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Copa Davis: crónica de una caída que empezó a gestarse poco después de la conquista en 2016

El descenso se consumó en Kazakhstán, pero las razones que lo explican se remontan a los momentos posteriores al título logrado en Zagreb, en noviembre pasado, entre el individualismo y los cortocircuitos

Lunes 18 de septiembre de 2017
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LA NACION
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ASTANA, Kazakhstán.- Las desgracias no son deportivas. Con tantas infelicidades diarias que hay en el mundo moderno, hablar de tragedia cuando se trata de un hecho deportivo, sería un exceso. Pero la Argentina, que hace tan sólo diez meses conquistó la Copa Davis por primera vez en su historia, descendió. El equipo capitaneado por Daniel Orsanic sufrió un golpe al mentón, un golpe durísimo. Un mazazo totalmente insospechado allá por noviembre del año pasado cuando Zagreb se convertía en la capital de la alegría tenística nacional. Parece una pesadilla, pero es real. Kazakhstán, un rival con escasísima tradición en el arte de las raquetas pero con un jugador discreto en el circuito que se potencia jugando para el país que lo contrata, como Mikhail Kukushkin (78° de ATP, nacido en Rusia y con récord de 13-3 en singles jugados de local en la Davis), le ganó al campeón vigente. Lo zamarreó, lo dejó vacío, sin reacción, naufragando entre lágrimas. La victoria de Kukushkin por 6-4, 6-4 y 7-6 (7-2), en 2h44m, ante Diego Schwartzman, que selló el repechaje con un 3-1, es una tristísima noticia; finalmente la serie quedó 3-2 por la no presentación de Dmitry Popko ante Guido Pella. Desde que había vuelto a participar en el Grupo Mundial (2002), era la segunda vez que el conjunto albiceleste jugaba el repechaje. Frente a Israel en Sunrise, en 2014, había podido ahuyentar los fantasmas. Pero no aquí, en Asia central, a 16.000 kilómetros de nuestro país.

Francia en 1997 y Suecia en 1999 habían sido los únicos campeones de la Copa Davis en descender de categoría una temporada después de ganar la Ensaladera. La Argentina se une a ese doloroso registro. Pero sería un error razonar que la pendiente se inició apenas en la preparación de la visita a Kazakhstán. Sería una falla severa. Porque son varias las razones que ayudan a explicar este impacto que afectará a uno de los deportes más populares del país en varios aspectos; en el deportivo y en el económico, por lo pronto. Además, si se tiene en cuenta que en abril de 2018 habrá elecciones presidenciales, es probable que las aguas se agiten, que surjan diversos focos de conflicto e intereses. Nada auspicioso.

El descenso argentino al grupo americano (jugó esa zona entre 1993 y 2001) se produjo, en parte, por el individualismo de muchos jugadores. Hubiera sido saludable que después de un éxito como el de la Copa Davis 2016, aquellos que habían estado en noviembre en Croacia se comprometieran a jugar en la primera rueda de 2017, ante Italia, en Buenos Aires. No sólo se hubieran deleitado con un festejo merecido e inolvidable frente al público local, sino que hubieran hecho un gran aporte para que el equipo intentara asegurarse el lugar en la elite en 2018. Pero Juan Martín del Potro, por ejemplo, entendió -con cierto egoísmo- que su propia fiesta habían sido las dos exhibiciones realizadas en diciembre de 2016, cuando le pidió a la Asociación Argentina de Tenis el trofeo de la Davis para lucirla en Tortuguitas, escenario de uno de los partidos (el otro fue en Mar del Plata). La AAT llevó la copa a ese evento privado de Del Potro, aunque esperaba que en febrero el ex N° 4 estuviera en Parque Sarmiento, al menos, alentando. Durante toda su carrera, la Copa Davis significó un karma para el tandilense y el día que la ganó se juró no jugarla nunca más. Así lo hizo. Tampoco volvió a hablar del centro nacional que en su momento reclamó, claro.

Foto: Copa Davis

A principios de año, la Argentina llegó al choque ante Italia casi que olvidando que era el campeón. Además de Del Potro, tampoco jugó Federico Delbonis, la otra estrella de Zagreb. El azuleño alegó no estar "en plenitud física". No jugó Schwartzman y Horacio Zeballos se bajó por una supuesta lesión, aunque el mismo fin de semana de la Davis en Parque Sarmiento apareció jugando un ATP en Quito. En fin. Del cuarteto presente en Croacia, sólo Guido Pella y Leonardo Mayer (quien jugó nada más que el dobles) estuvieron ante Italia.

Aquella serie frente al equipo que lideraba Fabio Fognini, fue una gran oportunidad perdida para el tenis nacional. Ni un título mundial logró la unión. Los egos, las miserias y la falta de planificación, entre otras cosas, dejaron en evidencia una inmadurez incorregible. Lo que debía haber sido una fiesta real de aquellos que forman parte integral de este deporte, se convirtió en otro capítulo de desprolijidades. Se descuidó la caja. La AAT, la Federación Internacional, el gobierno porteño, un sponsor privado o quien fuera, debió armar un homenaje para los jugadores y los capitanes que defendieron los colores argentinos en la Davis. A la Asociación le faltó reacción y, en un predio con limitaciones de infraestructura como resultó el Parque Sarmiento, aquello no existió. La AAT dijo haber mandado invitaciones que no fueron respondidas; los protagonistas, en cambio, afirmaron no haber recibido nada. Un absurdo teléfono descompuesto. Es obvio que algunos personajes del tenis, de todos modos, y por sus diferencias con la actual conducción, no hubieran ido, pero ese es otro tema, porque hubiesen quedado expuestos solos.

Desde que asumió como capitán, en 2015, Orsanic consiguió más aciertos que equivocaciones. Con perfil bajo, logró unir, aunque fuera por necesidad, a jugadores distanciados (como a Del Potro y Juan Mónaco, que querían ir a los Juegos Olímpicos de Río y para ello, en parte, se necesitaba una armonía general). Ostentó aciertos estratégicos y generó armonía. Pero con Del Potro terminó padeciendo ciertas situaciones que lo dejaron desacomodado. En el mundillo tenístico nacional a varios les cayó mal que Orsanic hiciera de entrenador del tandilense en algunos torneos. Otros ex capitanes, por lo bajo, refunfuñaron que, en su momento, a ellos la AAT no les permitía dirigir a jugadores mientras tuvieran esa función. Se entiende que, además de ser un tema delicado, puede rozar lo ético. Pues bien, Orsanic ayudó a Del Potro cuando éste no tenía coach y lo necesitó, pero sin embargo el capitán no logró convencerlo de que viajara a Kazakhstán para ayudarlo a mantener a la Argentina en la elite.

Lo que se vivió en las horas previas al anuncio del equipo que jugó el repechaje en Astana, a algunos memoriosos les recordó a la serie frente a Canadá, en 2000, por el Grupo 1 de la Zona Americana. Tres meses después de la bochornosa serie de los "sillazos" ante Chile en Santiago, muchos jugadores le dieron la espalda al equipo que capitaneaba Franco Davin y la Argentina perdió 4-1, en Montreal. Ese mismo fin de semana, Franco Squillari y Gastón Gaudio definieron el título en Stuttgart, y Mariano Puerta fue finalista en Umag. Antes de que Orsanic anunciara la formación ante Kazakhstán, Del Potro y Mayer renunciaron a la competencia. Delbonis, lesionado, no estuvo disponible. Berlocq tuvo diferencias con Orsanic. Y Zeballos, que tanto tiempo reclamó su lugar en la Davis y hasta su entorno insinuó que no estaba citado porque Del Potro le había "bajado el pulgar", se ausentó priorizando su calendario.

Fue una picardía que Del Potro y Mayer, que tan involucrados estuvieron el año pasado con la gestión de Orsanic (inclusive el correntino es dirigido por Mariano Hood, subcapitán), no estuvieran dispuestos a ayudar en Astana. Que hicieran, salvando las diferencias, algo similar a los suizos en 2015. Luego de ganar la Davis en 2014, Roger Federer y Stan Wawrinka no actuaron en la primera rueda de 2015 (los helvéticos cayeron 3-2 con Bélgica), pero luego se comprometieron y fueron al rescate: en el repechaje, ante Holanda, ambos jugaron, Suiza ganó 4-1 y mantuvo su lugar en la elite.

Andrés Molteni y Machi González, los debutantes, tuvieron opacas actuaciones en el dobles. Guido Pella no logró concretar las buenas intenciones que tuvo. Y Schwartzman, independientemente del triunfo ante Popko el primer día, no rindió como lo venía haciendo en el circuito ATP. Pero claro que los cuatro no fueron los únicos responsables de la caída. Hicieron hasta donde pudieron, hasta donde sus limitaciones y virtudes los dejaron.

Pero lamentablemente, ya es tarde. En 2016, la Argentina hizo todo para ser campeón. En 2017, muchas cosas para descender.

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