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El final de un ciclo histórico en la Copa Davis

Domingo 17 de septiembre de 2017 • 11:26
LA NACION
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Así se despidió equipo de Orsanic
Así se despidió equipo de Orsanic.

Los brazos en alto de Mikhail Kukushkin y la frustración de Diego Schwartzman en la lejana Astaná se convirtieron en las últimas postales de la salida de la Argentina del Grupo Mundial, la elite de la Copa Davis. La derrota frente a Kazakhstán (2-3) determina el final de un ciclo histórico para el tenis argentino, apenas diez meses después de alzar la preciada copa y de protagonizar uno de los triunfos más relevantes para el deporte de nuestro país.

Hace casi 16 años, en Córdoba, Argentina firmaba con un 5-0 sobre Belarús el regreso al Grupo Mundial de la Copa Davis, después de una década de peripecias en la Zona I Americana. Desde entonces, los equipos de nuestro país alcanzaron cuatro finales (2006, 2008, 2011 y 2016). Hubo, en ese lapso, actuaciones grandiosas y, cómo no, algunos escándalos. Pero la Argentina aprendió a convertirse en protagonista indiscutida en el máximo nivel de la Davis, hasta la conquista tan anhelada en Zagreb. Esa etapa concluyó en Astaná. Una caída que tuvo un primer episodio frente a Italia (2-3), en febrero pasado. Aquella advertencia no bastó, y ahora es tiempo de esperar a 2018 para jugar en la zona americana. Acaso el regreso a primera sea inmediato; quizá no. La Copa Davis es un torneo casi exento de certezas.

Pero comenzará otro ciclo. Sin algunos intérpretes. Juan Martín del Potro fue claro hace algunas semanas en Nueva York, cuando dijo que con la conquista de la Copa Davis se quitó de encima una espina y que se sentía “realizado” y quería quedarse con la Copa en alto como último recuerdo de su paso por este certamen. Es una situación comprensible: muchos grandes nombres del tenis se despidieron de la Copa Davis después de darse el gusto de tenerla en sus manos. En un sentido similar se pronunció Leonardo Mayer, otro héroe copero: “Ya cumplí una etapa. Di mucho para la Copa Davis, más de lo que podía. Dejé muchas cosas de lado. Ahora hay jugadores que pueden ir. Yo ya hice mucho”. Y, a la luz de los hechos, nada hay que reprocharle al correntino. Luego, Horacio Zeballos y Carlos Berlocq también decidieron priorizar sus respectivos calendarios. Federico Delbonis, vale aclararlo, sufre desde hace tiempo de una lesión en la cadera.

“Esta copa es de todos”, dijo Daniel Orsanic tras la obtención de la Ensaladera, y la misma expresión vale para esta caída. La sensación de desbande se acentuó durante el reciente US Open. Como pasó en otras series, como sucedió con otros capitanes en tantas oportunidades, Orsanic armó el equipo que pudo. De los siete Top 100 que tiene la Argentina, sólo dos concurrieron a Kazakhstán (Schwartzman y Pella). Una apuesta que en otras ocasiones tuvo resultados positivos; esta vez, no bastó. Habrá que esperar para conocer el futuro del conductor. Orsanic insistió muchas veces en su idea de un proyecto a largo plazo. El capitán siempre se mostró conciliatorio, mesurado en el triunfo y en la derrota; seguramente en la reflexión encontrará las respuestas a sus próximos pasos.

Ultima conferencia del equipo de Orsanic
Ultima conferencia del equipo de Orsanic.

Muchas veces se habló de la amplia base de jugadores con los que contaba la Argentina para la Copa Davis. Los planetas se alinearon en 2016, y el lema “un equipo, un país, un sueño”, cobró fuerza y se hizo real. Ese plantel quebró un hechizo, pero el éxito tuvo su costo, y a más de un jugador le costó conseguir buenos resultados en esta temporada. La Copa Davis exige lidiar con sensaciones que no son sencillas de experimentar; muchas veces la repercusión de lo que sucede en una serie trasciende ese fin de semana tan particular.

Mientras, habrá que empezar en 2018. Y también en el después. Porque Federer y Nadal aún ganan grandes torneos, pero de a poco empiezan a surgir nombres jóvenes (Alex Zverev, Shapovalov, Rublev, Khachanov, Coric) con hambre de protagonismo. Los argentinos más jóvenes en el Top 100 son Schwartzman y Kicker, ambos con 25 años. Los que están por debajo de esa edad necesitan apoyo; torneos en los que puedan sumar ritmo de competencia, experiencia y puntos, y desde luego, un Centro Nacional del Tenis. Incluso Kazakhstán, el verdugo de la Argentina, y que no es una grandísima potencia de este deporte, cuenta con un complejo de primer nivel (http://www.lanacion.com.ar/2062435).

Sin necesidad de sonar apocalíptico, habrá que reacomodar algunas cuestiones. Durante muchos años la AAT financió sus programas con las entradas que dejaba la Copa Davis. Fuera del Grupo Mundial, los ingresos –en tickets, premios y sponsors- son más reducidos. Muy posiblemente este descenso repercuta en lo político, y en abril próximo habrá elecciones. En 2018, el tenis argentino volverá a un espacio que había dejado atrás hace mucho tiempo; se verá qué nombres acudirán a jugar en la segunda división. Definitivamente, será otra etapa.

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