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El fantasma de una "democracia de jubilados" en un país envejecido

El peso de la tercer edad en el voto es mayor que nunca y despierta preocupaciones

Lunes 18 de septiembre de 2017
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BERLÍN.- El peso de la tercera edad en unas elecciones en Alemania nunca fue tan fuerte como ahora, lo que hace temer que el país caiga en un cierto inmovilismo y dé la espalda al futuro.

En el gran debate televisado de septiembre, Angela Merkel y su rival socialdemócrata, Martin Schulz, se comprometieron a no subir la edad de la jubilación hasta los 70 años, algo que los expertos consideran inevitable.

Ninguno se ha explayado sobre la educación y el sector digital (eslabones débiles del país) ni tampoco sobre el riesgo de un aumento de la pobreza infantil en la principal economía europea, en pleno crecimiento. Algo típico en una campaña centrada en tranquilizar, sobre todo a las personas de edad avanzada, estima el historiador Wolfgang Gründinger, vocero de una fundación defensora de los derechos de las generaciones jóvenes.

"Hay muchos ámbitos en la política en los que (...) se trata de no cambiar nada, como si se metiera a Alemania en un frasco para conservar el presente para siempre mientras escatimamos con el futuro", denuncia.

Cuanto más envejecen los votantes más aumenta el riesgo de tener una política cincelada a medida para las personas de la tercera edad, cuyas voces se vuelven decisivas y votan principalmente a favor de los dos grandes partidos CDU y SPD, y de los liberales FDP, según el instituto económico DIW.

"Envejecer es algo muy bueno... Pero, naturalmente, eso tiene repercusiones en la democracia", critica el investigador de 33 años.

Los gobernantes encontrarán siempre recursos para el presupuesto de las jubilaciones mientras recortan en otras carteras.

Según un estudio de finales de agosto de Eurostat, Alemania invirtió sólo un 4,2% de su PBI en educación en 2015, por debajo de la media europea (4,9%).

El ex jefe de Estado Roman Herzog, fallecido en enero, advirtió ya en 2008 contra el espectro de una "democracia de jubilados" que saquea a su juventud.

El tema ha salido de nuevo a relucir con motivo de las elecciones del próximo domingo. Y es que los mayores de 60 años serán, con el 36,1%, el grupo electoral más grande por primera vez en la historia de la república federal, revela un estudio del GDV, la federación alemana de las compañías de seguros. Los votantes menores de 40 años no llegan a un tercio (29,3%).

El descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida explican esta inversión de la relación de fuerzas desde la reunificación. La diferencia se incrementará todavía más cuando las personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, los llamados baby boomers, se jubilen en masa a partir de 2020.

Erwin Bender, de 67 años, está harto de este debate: "Siempre es lo mismo, cuando algo no va bien en alguna parte, dicen: ¿quién es el responsable? ¡Es él!"

Este ex funcionario, jubilado desde hace poco, preside la delegación de la tercera edad del municipio de Neukölln, al que pertenecen algunos barrios del sur de Berlín, como Buckow.

"Claro que los mayores tienen problemas específicos", dice, pero se preocupan tanto por el aumento de los alquileres como las madres solteras. El deterioro de los colegios y la falta de guarderías también pesan en su voto.

"Por supuesto que lo importante para nuestros nietos es importante para nosotros", declara Werner Eichholz, un ex ingeniero de 73 años. Otros no se creen las promesas para los ancianos. "Antes de las elecciones dicen sí y después se olvidan de ello", afirma Helga Schulz, de 79. Estos jubilados coinciden en que los gobernantes deben garantizar la cohesión social y eso pasa por un trato equitativo entre las generaciones.

Una solución sería permitir votar a los menores de 18 años, incluidos los niños "si se sienten preparados", adelanta Gründinger. Una propuesta a la que se opone Merkel.

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