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Suu Kyi, de Nobel de la Paz y "Mandela de Asia" a estar en la mira por la crisis de los rohingyas

La líder de facto del país enfrenta feroces críticas por la represión a esa minoría

Sábado 16 de septiembre de 2017
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LA NACION
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A Aung San Suu Kyi la bautizaron la "Mandela de Asia" y hubo hasta quienes se animaron a compararla con Mahatma Gandhi. Pero hoy el ícono de la lucha democrática de Myanmar perdió todo su brillo y enfrenta feroces críticas de la comunidad internacional por no detener la crisis de los rohingyas, una minoría musulmana que, según la ONU, es víctima de una "limpieza étnica".

Suu Kyi reapareció ayer en público en el palacio presidencial de Naypyidaw
Suu Kyi reapareció ayer en público en el palacio presidencial de Naypyidaw.

Ya son 400.000 los rohingyas que huyeron del país hacia la vecina Bangladesh, alertaron esta semana las Naciones Unidas. Y a medida que crece el éxodo y miles de chicos y mujeres son masacrados por el ejército birmano, el silencio de Suu Kyi, que lidera de facto Myanmar, cobra más notoriedad.

Su silencio pesa por la ironía de que Suu Kyi, conocida en su país como la "Dama", haya sido galardonada en 1991 con el Premio Nobel de la Paz por su lucha no violenta por la democracia y los derechos humanos. Pesa por tratarse de una activista que se enfrentó con valentía a la junta militar que gobernó el país desde 1962 hasta 2011 y que la condenó a vivir durante 15 años bajo arresto domiciliario.

A principio de mes, dos Nobel de la Paz, el obispo Desmond Tutu (Sudáfrica) y la defensora de los derechos humanos Malala Yousafzai (Paquistán), le reprocharon a Suu Kyi la complicidad que supone mirar hacia otro lado mientras los rohingyas son masacrados. Además, más de 400.000 personas firmaron una petición impulsada por la plataforma virtual Change.org para que le revocaran el premio Nobel.

La presión internacional surtió algún tipo de efecto. Suu Kyi canceló su participación en la Asamblea General de la ONU, prevista para el miércoles próximo, para ocuparse de la crisis de los rohingyas. Ese día pronunciará un discurso "de reconciliación nacional y de paz", anunció el vocero de la cancillería, Zaw Htay.

Lejos quedaron los días en que artistas de todo el mundo pedían a la junta la liberación de Suu Kyi. Desde la actriz norteamericana Jennifer Aniston hasta Diego Maradona se sumaron a una campaña en 2008.

¿Por qué Suu Kyi no alza la voz a favor de los rohingyas? La respuesta tiene varias aristas. "Ella apela al sentimiento público en Myanmar, que es antimusulmán y antirohingya. La popularidad y el apoyo de los birmanos parecen más importantes para ella que los derechos humanos", explica a LA NACION Yun Sun, asociada senior del Programa Asiático del Stimson Center.

Discriminación

En Myanmar, un país de casi 55 millones de habitantes de mayoría budista, viven alrededor de un millón de rohingyas. Los miembros de esta etnia son discriminados desde hace décadas: se les prohíbe casarse o viajar sin permiso de las autoridades y no tienen derecho de poseer tierras ni propiedades.

Hay otro motivo que explica la pasividad de la líder birmana: la enorme influencia del ejército en la política, que le deja un limitado margen de acción.

"A pesar de haber sido elegida en 2015, Suu Kyi depende del apoyo político del ejército, que aún controla el 25% de los escaños parlamentarios y lidera todas las decisiones clave", dice a LA NACION Charu Lata Hogg, miembro asociada del programa sobre Asia del Chatham House, una ONG con sede en Londres.

Fueron también los militares los que le pusieron trabas para que se convirtiera en mandataria cuando ganó las elecciones de 2005. La Constitución del país -redactada por la última junta militar, en 2008- impide a Suu Kyi ocupar la presidencia porque sus hijos tienen pasaporte británico. Por ese motivo, le fue otorgado el cargo de asesora de Estado.

Días antes de que su partido ganara las elecciones de 2015, un periodista le preguntó a Suu Kyi cómo pensaba solucionar el problema de la represión a los rohingyas. Ella respondió con una cita de un dicho birmano: "Los problemas grandes hay que convertirlos en pequeños, y a los problemas pequeños hay que hacerlos desaparecer".

Sin embargo, el problema de los rohingyas no ha hecho más que crecer. La crisis, que ya dejó 414 muertos en el estado de Rakain, se intensificó a partir del 25 de agosto, cuando cientos de hombres que forman parte del Ejército de Salvación Rohingya de Arakan (ARSA) atacaron varias comisarías.

El ejército birmano reaccionó violentamente con una campaña de represión. "Según grupos de derechos humanos, las fuerzas de seguridad de Myanmar están sometiendo a los rohingyas a asesinatos selectivos, violencia sexual, destrucción de sus propiedades, negación de ayuda humanitaria y a una campaña de asalto para obligarlos a abandonar sus casas", detalla Lata Hogg.

La primera y última vez que Suu Kyi habló este año de la crisis de los rohingyas se mostró altiva. Denunció en un comunicado en Facebook un "iceberg de desinformación" y remarcó que la situación se alimenta de noticias falsas que promueven los intereses de "los terroristas". Seguramente, el miércoles próximo su discurso será más suave, como ya anticipó el gobierno. La duda es si en algún momento la "Dama" pasará a la acción y frenará la represión.

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