivelar la serie y encaminar la jornada del domingo

Viernes 15 de septiembre de 2017 • 14:30
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LA NACION
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La chance para Machi González
La chance para Machi González. Foto: Prensa AAT

ASTANA, Kazakhstán.- Máximo González , como Andrés Molteni [su compañero dobles en el repechaje de la Copa Davis), es un obrero del tenis. A los 34 años, pasó por un sinfín de situaciones y estados de ánimo. En diciembre de 2009, cuando ostentaba su mejor momento de la carrera (era 66° del tour), se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha jugando en un campeonato de fútbol con sus amigos. Una irresponsabilidad para un tenista profesional. En 2012, perdió la motivación y las ganas de viajar, no empuñó la raqueta durante un mes y estuvo cerca de retirarse. Poco a poco volvió a saborear lo mejor del tenis y del deporte. El año pasado, a los 33, en Río participó por primera vez de los Juegos Olímpicos (actuó en dobles, con otro tandilense como él, Juan Martín del Potro ). Este sábado, a los 34, debutará en la Copa Davis . Será en dobles.

"Me llegó la chance, me llegó, era muy esperada. Muchos años. La primera vez que estuve siendo parte del equipo fue en 2009, en Parque Roca, fue el primer año que me metí top 100, con Tito Vázquez de capitán. Desde esa vez siempre esperando, esperando. Muchas veces no estuve porque a mí me tenían más como doblista que como singlista, y muchos capitanes no querían llevar parejas de doblistas. Creo que es una de las primeras veces con una pareja de dobles. Ahora estoy muy contento. A los 34 años, es como darle un cierre", le expresa Machi González a La Nacion.

-¿Cómo fue todo el proceso, cómo te lo comunicó el capitán?

-Fue raro porque yo había perdido en la qualy del US Open y me volví a Buenos Aires porque no había podido entrar al dobles. Me iba a ir a Europa, quedé afuera de un Challenger y me volví a Argentina para ver si entraba a otro Challenger, porque no quería ir a jugar las qualys. Un día estaba en casa y justo Orsa (Daniel Orsanic) me manda un mensaje para ver si podíamos hablar. Yo estaba durmiendo. Lo vi tarde, porque lo tenía en silencio. Cuando vi el mensaje, por un momento pensé que me podía llegar a citar, pero otras veces habíamos hablado para ver si estaba disponible o para hacer de sparring. Me dijo que estaba viendo la posibilidad de llevar una pareja de dobles y si estaría dispuesto. Me preguntó si tenía ganas y que lo pensara. 'Obvio que sí', le dije. 'No tengo que pensar nada'. Yo estaba bien, venía de jugar en Nueva York, bien entrenado. Le pedí que me avisara así sabía en qué superficie entrenar. A los dos días me llamó y me confirmó. Tuve una emoción bárbara. Estaba en mi casa, justo estaba solo porque mi mujer había salido, yo estaba viendo un partido del Peque Schwartzman en el US Open y cuando corté se me cayeron muchas lágrimas.

-Tu participación es, de cierta manera, la continuidad de la rica escuela tandilense de tenis.

-Siempre hay un tandilense en el equipo, ¿no? Es por el trabajo. Muchos chicos a mi edad dejaron. Yo sigo entrenando y jugando al ritmo de siempre. De chico en Tandil me inculcaron que había que ser aguerrido, luchar y disfrutar también, dentro de lo posible. La escuela tandilense la empezó Raúl (Pérez Roldán), es el que marcó el camino en la forma de entrenamiento. Después Raúl se juntó con el profe Juan Carlos Menchón (padre de Ignacio, ex PF, entre otros, de Del Potro y Juan Mónaco), lo trajo del fútbol al tenis, se fueron formando juntos. Me ha contado muchas historias del esfuerzo que hacían, sin nada de plata, viajaban con Guillermo y Mariana (Pérez Roldán), Franco Davin y Patricia Tarabini. Toda esa lucha para poder llegar a lo que querían es lo que más marcó al resto. Hubo una disciplina. Después siguió con Mario Bravo y con el Negro Gómez. Y en un lugar con un circuito natural ideal. La juventud fue hermosa. Había una cuestión del contagio también. Entrenaba con Junqueira, con Pico, con Juan Martín y Zabaleta. Es raro que de un mismo lugar salgan tantos jugadores.

-La citación te agarra con una gran madurez profesional, luego de haber vivido muchas cosas, ¿verdad?

-Sí, la verdad que sí. Por ahí si en el 2009, cuando tenía 20 y algo de años, me tocaba entrar en una Copa Davis decía 'Vamos, buenísimo'. Pero era más inconsciente. Pero ahora me emocioné. Uno se lo toma diferente. Yo sé que va a haber nervios, muchos nervios, ya estoy nervioso así que me imagino en el momento de entrar en la cancha. Pero quiero disfrutarlo de la manera, que sea una motivación. Tengo mis rituales. Lo principal siempre es poner algo de música y preparar las raquetas. Pongo los grips, no quiero que me lo saquen ni que me lo pongan, saco todo, después tiro lo que ya no uso a la basura. Suelo preparar tres raquetas. Va a ser una experiencia inolvidable.

-En 2012 estuviste pensando en largar el tenis...

-Es que había largado. estuve casi un mes sin jugar, no tenía más ganas, estaba cansado, me había ido del ranking.

-¿Cómo recuperaste la motivación?

-Con la ayuda de mi familia, de mi mujer (Cecilia), que está al lado mío hace ocho años. En esa época tenía de entrenador a Leo Olguín, que es muy piola, muy tranquilo. No tenía ganas de entrenar, no tenía ganas de ver una pelotita, no quería nada, no tener responsabilidades, entrenar para ir a jugar. Hoy es distinto, hace tres años que viajo con mi mujer. Ella trabajaba y le pedí que dejara y me acompañara. Eso ayudó mucho. Sé que no es fácil, es contadora y dejar todo no es sencillo. Ir a un torneo es aburrido para alguien que te acompaña. Soy una especie de luchador en el tenis. Como también lo es Diego Schwartzman, que la peleó mucho hasta llegar a este lugar tan destacado. Igual que Guido (Pella). Hay jugadores que llegaron de más chicos, como Juan Martín que a los 17 años estaba top 100, pero son los menos. La mayoría tiene que lucharla.

-Por lo pronto, la práctica del fútbol puede esperar, ¿no?

-Sí, sí, obvio. Ya aprendí de los errores.

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