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Biodanza: ejercicios para fomentar la afectividad en los alumnos

Más de 700 chicos de bajos recursos participan de los talleres de la Fundación Apertura, en la ciudad

Lunes 18 de septiembre de 2017
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Más de 16 chicos de todas las edades se sientan sobre varias colchonetas de colores y forman una ronda. "Queremos escuchar tu voz", es la frase que repiten los coordinadores de la actividad que se lleva a cabo en el barrio INTA, en Lugano, ciudad de Buenos Aires. Cada niño se presenta y le pasa la palabra al compañero de al lado. Nadie los apura ni los obliga a hacerlo.

Luego, el taller, que se realiza todos los martes durante más de una hora, girará en torno de varias actividades que tienen un objetivo: fortalecer la identidad y desarrollar las potencialidades de los chicos a través de la biodanza.

"La biodanza busca la coherencia entre lo que pensás, sentís, decís, deseás y hacés. Los ejes del trabajo están relacionados con la palabra, la reflexión, el diálogo, los sentimientos y las emociones; con el movimiento corporal -que liberan mucho la verdad de cada uno- y con la acción. Buscamos la integración de la identidad personal y colectiva del chico", explica Lucía Bottaro, directora del proyecto.

Este "sistema de transformación social" lo realiza la gente de Biodanza Activa junto a la Fundación Apertura , tanto en escuelas como en centros comunitarios de la ciudad. Así, más de 700 niños y jóvenes en condiciones de alta vulnerabilidad socioeducativa resultan beneficiarios de la actividad.

Alumnos hacen biodanza en una escuela de Lugano
Alumnos hacen biodanza en una escuela de Lugano. Foto: Fabián Marelli

"Comenzamos en 2012 con una prueba piloto en la escuela Reino Tailandia, con los chicos de 4°; nos fue muy bien, sistematizamos los resultados y los presentamos en el Ministerio de Educación de la ciudad. En 2013 hicimos una muestra más ampliada en cinco escuelas y desde allí seguimos aplicándolo", dice la directora del proyecto, que hoy por hoy cuenta con un equipo de 40 personas, entre profesores y voluntarios.

"Nuestra metodología se basa en la afectividad y consta de tres partes: una es vivencial, que es todo lo que implica juegos de biodanza y ejercicios; otra es el diálogo: hacemos siempre una ronda de inicio de diálogo donde el coordinador facilita que la palabra circule y que todos participen, y la tercera es la acción, como emergente de todo ese proceso vivencial, donde surge además una acción en su comunidad, que se elige con el grupo", explica Ricardo Spreafico, coordinador del proyecto.

Desde Biodanza Activa explican que los cambios que se ven en los chicos van desde poder mejorar la expresión hasta aprender a compartir, a registrar al otro y generar más empatía.

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