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Muy poco para que el rating se vuelva votos

Claudio Jacquelin

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LA NACION
Sábado 16 de septiembre de 2017
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La mayor, y quizás única, sorpresa que dejó Cristina Kirchner en la muy profesional entrevista que le hizo Luis Novaresio fue justamente ésa: que fue el primer reportaje con un periodista independiente en diez años y que aceptó preguntas que ninguno de los entrevistadores afines le había hecho.

Cristina utilizó un tono más amigable que el que se le conoció en su gestión, resultado del austero ejercicio de autocrítica que admitió estar haciendo. Pero en temas ríspidos la respuesta verbal y gestual no sorprendió. Aceptó preguntas complicadas, pero no necesariamente las respondió ni ocultó su molestia.

En cuestiones de fondo reforzó su perfil. Volvió a mostrar su potencia como figura política (hizo casi 13 puntos de rating, sumando canales de cable y plataformas digitales) y su aptitud retórica, tanto como la inmutabilidad de su pensamiento. Lo reafirmó al elegir siempre la hipérbole para caracterizar el presente: llegó a sostener que el Estado de Derecho no rige hoy en la Argentina, aunque antes hubiera intentado cierta moderación al decir que no se vive en una dictadura. Esencia mata coaching.

En lo económico, que era sobre lo que quería explayarse, pintó un escenario apocalíptico. Y en materia de corrupción, sobre lo que se esperaban respuestas, se mostró autodefensiva, hasta llegar a utilizar una sugestiva fórmula, que puede dar lugar a muchas interpretaciones, para argumentar que era posible desconocer lo que hacían sus funcionarios: "Hay mujeres que no saben lo que hacen sus maridos".

Como la decisión de conceder la entrevista es parte de una estrategia electoral, lo que hay que preguntarse, entonces, es si puede traducir el rating en votos y romper el núcleo duro de sus adherentes, que reivindican sin límites lo que ella es, lo que hizo, lo que piensa y lo que dice, y que sólo añoran su presidencia. Por eso mismo, no le piden ni quieren que cambie nada. Cristina lo sabe y eso le complica más cualquier cambio.

Una realidad por compartir

Para lograr que los que no la votaron en las PASO decidan poner su boleta en la urna, Cristina tiene que lograr que éstos coincidan con la gravísima realidad que ella describe, que concuerden en que es urgente ponerle freno al Gobierno para modificar su rumbo y que, sobre todo, vean en ella el vehículo de sus deseos, aunque no sea una elección presidencial.

El desafío no es menor: todas las encuestas muestran que son pocos los que, más allá de sus votantes o de los de la izquierda radical, perciban hoy el paisaje catastrofista que Cristina pintó en la entrevista.

Por eso mismo, la ratificación de su perfil y de la potencia de su figura también ofrece complejidades: nadie espera de ella medias tintas y puede atizar el temor de que un triunfo suyo afecte la gobernabilidad. La suerte de los gobiernos no peronistas derrotados en elecciones de medio término no se ha borrado de la memoria colectiva.

Hasta antes de su aparición ante Novaresio, las encuestas mostraban a Cristina entre 2 y 5 puntos por debajo de la lista de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires. Los analistas de opinión pública consideran que lo que se vio en la pantalla no fue suficiente para cambiar esas cifras. Para su entorno, en cambio, fue un éxito. Habrá que ver entonces si reincide en este terreno, como prometen sus asesores.

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