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Una herida dolorosa para el orgullo del deporte nacional

El enfoque

Lunes 18 de septiembre de 2017
LA NACION
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Hasta el fin de semana del 24 al 26 de noviembre, cuando se dispute la final de la Copa Davis versión 2017, con Francia (que derrotó 3-1 a Serbia) y recibiendo a Bélgica (que superó 3-2 a Australia), el equipo nacional seguirá siendo el campeón del torneo, que tanta energía le demanda al tenis argentino. Un año exacto de reinado. Pobre consuelo.

Para entonces, ya la ensaladera habrá dejado el país que tanto la deseó durante tanto tiempo, y su fugaz paso habrá dejado, sin embargo, suficiente tiempo para reflexionar sobre la caída en picada del interés por conservar el derecho a reclamarla otro año.

No es una tragedia: nunca lo es una derrota deportiva. Sin embargo, contextualizado el acontecimiento, no puede soslayarse su seriedad. La Argentina es un país que respira deporte: así lo sentimos en cada conquista y así nos ven en el exterior. Esta caída excede el ámbito del tenis y se vuelve una herida en la piel del deporte argentino. Es doloroso cuando los rivales no nos ganan porque son mejores, sino porque se aprovechan de las facilidades que entregamos. O cuando no hacemos todo lo posible por evitarlo.

La conquista de la Davis, 42 semanas atrás, se celebró como el título irredento que era. La voluntad que se puso en conquistarla fue inversamente proporcional al interés que se manifestó en defenderla. La raqueta no se mancha, diría el astro, pero lo ocurrido no le cae simpático a la reputación del Deportista Argentino, así, con mayúsculas, del cual se reconocen, en el planeta, su garra, su picardía y su amor propio.

Si la Copa Davis es la principal fuente de ingresos de la Asociación Argentina de Tenis, a nadie más que a sus dirigentes les habrá dolido este revés. También, nadie mejor que ellos sabe cuándo comenzó a alumbrarse la derrota. Es un estilo muy particular el que predomina en el mundo del tenis, con tanto ego involucrado en una especialidad en la que la fortaleza mental es bastante más decisiva que en el resto de las disciplinas más populares; pero no debe ser tan complicado lograr una continuidad cuando eso asegura beneficios de todo tipo.

Cuando se especula con la posibilidad de que el país sea sede a futuro de grandes acontecimientos, de lo que en realidad se está hablando es de esa especial sensibilidad de los argentinos por el deporte y que tanto orgullo les produce. Orgullo edificado sobre la base de una riquísima historia de logros y conquistas. Ese mismo orgullo que se siente herido hoy. No es grave. Pero podía haberse evitado.

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