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Miniaturas: La genética no explica los misterios de la política

Sábado 16 de septiembre de 2017
LA NACION
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Hace una semana se registró en el Río de la Plata un hecho inusual: el vicepresidente de Uruguay, Raúl Sendic, renunció luego de que un tribunal ético partidario falló en su contra por haber pagado gastos personales con la tarjeta de crédito oficial por unos US$ 38.000. Detrás de la rareza y el ejemplo que deja el caso (para los estándares de esta ribera) se esconden detalles que muestran que el colapso de Sendic empezó por algo aún más insólito.

El declive de la fallida gran esperanza del Frente Amplio nace con el descubrimiento de que se había atribuido un inexistente título universitario, que decía haber obtenido en Cuba.

En eso Sendic no se había andado con chiquitas: se presentaba como licenciado en Genética Humana. Nadie se explica por qué una carrera no tradicional que no llamara la atención.

Con el final puesto, algunos insidiosos dicen haber hallado la razón: el fallido vicepresidente buscaba que la genética le explicara por qué se parecía tan poco a su padre. Ah, su progenitor se llamaba también Raúl Sendic y murió sin dejar de ser un prócer para la izquierda uruguaya.

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