Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Una mayoría silenciosa mira con pánico la crisis catalana

Según las encuestas, la mitad de los habitantes de la región quieren mantener su pertenencia a España, pero carecen de movilización y líderes fuertes

Domingo 17 de septiembre de 2017
0
El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, en Barcelona, con un simpatizante de la independencia
El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, en Barcelona, con un simpatizante de la independencia. Foto: Reuters / ALBERT GEA

BARCELONA.- Es muy fácil confundirse. Cientos de miles de personas en las calles al grito de "¡Independencia!". Las banderas esteladas -estandarte del separatismo- que florecen en los balcones en cada ciudad. El discurso encendido de un gobierno que proclama el derecho natural del pueblo de Cataluña a fundar una república.

La ilusión de unanimidad ha sido el gran triunfo del secesionismo en su batalla por celebrar un referéndum de autodeterminación el 1º de octubre, contrario a la legalidad española. Pero escondida detrás del dominio nacionalista persiste una mitad invisible de la sociedad catalana que no quiere la ruptura y vive con una mezcla de temor e indignación el conflicto dramático en el que se sumerge su tierra.

Lo reflejan hasta las propias encuestas elaboradas por el gobierno separatista de Carles Puigdemont. El último sondeo del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat (CEO) reveló que el 49,4% (y en alza) rechaza la independencia, contra un 41,1% que la ansía. Son números consistentes con el resultado de las elecciones regionales de 2015, en las que las opciones secesionistas ganaron la mayoría de bancas, pero con un caudal de votos inferior al 50%.

El gran dilema de esa aparente mayoría social es su casi nula movilización. No hay voces que la representen. Si ya es difícil salir a la calle para defender el statu quo, mucho más lo es cuando se trata de un grupo con intereses diversos: entre ellos hay quienes se sienten cómodos en esta España, quienes creen que Cataluña necesita un nuevo estatus dentro del Estado, quienes añoran un referéndum para resolver "de una vez" la cuestión e incluso quienes no verían mal la independencia pero temen sus consecuencias.

Resultó sintomático el impacto que tuvo esta semana la viralización de un mensaje titulado "Los otros catalanes". Es una proclama antiseparatista sin autor conocido. "No creemos que la independencia sea la solución a todos nuestros problemas. ¿Por qué está todo tan crispado? ¿No tendrían que trabajar todos para sacarnos de esta crisis, dejarse de historias y no confrontarnos unos contra otros?"

Esos "otros" que en el texto se definen como "tranquilos, tolerantes, trabajadores, pacíficos y discretos" y enemigos de "la corrupción, la violencia, el abuso de poder, la manipulación y la mentira" no conforman entidad alguna. El manifiesto se originó en una carta de lectores escrita hace dos años, que se fue modificando a medida que se la compartía. Un jubilado de 73 años, Enrique Llaudet, hizo un resumen días atrás, lo mandó a los diarios y al publicarse otra vez logró un boom.

Llaudet se sorprende con el efecto que provocó: "Se está diciendo que en la Diada [la manifestación nacionalista del 11 de septiembre] hubo un millón de personas. Pero en Cataluña somos siete millones y medio. Hay muchos que no estamos allí. Estoy muy preocupado. Esto está subiendo de tono. Espero que acabe pacíficamente".

La dirigencia política no separatista asume la orfandad en que se dejó a una parte de la sociedad catalana. Los partidos constitucionalistas se hundieron aquí, mientras el gobierno del presidente Mariano Rajoy esperaba que el "soufflé independentista" bajara solo.

"Dejamos sin respuesta los errores y las falsedades del relato secesionista, y es un reproche que dirijo a todos los gobiernos", sostiene Josep Borrel, ex ministro socialista.

El constitucionalista Francesc de Carreras, que acaba de firmar un libro con él y otros autores de distintas ideologías que instan al diálogo como forma de superar la crisis (Escucha, Cataluña. Escucha, España), añade: "Se ha callado mucho, hasta crearse una espiral de silencio".

En las calles de Cataluña la tensión es palpable. Existe la conciencia de un momento decisivo. Los independentistas sueñan con el referéndum y la fundación posterior de la nueva república. Son clara mayoría en los pueblos del interior y en ciudades medianas. La prueba es que 712 de los 940 alcaldes catalanes dan apoyo a la consulta ilegalizada aun cuando la justicia les advirtió de que estaban cometiendo delitos graves.

A pesar de las imágenes de sus calles desbordadas de manifestantes, en Barcelona y su extrarradio, donde vive la mitad de la población, son bastantes más quienes se oponen a la desconexión.

"La gran mentira que quisieron imponer es que hay un solo pueblo catalán", señala Josep Bou, presidente de la asociación Empresarios de Cataluña. "Nos venden una España negra, goyesca, de la que hay que huir. La única mayoría clara es en favor de que el sistema mejore, pero así como quieren hacerlo nos llevan a la ruina."

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas