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Los oscuros trasfondos del caso Maldonado

Domingo 17 de septiembre de 2017
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Por esas paradojas trágicas de la historia argentina, los enigmas pendientes de Alberto Nisman y de Santiago Maldonado se cruzaron un par de veces en la semana que pasó.

Por un lado, trascendieron informalmente las conclusiones de la investigación de Gendarmería sobre el violento final del fiscal federal que prueban que se trató de un asesinato y no de un suicidio. Por el otro, ambos temas se entremezclaron en la comentada entrevista que el periodista Luis Novaresio le hizo a la ex presidenta Cristina Kirchner.

Aunque se trata de dos episodios bien diferentes -pero en el que la Gendarmería cobra significativos relieves protagónicos-, es el mismo Estado el que queda en un lugar bajo grave sospecha. La gran diferencia es que en el caso de Nisman surge fácil la respuesta a la pregunta de quién se podía beneficiar directamente con la muerte del primero, en tanto que no existe ningún móvil claro sobre a quién favorecería la desaparición de un simple artesano andariego, que solía participar en alguna protesta más por buena onda que por militancia.

Una creciente cantidad de versiones contradictorias entre sí se desarrollan en un tiempo muy particular y breve signado en sus dos puntas por sendos comicios nacionales (las PASO, el 13 de agosto pasado y las elecciones legislativas del próximo 22 de octubre). El Gobierno se ve obligado a distraer muchas de sus energías por ese asunto crucial: en una etapa inicial, coincidente con el secreto de sumario que tuvo la causa en las primeras semanas, con información reservada que circulaba más hacia adentro del elenco oficial, y en una segunda fase, aún en curso, en la que tomó una posición más proactiva, al liberarse mucha información que no había trascendido y las novedades que se vienen produciendo en estos días.

La persistencia del kirchnerismo y de la izquierda en convertir el episodio en un "cisne negro" que complique las expectativas electorales del oficialismo de mejorar los resultados de las PASO no se estaría constatando en los hechos, no sólo en el voto duro de Cambiemos (al que se sumará, seguramente, alguna parte del electorado de Massa/Stolbizer), sino también en sectores sociales más golpeados del conurbano. Jaime Durán Barba, que es un obsesivo de medirlo todo, mandó a hacer diez focus group en distintos distritos del Gran Buenos Aires y en ninguno salió espontáneamente mencionado Santiago Maldonado. El tema atrae mayoritariamente al "Círculo Rojo" (dirigencias, periodismo, intelectuales) aunque lo impacta de manera disímil: a la porción más grande lo induce a volcarse con más vehemencia todavía hacia el oficialismo porque sospecha que tras esa desaparición también se esconden maniobras y operaciones que tienden más a desprestigiar al Gobierno que a esclarecer el caso. Importó más instalar a Santiago como símbolo de la impunidad que su búsqueda concreta, rastrillando todas las hipótesis posibles y no aferrándose a una sola por conveniencia política. En cualquier momento podría trascender un video donde se vería a una abogada del CELS dándole instrucciones por gestos a una mujer de la comunidad mapuche mientras declaraba en sede judicial.

Surge así otra evidencia: todos los sectores involucrados en este enigmático drama -gendarmes, mapuches, Gobierno, organizaciones de derechos humanos, la Justicia y algunos medios de comunicación- reaccionan con egoísmo, al anteponer sus intereses de parte, que dificultan el esclarecimiento eficiente y honesto del caso. Se perdió un tiempo vital en las primeras horas y días al postergar varias semanas investigaciones elementales en el territorio donde sucedieron los hechos.

Hay dos datos contradictorios a tener en cuenta: 1) la ausencia de pruebas que verifiquen fehacientemente la presencia efectiva de Maldonado en la protesta del 1° de agosto; 2) en cambio sí hay una certeza cabal que ya nadie desmiente: "algo", en efecto, pasó en el río. Pero luego, el desenlace de esos acontecimientos vuelven a quedar en medio de una nebulosa de inquietantes versiones.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, debió tomar más distancia de la Gendarmería en los primeros momentos. Luego sobrevinieron un par de semanas en las que se le pidió que bajara el perfil al respecto. Pero hace unos días volvió a levantarlo para ratificar que ella estaba en lo cierto y que espera que se la reconozca en tal sentido. Es no conocer la idiosincrasia argentina ya que debería saber que eso no sucederá y que es algo completamente secundario y del orden narcisístico, al menos mientras sigamos sin saber nada sobre el paradero de Maldonado.

Entre fuerzas de seguridad de gatillo fácil o inermes (inoperantes para controlar la protesta callejera con profesionalismo, pero sin represión), la democracia sigue teniendo desde 1983 la asignatura pendiente de formarlas para que se desempeñen sin caer en excesos y en delitos. En cambio, parece haberse limitado solamente a sucesivas purgas y ambivalentes cambios de estilo que no mejoran el fondo de la cuestión.

Ocupación mediática. Eso es lo único concreto que por ahora, lamentablemente, arroja el caso Maldonado. El tema se expande en un lugar preponderante en la agenda de los medios y en las redes sociales. ¿Estará cerca su punto de saturación?

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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